Crece la preocupación empresarial

En IDEA resurgió el temor por el posible impulso a una ley de reparto de las utilidades
MAR DEL PLATA.- Temen que sea una emboscada. Ir al Congreso con cara de republicanos para escuchar medias verdades, estadísticas dudosas, alguna acusación y detalles de un proyecto que rechazan.

Los empresarios no ocultaban su duda en el cierre del Coloquio de IDEA: asistir o no, el martes próximo, a la Cámara de Diputados para debatir la iniciativa del abogado cegetista Héctor Recalde, que prevé repartir el 10% de las ganancias de las compañías entre los trabajadores y darles a éstos atribuciones sobre ciertos aspectos de la conducción. El mismo proyecto que Hugo Moyano exigió ayer que se apruebe sin demoras.

En Buenos Aires, la situación no pudo ser más gráfica y elocuente. Carlos de la Vega, presidente de la Cámara de Comercio, avanzaba en auto al mediodía con dificultades por la ciudad. "Hice diez cuadras en casi dos horas", dijo por teléfono a LA NACION. En la marcha que provocaba los cortes y su retraso -la de Hugo Moyano en el estadio de River-, el propio Recalde hablaba ante las cámaras de televisión y repetía que estarían convocadas todas las entidades empresariales. Además, que le habría gustado venir como invitado a IDEA a contestar las críticas y que él mismo podría haberse, por qué no, pagado el pasaje.

De la Vega recibió la invitación el jueves por la noche. "Lo estamos analizando -dijo ante la consulta-. Esperamos que sea la apertura de un debate, no un mero acto formal. Nos llama la atención que se anuncie que hay como 20 cámaras invitadas el mismo día. ¿Vamos a hablar todos a las cinco de la tarde? Creo, además, que no es mucho el tiempo que tenemos para prepararnos."

Las cosas han cambiado bastante en el establishment desde aquel faltazo generalizado al acto por Papel Prensa en la Casa Rosada. Desde entonces, todos miran a la Unión Industrial Argentina (UIA). Pero la invitación no había llegado ayer aún a la entidad fabril, donde tampoco cunde la desesperación por estar el martes en el Congreso. "Nos suena medio prepotente. ¿Nos van a invitar en 24 horas? Las cosas no se hacen así", contestó en esta ciudad, seco, un miembro de la junta directiva.

En realidad, algunas sospechas empresariales tienen más que ver con la Casa Rosada que con Recalde. Temen, por ejemplo, que el Gobierno utilice el proyecto para recuperar la iniciativa en el Parlamento después de la derrota por el 82% móvil en las jubilaciones. Esa presunción se convirtió en certeza cuando un emisario fabril volvió de un sondeo en el matrimonio presidencial con el siguiente concepto como respuesta: "¿Con la que se están llevando no quieren repartir?", dijo haber oído. Entonces volvió la historia de los últimos días en la Argentina: los líderes de las distintas cámaras empezaron a contactarse entre sí para ponerse de acuerdo sobre la conveniencia de ir al Congreso.

La relación entre el sindicalismo y los hombres de negocios atraviesa el peor momento en la era kirchnerista. Héctor Méndez, presidente de la UIA, volvía ayer por la ruta 2 a Buenos Aires desde esta ciudad. Se le preguntó por teléfono qué pensaba de la marcha de Moyano. Respuesta del industrial: "Hagan un plebiscito y pregúntenle a la gente si está contenta. Esta alianza entre peronismo, Gobierno y sindicatos no le hace bien a nadie".

Todavía en el lobby del Sheraton, Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Auto y vicepresidente de la UIA, esquivó con acento italiano la consulta: "No tengo idea. Hay actos y recontraactos. Lo único que sé es que no se puede caminar por ningún lado. Menos mal que estoy acá".

Doble filo

Nadie ignora en el mundo corporativo que el proyecto tiene doble filo. ¿Quién se opondrá públicamente a repartir ganancias en el segundo país con inflación más alta de la región? De ahí el convencimiento de que casi toda la oposición le dará apoyo a Recalde. "Esto sale, estoy seguro", dijo un gerente de una firma de consumo masivo.

En Mar del Plata, algunos empresarios ensayaban argumentos intermedios. Julio Fraomeni, presidente de Galeno, recordó que el aguinaldo había sido, en su momento, creado como parte de la distribución de las ganancias. "El objetivo tiene que ser buscar mecanismos más participativos, como los bonos o los premios, ligados no a lo que gana una empresa, sino al desempeño de la persona, su puntualidad, su rendimiento", dijo. Un ejecutivo del sector minero especulaba también con la idea de la revancha legislativa del Gobierno. "Si fuera un proyecto moderado y equilibrado, el reparto de ganancias sería un tema para discutir, como ya ocurre en otros países. Pero, propuesto por Moyano, no es creíble. Al Gobierno no le sirve que el acto de hoy [por ayer] sea encabezado por Moyano".

Un director del área de las telecomunicaciones dijo que algunas empresas, como la de ese sector, tenían ya sistemas de incentivos para compartir con los empleados "cuando a la empresa le va bien". Pero cuestionó la idea de Recalde. "Lo que no vemos bien es que este proyecto propone una única forma de distribuir para sectores y ramas de la industria que son muy distintas entre sí".

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