Una crisis con final anunciado

Como era de esperar, los problemas en el sector olivícola riojano obligaron al Gobierno provincial a salir a ponerle el pecho a las balas para solucionar un conflicto que le es ajeno y que atañe directamente a las políticas de Nación. Además, el rotundo fracaso del paro del SOEM y un nuevo culebrón municipal.
La semana que pasó tuvo como eje fundamental la crisis en la olivicultura, a partir de la cual una empresa emblemática como Nucete estuvo a punto de cerrar sus puertas, cuestión que hubiera sido inevitable de no mediar la intervención del Gobierno provincial que -como en muchos casos ocurre-, debió salir a dar una solución para un problema que le es ajeno.

En rigor de verdad, lo de Nucete fue la gota que rebalsó el baso en un sector que viene anunciando serios inconvenientes desde hace un buen tiempo y que ya había tenido repercusiones en varias empresas que no sólo plantearon la situación, sino que ingresaron en procesos de crisis que fueron mucho más que un llamado de atención, a partir de que se hicieron comunes las suspensiones y los despidos, con todo lo que esto implica.

En este contexto, todas las miradas apuntan a la drástica caída de las exportaciones y a la depreciación en los precios de productos derivados de la aceituna tanto a nivel nacional como internacional, por lo que no faltaron las críticas para las políticas del gobierno nacional y, particularmente, contra el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno.

Un dato que no es menor, indica que, por ejemplo, Nucete es una empresa con un perfil netamente exportador y que de esas exportaciones el 75 por ciento van al vecino país Brasil.

Sin embargo, la crisis del sector olivícola argentino no se explica sólo por las restricciones a la importación impuestas en aquel país, sino que responde también a la pérdida de competitividad del sector, según los empresarios consultados.

La producción olivícola nacional, que se concentra en las provincias de La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza y Córdoba, enfrenta otros problemas, además de las trabas en Brasil. El principal de ellos es la pérdida de competitividad frente a otros proveedores.

Según se pudo saber, los costos internos han subido de forma abrupta, mientras que el dólar se ha movido poco en relación a esto. Además, en los últimos cinco años el precio internacional del aceite de oliva bajó 36 por ciento. En tanto que si bien los precios de las aceitunas no bajaron, tampoco aumentaron, como sí lo hicieron los costos internos.

Otro de los inconvenientes que se suman a la larga lista es que desde fines de marzo el aceite de oliva argentino debe pagar un arancel de 16 por ciento para ingresar a Estados Unidos, su principal destino. Ese país eliminó los beneficios comerciales a la Argentina, en represalia por el no pago de laudos arbitrales a favor de empresas norteamericanas en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).

Por el momento, y para paliar la crisis, el Gobierno provincial debió salir a ponerle el pecho a las balas, con lo cual se logró la reapertura de las puertas de la fábrica Agroaceitunera Nucete.

Dicha reapertura fue el resultado de una extensa audiencia de conciliación celebrada en Aimogasta en donde entre el Gobierno, el municipio de Arauco, la empresa y los gremios se llegó a un acuerdo que permitió sortear, momentáneamente, el conflicto.

Tras las negociaciones se resolvió que habrá reducciones de jornadas laborales, se trabajará de lunes a jueves únicamente, y para que no haya inconvenientes en los sueldos de los empleados por el día y medio restante que no trabajarán, el gobierno provincial -tal como ocurrió en otros casos- prestará el dinero para cubrir el 100 por ciento de los haberes, lo que por el momento significa un aire de positivismo para el sector.

Ultimo plazo

Otra noticia positiva, si se quiere, fue la que surgió a partir de la reunión que mantuvieron los gobiernos de La Rioja, San Juan y San Luis ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación para sostener sus reclamos contra la Nación por los beneficios del régimen impositivo.

Como se recordará, lo que se busca es una salida al conflicto planteado sobre el valor de los bonos fiscales ya cobrados por las fábricas radicadas en estas provincias, mientras que la AFIP reclama que devuelvan la plata de los mismos, lo que provocaría la quiebra de las firmas, por lo que los gobernadores lo rechazan.

Lo positivo surge, precisamente de que el máximo organismo judicial dispuso un plazo de 90 días para conciliar posiciones, y aunque desde sectores como UNIR, AOT y FONIVA miran con cierta desconfianza la decisión de la CSJ, no deja de ser una nueva oportunidad -la última- para mantener con vida al régimen de promoción industrial que, al decir de los gobernadores permitió, entre otros factores, el desarrollo industrial, económico y social de las provincias del Acta de Reparación Histórica.

Y es en este contexto que las partes interesadas deberán trabajar ahora en una solución al conflicto que tenga en cuenta todo lo aportado y fundamentado en el marco de la audiencia, dando un plazo de 90 días para conciliar posiciones y acercar una propuesta definitiva de conciliación al Tribunal, y que ponga fin al proceso, generando así un antecedente para los demás posibles casos.

Culebrón municipal

El paro del SOEM cosechó un rotundo fracaso. Y no es el primero. Pero ocurre que esta vez la situación quedó en mayor evidencia como consecuencia de las peleas internas dentro del quintelismo, enmarcadas además en un contexto en el que el sector no termina de definir su lugar en el mundo.

Lo que si quedó en claro fueron, al menos, un par de cuestiones. La primera de ellas, que el intendente capitalino comenzó a caer en la cuenta de que el municipio está tocando fondo a partir de sus políticas de permanente confrontación y que, en definitiva, no está tan bueno pelearse con todo el mundo; mucho menos, si se trata de Nación.

Y el mayor temor del quintelismo, por el que le sacó un cambio al paro del SOEM, fue que precisamente se vinculara la protesta del gremio municipal con la que llevó adelante el titular de la CGT, Hugo Moyano, en contra de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

De allí, justamente, la segunda cuestión que se puso claramente en evidencia y que desató el enojo del titular del SOEM, Carlos Del Giorno. Y es que esta vez, el intendente capitalino le soltó la mano.

Y no sólo eso, sino que también advirtió que se efectuarían descuentos a quienes participaran activamente del paro propuesto por el gremio municipal. Es decir: también le soltó la mano a los trabajadores que luchan por mejoras para sus magros salarios.

El hecho generó algunos chispazos que, en rigor de verdad, no son ninguna novedad. Y es que la relación Quintela-Del Giorno tiene mucho de culebrón televisivo; de esos que tienen amores y odios que van y vienen, según como sople el viento.

Propio, muy propio de la confusión permanente y constante en la que entra el quintelismo y que termina derivando en una inevitable improvisación que muy lejos está de convertirse en un rumbo claro y preciso para el municipio y, por ende, para los capitalinos.

Así se alzaron con fuerza las voces de descontento por parte de muchos de los empleados de la comuna que criticaron con dureza la actitud de Quintela de bajarle el pulgar al paro, asegurando -con total razón- que cuando la pelea era por la ley de coparticipación municipal y el intendente estaba a la cabeza, se obligaba a los trabajadores municipales a asistir a las marchas; mientras que ahora, que el reclamo tenía que ver con mejoras salariales, el jefe comunal decidió aplicar el decreto Cavero que en tantas ocasiones supo denostar.

¿Y qué decir de los cruces entre el intendente capitalino y el ex DT?

De alguna manera, el sindicalista Carlos Del Giorno se terminó convirtiendo en un problema para Quintela, toda vez que mantienen una estrecha vinculación política que invalida toda supuesta distancia que ambos pretendan hacer creer que existe.

Y esto, claro está, a partir de que Del Giorno decidió pelear por una banca en el concejo sirviéndose del quintelismo y que el quintelismo decide, sistemáticamente, sacar provecho de las protestas del SOEM, siempre que el rédito sea para el sector del intendente. Ocurrió con las movilizaciones para reclamar la ley de coparticipación municipal; o para plantear la supuesta lucha en contra de la minería; pero a todas luces, la relación queda enmarcada en el terreno de las conveniencias.

Y esto, sobre todo si se trata de llevar agua para el molino de Quintela, ya que hasta el momento Del Giorno no supo ni pudo -como consecuencia de una notable improvisación en el cargo que ostenta- llevar agua para el molino del SOEM.

Y lo que es peor aún, es que en todo este trayecto, uno y otro perdieron credibilidad ante su gente.

El primero, como consecuencia de su permanente conflictividad que, hasta el momento, no lo llevó a ningún lado, y que en este último episodio lo alejó aún más de los empleados municipales que se manifestaron, en muchos casos, defraudados; y el segundo como resultado de su permanente coqueteo entre un espacio y otro que le impide, justamente, estar en un espacio o en otro.

A partir de esto es que surge una pregunta lógica, basada en un hecho sorpresivo, si se quiere, pero no menos real y concreto: ¿A cuánto estarán el intendente capitalino y el dirigente sindical de tomar el mismo camino que el reconocido actor Gastón Pauls, quien hace apenas unos días aseguró que ya no está en contra de la minería a cielo abierto?

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