Crecen expectativas frente a la construcción de la planta nuclear

Esteban Pelegrino, joven clorindense de 23 años que en junio de este año culminará la carrera de Ingeniería Nuclear en el Instituto Balseiro, de Bariloche, se mostró sumamente emocionado al tomar conocimiento de que en Formosa se proyecta la construcción de un generador nuclear de energía del tipo CAREM, emprendimiento que Argentina desarrolló como único proyecto de central nuclear totalmente propio y original.
CAREM son las siglas para Central Argentina de Elementos Modulares y se trata de un proyecto de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que desarrolla la empresa Invap, con sede en Río Negro.

En comunicación telefónica desde Bariloche, el joven clorindense no ocultó su orgullo por el emprendimiento de gran envergadura a ejecutarse en la Provincia y describió que el CAREM es una "central nuclear de baja potencia que por sus innovaciones pertenece al grupo llamado 4ta generación, con seguridad inherente basada en sistemas pasivos, de construcción, operación y mantenimiento sencillos y con un rango de potencias que va de los 25 o 27 megavatios en las versiones más modestas hasta los 300 en las más complejas".

"La industria nuclear es la más segura que hay en el mundo", afirmó Esteban Pelegrino, quien cursa el quinto año de Ingeniería Nuclear, y no dudó en asegurar que "la mayoría de los planteos poco favorables con respeto a la energía nuclear se deben a una mala percepción del riesgo que tienen".

Subrayó que "es una buena noticia y una muy buena oportunidad para los formoseños. Se trata de un diseño innovador puramente argentino. Es innovador el sistema de seguridad que emplea, que se denomina pasivos, y no necesita una fuerza externa para que se pueda llevar a cabo. Posee un mecanismo de seguridad muy seguro porque la industria nuclear es la más segura que hay en el mundo".

Consultado en torno a la posibilidad de contaminación, el joven respondió que se puede hablar de contaminación en caso de combustibles fósiles pero no de energía nuclear debido a "que los residuos que quedan no se degradan fácilmente y pueden quedar almacenados gran cantidad de años pero no producen emanaciones al ambiente".

"Por ejemplo –añadió Pelegrino- las plantas que producen combustibles fósiles liberan dióxido de carbono al ambiente y eso contamina mucho. En cambio, las centrales nucleares almacenan sus residuos en algún lugar, es decir se sabe perfectamente donde están y cuál es el volumen. La industria nuclear es la única que se hace cargo de los residuos que están totalmente controlados".

En cuanto al proceso de generación de energía nuclear, describió que "cualquier planta térmica para generar energía lo que básicamente tiene son dos circuitos: el primario y el secundario. El primario se utiliza para calentar agua, que al calentarse se transforma en vapor y ese vapor mueve las turbinas que están acopladas a un generador eléctrico, que es el que produce energía eléctrica.

En el caso de una central nuclear se calienta agua utilizando energía nuclear a partir de la ficción de los átomos, es decir, lo que se hace es bombardear los átomos con neutrones, un neutrón es una partícula subatómica, neutro, y cuando un átomo agarra un neutrón se vuelve inestable y se produce la ficción, la fragmentación del átomo. Esa fragmentación produce energía que a su vez es recolectada por el agua que pasa a través del núcleo y se calienta y eso después se utiliza para producir el vapor que mueve las turbinas".

Proyecto nacional

En Formosa se proyecta instalar algo que la Argentina desarrolló como único proyecto de central nuclear totalmente propio y original. El proyecto CAREM tiene un grado importante de avance conceptual y jurídico. Por una parte, la Argentina ya invirtió 30 millones de dólares en testear los combustibles y el núcleo de esta central, sus componentes críticos. Por otra, cuenta con una ley nacional aprobada por el Congreso de la Nación para financiar su construcción.

La Argentina ya hizo este tipo de cosas. Y con un éxito rotundo. En la década de 1970, para dar potencia a la planta de aluminio de ALUAR SA en Puerto Madryn, sobre la costa atlántica chubutense, erigió la represa de Futaleufú en el río cordillerano homónimo. Luego comunicó ambas inversiones con una tercera: una línea de alta tensión de centenares de kilómetros que atraviesa toda la estepa patagónica de oeste a este.

Tres décadas más tarde, ALUAR ha ganado y gana mucho dinero. Exporta aluminio y alimenta toda una cadena local de valor agregado de fabricación de artículos de este metal, que antes se importaban. Mejor aún: Puerto Madryn –que en 1970 estaba desapareciendo por pérdida de población juvenil- ahora es un pujante "oasis económico" en la Patagonia, con cuatro veces más habitantes que en 1970 y uno de los niveles socioculturales más altos de la región.

Hoy un CAREM permitiría repetir este pequeño milagro económico en cualquier lugar aislado del país. Pero a un precio mucho menor: sin líneas de alta tensión. Estudios de mercado realizados por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) detectan una demanda insatisfecha en la oferta nucleoeléctrica mundial que sólo podría ser atendida por el CAREM

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