Crecer duele

Desde hace unos años se ha visto crecer la actividad comercial en la Avenida Tejedor de nuestra ciudad. A diferente ritmo, con bolsones que aún buscan conectarse, nadie duda de esta nueva y alentadora realidad. Pero con las mejoras económicas también aparecen los amigos de lo ajeno.
Quien haya vivido en pueblos o ciudades pequeñas sabe que no sólo el índice de delitos por robo y/o hurto son menores en cantidad y nivel de violencia que en las grandes urbes; el hecho de “conocerse todos” es una variable fuerte para comprender el por qué de un cuadro de inseguridad menos angustiante.

Pero a medida que la población y sus actividades económicas crecen y se complejizan, otro es el gallo que canta. Un poco de esto hay en el aumento de la delincuencia, organizada o no, en la zona norte de Mar del Plata, donde grupos de vecinos y comerciantes preocupados venían alertando acerca de una serie de asaltos inusuales, lo que motivó la acción policial y judicial. Las mismas comenzaron a producir resultados, y sobre el particular conversamos con el fiscal de instrucción Mariano Moyano, quien relata a N&P los pormenores de una operación que tuvo sus ribetes de Far West, en tanto no faltaron los disparos cruzados de armas de fuego.

Noticias & Protagonistas: Fiscal, ¿cómo empieza este trabajo de investigación acerca de lo que viene ocurriendo en los alrededores de Tejedor y Estrada?

Mariano Moyano: Pasó la semana pasada, cuando me informan de la Comisaría Séptima que se había recibido una denuncia por el robo a un comerciante, pero que no era el primero. Es más, se estaban reuniendo entre ellos para reclamar por una serie de ilícitos en la zona, de los que surgía como patrón común que cuatro o cinco hechos remitían a individuos que se refugiaban en un domicilio de la calle José Ingenieros. La autoridad policial me informa, les requerí que elevaran la denuncia formal, que se hiciera un racconto de todos los delitos cometidos para ver si surgía un patrón común, cierta similitud física en la descripción de los autores y, sobre todo la dirección de fuga. Se solicitó entonces orden de allanamiento al juez de garantías y se puso en marcha el operativo.

N&P: Eso implicó una reacción violenta de parte de los sospechosos, ¿verdad?

MM: En efecto. Mientras estábamos esperando en las cercanías, aparecieron dos sujetos que fueron llamados por la policía que estaba haciendo la ronda. En ese momento y sin mediar palabra, sacaron las armas y comenzaron a disparar contra la autoridad; la policía logró reducirlos y aprehenderlos, quedando a disposición de la fiscalía por flagrancia, por portación, uso y abuso de armas. Después se realizó el allanamiento, donde se encontraron otras armas y distintos bienes que tendrían relación con los delitos denunciados. Esto fue lo que pasó. Había mucha preocupación en la zona por hechos con el mismo denominador común y, en efecto, pareciera que existe una relación entre los detenidos y el allanamiento.

N&P: ¿Quedó establecida la identidad y si se trata de personas con antecedentes?

MM: Por lo que se pudo encontrar en el allanamiento, sí, tienen antecedentes penales. Lo que tenemos que ver ahora es si se puede establecer vinculación cierta, además de la sospecha, así que dispusimos el reconocimiento de los damnificados sobre los detenidos en flagrancia; los indicios son importantes, pero el reconocimiento dará la certeza que hace falta para aplicar la ley. Los comerciantes afectados pertenecen a un radio pequeño de la zona, por lo que se supone que la identificación será positiva. Pero hay que confirmarla.

Lo dicho: crecer duele. Pero si esos dolores naturales pueden ser minimizados por la decidida acción curativa –en este caso el accionar policial y el de la justicia-, entonces crecer es buena cosa.

De armas llevar

Literal. Dos integrantes de la supuesta banda que atemorizaba en la zona de Tejedor y Estrada eran portadores de armas de fuego que no dudaron en utilizar al escuchar tan sólo una voz de alto para ser interrogados; y para abundar, cuando se produjo el allanamiento, hubo un tercero que obró de la misma manera, y tres personas más –incluyendo un menor- que se las ingeniaron también para agredir a la policía. De resultas de todo el operativo, se secuestraron una escopeta calibre 14, una pistola calibre 22 semiautomática, un revólver calibre 38 y un Ford Falcon que podría haber sido utilizado para cometer los delitos.

A todos los presentes les llamó la atención la agresividad de los sujetos, porque en general, cuando interviene la policía hay en principio una cierta resignación o, por lo menos, no una violencia tan automática como en este caso. “No sólo eso –confirma el fiscal Moyano-: fue a plena luz del día, en una calle no muy transitada pero paralela a la avenida Tejedor; pudo haber terminado en un desastre si alguien pasaba por allí”. Debe entenderse que se trataba, quizá, de individuos “jugados”, al punto que el menor la emprendió a golpes de puño contra un agente. “Fue una actitud terrible, por eso la acusación será fuerte. Luego se presentaron propietarios de la vivienda, porque aparentemente los detenidos serían ocupantes ilegales”.

Lo razonable es esperar que pasen en prisión un tiempo ajustado a los delitos cometidos, y que la ingeniería argumental no encuentre huecos por donde lanzarlos nuevamente al ruedo.

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