Lo atribuyen a la marginalidad y la falta de conciencia por los riesgos de las estufas y otros métodos de calefacción. En lo que va del año son 24 los casos notificados en Tierra del Fuego y tres muertes por su causa.
De acuerdo con los registros de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación, a los que accedió El Sureño, este año -hasta principios de julio- Tierra del Fuego notificó 24 casos: la cifra significa que la tasa de notificación por cada 10.000 habitantes se incrementó respecto a años anteriores alcanzando los 17,95 casos.
A nivel nacional fueron notificados 564 casos, de los cuales 151 corresponden a las provincias patagónicas donde es más fuerte el uso de calefacción por gas a lo largo de todo el año.
Según el gráfico que la cartera sanitaria publica en su sitio oficial (www.msal.gov.ar) sólo dos provincias no informaron datos: Corrientes y Formosa.
Las cifras que se manejan de las víctimas fatales que este año causó este gas inodoro, incoloro, insípido, que no se percibe por los sentidos y que facilita el proceso de intoxicación por inhalación, llega a tres casos en lo que va de 2012.
El primero de ellos ocurrió en el mes de marzo en Ushuaia produciendo la muerte de una mujer de 83 años. Y en mayo -esta vez en Río Grande- una madre y su hija de 15 años fallecieron en su vivienda donde la Policía encontró una concentración de monóxido de carbono cuatro veces superior a la letal.
Según los datos oficiales, Tierra del Fuego es por lejos la provincia con mayor tasa de notificación. Le siguen: Río Negro, Chubut y Santa Cruz con tasas entre 3,42 y 9,77 casos cada 10.000 habitantes.
Fuentes del Ministerio de Salud explican que, a nivel mundial, el monóxido de carbono produce más del 50% de las intoxicaciones y es la causa más común de muerte en estos casos.
Cuando una persona inhala este gas tóxico, pasa a la sangre y se une a la hemoglobina con una afinidad 250 veces mayor que el oxígeno. Ante la falta de oxígeno todos los órganos, sobre todo el corazón y el cerebro pueden sufrir daños severos hasta la muerte.
Las mismas fuentes aseguran que la mitad de los casos son consecuencia de la marginación y la pobreza (braseros, artefactos en mal estado, falta de ventilación); y la otra mitad a la falta de cultura de los sectores medios y medios-altos que no chequean el estado de los aparatos antes de cada invierno. «El argentino no tiene incorporado el riesgo del monóxido de carbono, que ya es una epidemia».
En el Ministerio informan que, a partir de 2007 la intoxicación por monóxido de carbono comenzó a formar parte de las enfermedades de notificación obligatoria a nivel nacional. Hasta ese momento algunas provincias llevaban sus registros «pero no eran homogéneos en todo el país». Y subrayan que el incremento también es atribuible a «las acciones iniciadas por el Ministerio y las provincias para mejorar la detección precoz y la notificación de los casos sospechosos de esta patología para fortalecer y mejorar el sistema de vigilancia».
Claves para prevenir
No es un tema menor. La exposición a concentraciones elevadas de monóxido de carbono puede resultar mortal en períodos de tiempo sumamente breves, lo cual se verifica en cientos de hogares, año tras año, a lo largo y a lo ancho del país.
El monóxido de carbono se origina a partir de la combustión incompleta de elementos como el gas natural, la madera, el carbón o el kerosene. Su propagación dentro de los ambientes que habitamos suele producirse como consecuencia del mal estado de los artefactos utilizados para calefaccionarnos, de su ubicación en lugares inadecuados, o a causa de una incorrecta ventilación de los mismos. El monóxido de carbono es un gas inodoro, incoloro e insípido, que no produce irritación ocular ni tos, por lo que su presencia suele pasar desapercibida. De ahí su altísima peligrosidad.
Al respirar, el oxígeno presente en el aire se une normalmente a la hemoglobina, una proteína ubicada en el interior de los glóbulos rojos de la sangre, para luego ser transportado desde los pulmones hacia los diferentes tejidos del cuerpo a través del torrente sanguíneo. Ante la presencia de niveles elevados de monóxido de carbono en el aire, sin embargo, la hemoglobina deja de lado al oxígeno para combinarse con el monóxido de carbono, ya que posee con éste una mayor afinidad. De este modo, el ingreso vital del oxígeno al torrente sanguíneo y, por su intermedio, a los tejidos y órganos del cuerpo, se ve severamente restringido, lo cual puede derivar en un paro cardiorespiratorio.
Pero si bien su presencia no puede ser notada a través de nuestros sentidos, la inhalación de niveles elevados de monóxido de carbono sí produce una serie de síntomas ante los que debemos estar alertas, como la aparición de un fuerte dolor de cabeza, posibles náuseas y vómitos, así como mareos acompañados por una sensación de debilidad y cansancio, proceso que suele culminar en la pérdida del conocimiento.
Por ello, en caso de presentarse esta sintomatología dentro de ambientes cerrados, la persona afectada debe abandonar inmediatamente el lugar y concurrir a un espacio abierto donde pueda respirar aire fresco. Luego, en todos los casos, deberá ser conducida al hospital más cercano, donde se le administrará el tratamiento adecuado para evitar las complicaciones y las posibles secuelas de la intoxicación.
No obstante la peligrosidad de este verdadero asesino silencioso, existen medidas sencillas y accesibles para evitar un accidente en nuestros hogares.
Si no lo hemos hecho ya, antes de desempolvar y volver a encender los artefactos que permanecieron en desuso desde la última temporada invernal debemos efectuar, como primera medida, un control riguroso sobre los mismos a través de un gasista matriculado. Esto vale para todo tipo de estufas, tanto catalíticas como pantallas infrarrojas, así como para las salidas al exterior de los calefones, termotanques y calefactores de tiro balanceado, los cuales tienen que ser revisados al menos una vez al año.
El uso de salamandras y de braseros o estufas a kerosene, por su parte, debe ser evitado. De no ser esto posible, los mismos deben ser utilizados únicamente durante el día para luego ser apagados y retirados del ambiente antes de dormir, ya que pueden seguir liberando monóxido de carbono aún luego de haber sido puestos fuera de funcionamiento.
Los ambientes deben mantenerse permanentemente ventilados. La existencia de un espacio para que el aire circule y se renueve suele ser suficiente para evitar un desenlace fatal en caso de producirse las emanaciones tóxicas.
En el caso de dormitorios y baños, está absolutamente prohibido utilizar cualquier tipo de artefacto que no sea tiro balanceado. Tampoco deben utilizarse las hornallas de la cocina o el horno para calefaccionar los ambientes del hogar.
Una señal de la combustión inadecuada del gas natural puede notarse en el color de la llama. Esta debe mantener siempre un color azul brillante. Si, por el contrario, presenta una intensa coloración rojiza o anaranjada, el artefacto debe ser revisado de inmediato. Lo mismo si el piloto se apaga con frecuencia.
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