Un enero cálido y la falta de agua. Pareciera que a uno de los elementos de nuestro patrimonio natural pilarense, nuestro arbolado público, le está influyendo este indicio del devenir planetario, como es el calentamiento global.
Pilar todavía posee una riqueza enorme de especies arbóreas en su arbolado público. Pero no es por estos cambios leves del clima que uno los está viendo mal, que muchos están padeciendo y que algunas decenas han muerto de pie.
Padeciendo y sufriendo en una verdadera “Tragedia de los Comunes”, como reza un excelente artículo ambientalista de Garrett Hardin, por acción netamente antrópica, es decir nuestra, de origen humano, por desconocimiento, por negligencia, por cambios en la bioarquitectura, por no conocer su funcionamiento vita.
Por todo esto, muchos árboles de nuestro natural patrimonio pilarense están mostrando síntomas de enfermedades, sequedad o sencillamente ya han sido extraídos sin consultar y sin proyectar enmendar la extracción con la plantación de un nuevo ejemplar.
Una verdadera tragedia de los comunes, de estos incondicionales amigos verdes capaces de darnos aire oxigenado, fresca sombra, cobijo protector, sostén para pájaros, un verde irreemplazable, atenuación de los cambios microclimáticos y sobre todo un verdadero ejemplo de lucha silenciosa en la resistencia cotidiana de los cambios que están ocurriendo en nuestro Planeta.
Tragedia por lo que les ocurre por su quietud y falta aparente de expresión y comunes porque son de todos, para utilizar sus bondades, y no son de nadie para cuidarlos, protegerlos y amarlos.
Por eso, estimado vecino pilarense, necesitamos convertirnos en verdaderos observadores ambientales, propiciar la percepción de nuestros cinco sentidos y del sexto sentido común para captar información y sobre todo analizar que es hora de hacernos cargo de nuestro ambiente cercano, del inmediato, del próximo, del cotidiano, debemos empezar a observar que nosotros mismos estamos actuando negativamente sobre el ambiente, y que en él ya estamos contando con menos árboles en el inventario público de nuestro oxigenado Pilar.
Ser capaces entonces de hacernos cargo de observar nuestros árboles, patrullarlos para protegerlos y cuidarlos, evitar sus podas descontroladas y fuera de época generadas por nosotros, por nuestros vecinos o por alguna empresa, y sobre todo su extracción sin consulta previa al personal idóneo con el que cuenta nuestro Municipio desde su Secretaría de Salud Ambiental, su Dirección de Ambiente y su Dirección de Espacios Verdes.
Legalmente poseemos leyes internacionales, nacionales y provinciales que regulan y protegen a nuestros activos arbóreos del patrimonio natural. Pero también nuestra decisión sobre tablas ha permitido a lo largo de su historia generar ordenanzas que posicionan localmente este amor y respeto por los árboles plantados por nosotros, ciudadanos del Pilar. Como la inicial 17/86, su modificatoria 28/98 y la última modificatoria 9/00.
Es hora de detener la marcha propia en este comienzo del 2012. Tenemos que observar nuestro ambiente del cual formamos parte, analizar cómo estaba y cómo está, buscar las causas de los cambios que sufrió y más si son negativos hacia nosotros mismos. Sacar un ejemplar del arbolado público o propiciarle su muerte de pie por poda indebida es sacarles oxígeno a nuestros pulmones y al de nuestros hijos. Entender que lo que ocurre no es siempre culpa de otros sino de nosotros mismos, que el ambiente no es lo que nos rodea sino aquello del cual formamos parte.
Seamos observadores ambientales de lo nuestro, seamos activos partícipes de nuestro arbolado público y la naturaleza que es sabia en sí misma recompensará con creces nuestra acción positiva sobre ella.
Once ejemplares en peligro
Los Ginkgo Biloba, un caso emblemático
La plaza 12 de Octubre está rodeada de una especie vegetal muy especial la cual está sufriendo por la impericia de quienes deberían velar por su bienestar. Se trata de los árboles Ginkgo Biloba, conocidos por nombres vulgares como el “árbol de la vida” o el “árbol sagrado de Japón”. Esta planta es un fósil viviente, que viene de la época de los dinosaurios y que sobrevivió a la bomba atómica de Hiroshima, ya que fue uno de los pocos árboles que quedó en pie en las cercanías del epicentro, por lo que también se lo conoce como “portador de esperanza”.
Pero a pesar de todo lo que ha soportado esta especie, parece que no tiene inmunidad contra los empleados municipales que deben cuidarlas.
En la propia plaza 12 de Octubre, hay al menos 11 ejemplares que están moribundos y deberían ser extraídos para no convertirse en caldos de cultivos de hongos, bacterias e insectos, que podrían enfermar a los demás.
La pregunta es: ¿por qué estos árboles que tienen unos 60 años y cuya especie han sobrevivido 270 millones de años, se mueren en Pilar?
El Gingko es una conífera, por lo cual su forma debe ser cónica para la distribución de su energía y aquí en Pilar los podan, dándole una forma de copa globosa y no le permite distribuir correctamente la energía hacia la punta, lo que los debilita.
De los 58 ejemplares que rodean la plaza 12 de Octubre, 11 están en riesgo. Cinco de ellos están ubicados sobre la calle Hipólito Yrigoyen, dos en Rivadavia frente al municipio, tres en Lorenzo López frente a la parroquia Nuestra Señora del Pilar y uno sobre San Martín, de donde fueron extraídos otros dos por las obras que se realizaron en los últimos años en la plaza céntrica.
Lo cierto es que no sólo la impericia por desconocimiento ha sido letal para las plantas, sino que en el caso de las ubicadas frente al Palacio Municipal, ni siquiera fueron podadas con forma globosa, sino que sus ramas fueron amputadas en función de las luminarias y para que no tapen la visión del escenario de los últimos festejos patronales.
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