Aunque esa opción fue bloqueada por la ONU, la llegada de armamento y comandos extranjeros crea sospechas.
En Beirut, pero especialmente en las ciudades de la frontera, se multiplican los informes sobre un intenso trasiego de armas que van llegando a los rebeldes. Hace pocas horas se supo en Beirut del estacionamiento en aguas entre la costa de Siria y la de Chipre del buque militar Oker, una de las más sofisticadas plataformas de comunicaciones y aviso temprano de la marina de guerra de Alemania.
Los primeros datos sobre la presencia de ese barco los reveló el diario Bildzeitung que detalló que se trata de una compleja base de operaciones electrónicas con capacidad para monitorear las comunicaciones hasta más allá de 600 km. y observar el movimiento de tropas y pertrechos. Esa información es derivada al comando central y de ahí a los aliados de Alemania y culmina en manos del Ejercito Libre de Siria, la fuerza rebelde.
Estas informaciones se sumaron a reportes sobre actividades en el terreno de comandos especializados de Gran Bretaña que orientan a los grupos de combate opositores, según admitieron fuentes citadas por The Sunday Times en Londres. Esos comandos son además los que, cuando existe una exclusión área, se ocupan de señalar los blancos a los bombarderos como ocurrió en Libia. Es decir, un anticipo de esa alternativa demandada por los jefes de la rebelión y bendecida más de una vez por la Casa Blanca pero bloqueada en la ONU.
Esta deriva es tan abierta y evidente que hace pocas horas el vicecanciller ruso Gennady Gatilov bramó denunciando “la creciente evidencia de que la oposición en Siria esta siendo masivamente abastecida de armamento occidental que llega vía terceros países”. Rusia, con el respaldo de China, ha frenado tres resoluciones del Consejo de Seguridad que abrían alguna posibilidad de intervención militar. Moscú advierte que estos alzamientos en el norte de África amenazan la estabilidad en su amplio espacio islámico en el Cáucaso Norte, en Ingusetia, Osetia o Chechenia. Pero también se trata de una cuestión estratégica. Rusia se ve a sí misma como una potencia con derechos que no acepta haber perdido, tiene en Siria una base naval y mantiene una alianza con Irán, principal socio de Damasco.
Del otro lado, la estrategia de la dictadura de más de lo mismo en dosis cada vez mayores no ha fortalecido al régimen que parece cada vez más acosado. Donde la represión cede, vuelven a montarse manifestaciones en las calles. El problema de Siria y adicionalmente de Rusia es que ese río de sangre está generando un repudio mundial que puede leerse como un aval para cualquier alternativa que lo detenga. Es lo que estamos viendo. Y es claro que el régimen ya no puede escapar de la dinámica en la que ha ingresado y de los monstruos que ha liberado.

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