Ankara amenazó con usar la fuerza
La advertencia lanzada por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, reflejó las crecientes tensiones no sólo en la costa mediterránea, donde fue derribado el avión el viernes pasado, sino también en una larga frontera en común entre ambos países que es utilizada por los rebeldes que luchan contra el régimen del presidente sirio, Bashar al-Assad.
En un acalorado discurso ante los diputados de su partido, Justicia y Desarrollo (AKP), Erdogan dijo que Turquía replicará "con determinación" a cualquier violación de su frontera y calificó de "dictador sanguinario" a Al-Assad. "Cualquier elemento militar procedente de Siria que represente un riesgo y un peligro de seguridad para la frontera turca será considerado un objetivo" militar, advirtió Erdogan.
El premier indicó que el F-4 Phantom turco fue abatido mientras se entrenaba en el espacio internacional y no en el espacio aéreo sirio, como sostiene Damasco.
En tanto, la OTAN, reunida ayer en Bruselas a pedido de Turquía, calificó el incidente de "inaceptable" y como "un ejemplo más del desprecio de las autoridades sirias por las normas de paz y seguridad internacionales y la vida humana".
De todos modos, en la reunión no se debatió la posibilidad de llevar a cabo una intervención militar como contempla el artículo 5 de la carta de la OTAN, que señala que un ataque a un país miembro se considera un ataque al resto.
Turquía fue un estrecho aliado de Siria hasta que comenzó la revuelta contra Al-Assad, en marzo del año pasado. Pero en el último tiempo el gobierno turco se convirtió en un feroz crítico del régimen sirio. A lo largo de los 16 meses del conflicto Turquía recibió a más de 35.000 refugiados sirios.
"Estado de guerra"
Por su parte, Al-Assad reconoció ayer que su país estaba en un "verdadero estado de guerra" y no dio señales de estar dispuesto a flexibilizar su posición con los insurgentes que buscan su destitución. Por el contrario, ordenó a su nuevo gabinete que enfoque todas sus medidas para lograr vencer a los rebeldes.
"Vivimos en un verdadero estado de guerra. Cuando estamos en guerra, todas las políticas y todas las partes y los sectores deben estar dirigidos a ganarla", dijo el mandatario en su discurso, emitido por la televisión estatal.
Además, Al-Assad fustigó a los países que piden su renuncia. "Occidente toma y nunca cede y esto se ha probado en cada momento", dijo, en otra jornada de feroces combates entre las fuerzas del régimen y los rebeldes en las afueras de Damasco.
Según la oposición, los combates de ayer fueron los más violentos en la capital desde que comenzó la revuelta. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) informó que en Damasco murieron por lo menos 20 personas, mientras que otras 70 perdieron la vida en otros puntos del país, la mayoría civiles.
En total, según los grupos opositores, unas 14.000 personas murieron desde que comenzó la revuelta.

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