Siete de cada diez denunciantes, son menores. Y sólo el 9% de los victimarios era desconocido de la víctima.
El programa se inició en 2005 sólo en Córdoba Capital y para víctimas en crisis. Sin embargo, desde 2009 comenzaron a abrirse centros de atención en el interior provincial, los que durante el último año extendieron su atención a personas que fueron víctimas de ataques no sólo recientes sino también remotos, es decir viejos en el tiempo. Y el dato no es menor ya que en el interior, una de cada tres víctimas que buscaron asistencia (33%), lo hizo por hechos sufridos en su pasado.
A partir de la información sobre la temática y la existencia de los Centros de Atención Interdisciplinaria para Víctimas de Delitos contra la Integridad Sexual y de la confianza que se granjearon estos espacios de contención para víctimas de violencia sexual, se ha producido un notable flujo de consultas relacionadas con hechos sufridos en el pasado.
En algunos casos, se trata de víctimas que llegan en busca de ayuda por hechos recientes y comienzan a referir otros abusos del pasado; o personas que se acercan por algún/a familiar víctima y en el transcurso de la entrevista o del tratamiento comienzan a manifestar que también fueron víctimas de abuso en el pasado.
“No es casual que se haya incrementado el número de pedidos de asistencia en el interior. Hemos trabajado mucho en la creación de ocho delegaciones para facilitarles a las víctimas el acceso a asistencia especializada”, explica la presidenta del Consejo, Graciela Ruiz. “Al cubrir toda la provincia hablamos de un territorio muy grande y la distancia puede ser uno de los factores que más desalienta la búsqueda de ayuda. Por eso no sólo les pedimos a las víctimas que vengan con nosotros, sino que nos acercamos a ellas mediante nuestra política de regionalización,” agrega la funcionaria.
En sus orígenes, el Programa estaba vigente sólo en la ciudad de Córdoba y luego fueron abriéndose Centros en Villa Dolores, Villa María, Río Cuarto, Río Segundo, Villa del Rosario, Cruz del Eje, Deán Funes y San Francisco.
Familiares
El 83% de las víctimas son mujeres. Siete de cada 10 víctimas son menores (y el 43% tiene entre 0 y 10 años). En el 89% de los casos sus victimarios son familiares, vecinos o conocidos de la víctima.
En el 64% de los casos, el victimario tenía un vínculo familiar con la víctima (16% padre, 14% padrastro, y el 34% restante refiere a hermano, tío, ex pareja, pareja, hermanastro, abuelo, madre y madrastra). En sólo el 9% de los casos el victimario fue un desconocido. Cuando el victimario forma parte del núcleo familiar, toda la familia se ve afectada y se resquebraja la red familiar, lo que pone en una situación de mayor vulnerabilidad aun a quien sufrió el abuso en su propio cuerpo.
Buscar ayuda
Es la propia madre de la víctima quien concurre a consultar en el 51% de los casos y la víctima en el 26%. Como puede apreciarse, ambas categorías, víctima y madre, concentran el 77% del total.
En la Casa de Atención en la Capital cordobesa, la madre aparece como consultante en el 58% de los casos mientras que la víctima directa es quien se acerca en el 19%. En los Centros del Interior, un 33% corresponde a las mismas víctimas mientras que en un 44% de los casos la consultante es su madre.
El Consejo, desde su área de investigación, está trabajando con este insumo propio de datos, en colaboración con la UCC y Cepal, en el marco de un convenio amplio de asistencia recíproca.
La Casa (que funciona en Córdoba Capital) y los Centros de Atención creados en distintas ciudades de la provincia son espacios especializados y modelos a nivel nacional e internacional, para asistir en la emergencia a las víctimas de delitos contra la integridad sexual y a sus familiares y allegados, también considerados víctimas.
Todos ofrecen auxilio en casos de crisis, asistencia psicológica y legal para niñas, adolescentes y mujeres, y varones de hasta 12 años de edad.
Todas las personas que piden ayuda la reciben sin importar que los abusos que sufrieron sean recientes o remotos.
También se asiste a sus hermanas y hermanos, madres y padres, hijas e hijos, parejas, entre otros que se consideran víctimas indirectas.
La Casa, además, hospeda a las víctimas mujeres, niñas y varones de hasta 12 años, por hasta 72 horas, para lo cual sólo se requiere un oficio judicial y comprobar la existencia de una situación de alto riesgo en la que no tengan posibilidades de regresar a sus domicilios.
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