Los conflictos internos del cuerpo de agentes encargados de controlar las faltas de los automovilistas repercuten en el ordenamiento del tránsito porteño. El gobierno de Macri disminuyó los controles de alcoholemia e incluso no mantiene a raya una iniciativa propia como la del Metrobús en la avenida Juan B. Justo.
El Cuerpo de agentes de control del tránsito y el transporte está integrado por 1200 agentes. 900 de ellos se reparten en 6 turnos diarios. Pero las bajas que tuvo el cuerpo en los últimos meses, sumadas a un enorme porcentaje diario de ausentismo, se transmite a la falta de agentes en los puntos de mayor circulación de vehículos de la Ciudad.
Es así que no sólo no se ven controles de alcoholemia y estupefacientes, sino que no hay un control estricto en otros puntos específicos como el carril exclusivo para el Metrobús en la avenida Juan B. Justo o hasta el uso adecuado de la doble mano de la avenida Sant Fe.
En el gobierno porteño admiten que los controles de restricción en el microcentro no funcionan de manera adecuada y que si bien se redujo sensiblemente la circulación de autos en las peatonales del microcentro, los autos que circulan de 11 a 16 por las peatonales están muy por encima de la cantidad deseada por el Ejecutivo.
Incluso las camionetas que el gobierno porteño destinó al control de carriles exclusivos fueron reutilizadas para trasladar los agentes o para otras tareas, pero no para controlar las faltas.
El cuerpo de agentes, que depende del director general Carlos Pérez y del subsecretario de Transporte Guillermo Dietrich, arrastra una crisis interna desde que el área fue extraída de la órbita del ministerio de Justicia y Seguridad.
Como pudo saber LPO, muchos agentes estuvieron cuatro meses sin cobrar el sueldo, lo que provocó una fuerte crisis interna que aún no se terminó de sanar.
La Política Online intentó comunicarse con voceros de Dietrich pero no atendieron los llamados.

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