Crecen los hostels en San Martín

Crecen los hostels en San Martín
La mayoría de sus huéspedes son jóvenes. En verano, el 90% de las plazas las ocupan argentinos, y en temporada baja hay mayoría de extranjeros, con predominio de norteamericanos y europeos.

El ambiente es familiar, sencillo y cálido a la vez. Hay varios extranjeros y muchísimos argentinos. En general son todos jóvenes, con edades que promedian los 25 años. Todo es muy informal y relajado.

Algunos leen los diarios locales, la mayoría consulta Internet a través de Wifi. Así es una mañana en un hostel en esta ciudad y, por qué no, en muchas ciudades del mundo.

Sucede que, desde hace ya un tiempo y con más fuerza, en los últimos años la cantidad de viajeros que llegan a la localidad y se hospedan en este tipo de establecimientos aumentó en forma exponencial.

Todos, sin excepción, cuentan con servicio de Internet, y en la ciudad ya hay nueve establecimientos de este tipo, donde las tarifas rondan, aproximadamente, los $100 para una habitación compartida y los $ 300 para una habitación doble con baño privado.

La mayoría de los visitantes son jóvenes que optan por esta forma de alojamiento por ser más cómoda que el tradicional camping y porque estos establecimientos están ubicados en el casco urbano de la ciudad –dato que no es menor–, a diferencia de los campings, que en muchos casos se encuentran en la zona periférica.

En general, todos llegan con sus mochilas al hombro en busca de un lugar tranquilo y seguro para dormir.

La premisa es poder contar con una buena cama, ya sea compartiendo una habitación con más personas a las cuales no se conoce o, por una pequeña diferencia, accediendo a una habitación privada con todos los servicios.

Diego Puma es el titular del Hostels Puma, el primero en abrir las puertas en esta ciudad en 1999. Según narró el propietario, “cuando empezamos con este emprendimiento no había en la ciudad una ordenanza que reglamentara los albergues, así que empezamos a construir bajo la base de una hostería de una estrella. Después de mucho andar salió la norma, y acá estamos, funcionando desde esa fecha”.

Para Puma, el hostel es una filosofía de vida donde “se comparte un espacio en común con ciertas normas básicas de convivencia, se intercambian experiencias y culturas”.

Compartir

“Quienes vienen al hostel lo hacen, por un lado, por el precio y, por otro, por la posibilidad de compartir: a la gente le encanta estar a la hora de la cena, o tomar mates y charlar. Incluso buena parte de nuestro trabajo es esa, además de la cuestión administrativa y la organización del lugar, una parte consiste en tomar mate con los visitantes, y hasta cenar con ellos, eso es algo que acá cultivamos y que nos gusta a todos”, explicó.

En cuanto a la procedencia de los pasajeros, Puma dijo que “en el verano el 90 por ciento son argentinos, mientras que durante la baja de primavera la mayoría son extranjeros, en general norteamericanos, israelíes y europeos, cada uno con sus costumbres especiales”.

“En el caso de los argentinos, son de estar más días y de estirar más la noche. Por ejemplo, son de llegar de paseo alrededor de las 19 horas, se bañan, vienen al comedor, están un rato, charlan, y a eso de las 22 se acuerdan que deben cocinar. En cambio, los extranjeros a las 18 se ponen a cocinar chorizo frito para cenar, cuando vos estás tomando unos mates o el café con leche, y a las 22 están durmiendo”, sostuvo el propietario del hostel más antiguo de la ciudad.

Cómodo y barato

San Martín de los Andes > Mariela es maestra, es de General Roca y está en la ciudad con tres amigas más. Según afirma, se aloja en un hostel porque le resulta más cómodo y barato.

“Somos cuatro chicas y andamos todo el día; venimos más en plan de aventura, entonces sólo necesitamos un lugar donde dormir y poder comer. El hostel es ideal, es más barato, te podés cocinar y es seguro, no tenemos ningún problema, siempre salimos así”, señala la maestra rionegrina.

Otros que comparten la filosofía de la vida en un hostel son Carlos y Luis, que llegaron a la ciudad desde Rosario. En este caso, los hombres forman parte de un grupo de turismo en bicicleta que emprenderán una travesía de una semana hasta Pucón, pasando por el paso Hua Hum y alojándose en otros hostels del país trasandino, junto a unos amigos que están por llegar.

Sobre la elección de un hostel, Carlos afirma: “Somos parte de una empresa de turismo aventura que hace travesías en bicicleta. Siempre nos alojamos en hostels por la filosofía que ellos tienen, por la posibilidad de integrarnos y compartir experiencias”.

En tanto, Luis dice que "la noche es lo mejor; se cena, se charla, se conoce gente de distintas partes del mundo y eso es muy interesante".

Un ejemplo de eso es que actualmente comparten su vida en el lugar con un turista esloveno, que apenas habla un poco de inglés, cosa que Luis explica así: “El pobre muchacho tiene unas ganas de hablar bárbaras y nosotros también, pero él apenas balbucea unas palabras en inglés y nada más, es un lío comunicarnos, pero todos hacemos el esfuerzo porque a él se le salen los ojos de la cara de la ganas de hablar, y juntos nos reímos mucho”.

Características y precios

• Una habitación compartida sin baño privado en un hostel cuesta unos $ 100 la noche

• La filosofía es la de compartir con el resto de los pasajeros.

• La cena y la hora del mate son los momentos de reunión.

• El orden en la cocina se cuida entre todos, por eso el cartel que dice “tu mamá no trabaja acá …..por favor limpiá , secá y guardá todo lo que uses” que los propios visitantes traducen en distintos idiomas.

• El intercambio de experiencias y culturas es lo que mueve a los pasajeros.

• Cada vez más argentinos eligen esta forma de hospedaje.

Una forma particular de alojamiento

San Martín de los Andes > Los hostels son una forma particular de alojamiento, distinta de otras como los hoteles, hosterías o los modernos bed & breakfast. Su característica más importante es que todo está pensado para que la gente se encuentre en sus espacios comunes, como el living y las salas de estar y de esparcimiento.

Muchos establecimientos forman parte de una red y se rigen por normas de calidad como el confort, la seguridad y la limpieza.

En los hostels se pueden encontrar habitaciones con baño compartido y, para quienes desean mayor privacidad, habitaciones dobles con baño privado o no, a un precio superior.

Según dicen quienes conocen del tema, todo comenzó a principios del siglo XX, cuando al maestro alemán Richard Schirrmann se le ocurrió buscar más comodidades para salir de excursión con sus alumnos por el campo.

Los viajes de Schirrmann ganaron tanta fama que en 1909 el maestro decidió abrir el primer hostel en un castillo reconstruido en Altena, Alemania. Diez años más tarde, fundó la Asociación Alemana de Albergues para Jóvenes y vio cómo el movimiento alberguista se expandió con rapidez, primero en Europa, y en el resto del mundo entre los años 30 y 50.

Hoy existe la Federación Internacional de Albergues para Jóvenes (IYHF) que trabaja bajo la marca Hostelling International y los establecimientos que la integran debe cumplir con un sistema de normas mínimas garantizadas, que dan seguridad y respaldo a sus visitantes.

Si bien existe un “espíritu comunitario” que se comparte como así la premisa de las tarifas accesibles, no todos los hostels son iguales. Los hay pequeños y muy grandes; en algunos se organizan actividades para la noche, cuentan con mesas de ping pong y pool, y hasta se dan pequeños recitales de bandas locales, mientras que en otros la tranquilidad y el sueño reparador son la premisa.

Muchos repiten la experiencia

San Martín de los Andes > Las anécdotas de Diego Puma son muchas a lo largo de más de doce años frente al hostel, pero sin embargo hay tres que recuerda puntualmente.

La primera da cuenta de un joven traumatólogo que desde que el hostel abrió sus puertas lo visita todos los inviernos.

“Hace más de diez años que viene todos los inviernos. No falta nunca, le gusta hospedarse con nosotros, se siente cómodo acá, ya es un amigo de la casa”, apunta el dueño del lugar.

La segunda es la de una pareja procedente de la Isla de Malta, un lugar con un clima bastante seco. “Estos chicos llegaron en septiembre y justo empezó a nevar. Estaban fascinados, se pasaron tres días frente a la ventana viendo nevar, no hacían otra cosa”, afirma.

La última anécdota corresponde a un turista procedente de Nepal.

“Este chico llegó el 8 de diciembre y, al ver que yo estaba por armar el arbolito de Navidad, me preguntó si podía hacerlo conmigo porque jamás había armado uno en su vida. Fue un momento muy emotivo, estuvo toda la tarde armando y cuidando cada detalle”, dijo Puma al rememorar sus años al frente del lugar.

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