La vicejefa de gobierno porteño, María Eugenia Vidal, se encamina a resignar su papel como presidenta del cuerpo. Cristian Ritondo gana espacios con el manejo de partidas y nombramientos de punteros y abogados de barras bravas.
La prueba más incontrastable de la distancia que tomará Vidal está en los 400 millones de pesos que se destinaron los 60 diputados porteños para este año. Todo su manejo quedó a plena discreción del vicepresidente primero del cuerpo, Cristian Ritondo. El hombre, vecino bravo de Mataderos y hombre fuerte del club Chicago, fue hace una década viceministro del Interior del mandatario interino Eduardo Duhalde y, hasta el 5 de diciembre pasado, presidente del bloque del macrismo en la Legislatura: esta casa del Poder Legislativo capitalino, funciona con una presidencia, ocupada por Vidal, y tres vicepresidencias que se reparten entre los principales bloques que integran el recinto. La segunda vicepresidencia, quedó en manos de Dante Gullo, del Frente para la Victoria, mientras que la tercera sigue en manos del mendocino Julio Raffo, de Proyecto Sur. Sin embargo, el principal tesoro de esa enorme caja de influencias y fondos públicos del añejo Concejo Deliberante, es “la vice primera”. Quien detente ese cargo, no sólo tendrá la obligación de suplantar a la presidenta del cuerpo en caso de ausencia, sino que tiene en sus manos la potestad de crear nuevas reparticiones y designar a los titulares de todas las áreas.
Eso fue lo que hizo Ritondo apenas asumió y, para lograrlo, se encargó de que su antecesor, el legislador Oscar Moscariello, actual vicepresidente del Club Boca Juniors, firmara un decreto que cambió el organigrama del cuerpo. La movida queda evidenciada en el Decreto interno de la vicepresidencia 234/VP1º/2011 que le permitió a Ritondo estrenar su nuevo puesto con una virtual duplicación de cargos, gracias a la inesperada reactivación de algunas áreas que estaban sin funcionamiento, y también debido a la designación de personas de su extrema confianza en las áreas estratégicas de “la Casa”, es decir, las oficinas donde se realizan compras, pagos, designaciones, controles, intervenciones legales y filmaciones de seguridad. Ese elenco de “carnales”, está encabezado por la flamante subsecretaria de gestión administrativa de la Legislatura, Ester Julia “Niti” Iglesias, la histórica puntera de Mataderos y Lugano que hace un año se hizo tristemente célebre, cuando distintas organizaciones de la zona sur de sur la Ciudad la acusaron de una de las principales impulsoras de las patotas que intervinieron en el Parque Indoamericano, para forzar la desocupación de la toma de tierra más grande de la historia porteña que terminó con tres muertos: dos por balas policiales y uno por un ataque parapolicial que hasta ahora no fue esclarecido. La presencia de esos atacantes todavía está fresca en la retina de muchos porteños, especialmente cuando aparecieron en medio del Indoamericano con el torso desnudo, blandiendo palos y armas cortas. Muchos de ellos, como documentó este diario, eran barrabravas de los clubes de la zona y empleados municipales que estaban vinculados al Sindicato de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA), conducido por otro viejo conocido de Ritondo: Amadeo Genta.
La batería de nombramientos va más allá de la designación de “Niti” y profundiza los lazos de Ritondo con el mundo de las barras bravas porteñas, una sospecha que recrudeció hace 15 días, cuando dos bandos de la barra de Nueva Chicago se enfrentaron a tiros en una guerra campal, que terminó con un muerto y una pelea pública en los pasillos del Hospital Santojanni. Ritondo es un histórico hincha de ese club, apoyó a su actual presidente, que terminó en medio de la pelea, pero niega cualquier vinculación con los barras. Sin embargo, las primeras actuaciones administrativas del “viceprimero”, contradicen sus argumentos, ya que ratificó en la Dirección de Seguridad de la Legislatura, al abogado Marcelo Rochetti, defensor de Rafael Di Zeo en Boca y de Alan Schlenker en River, mientras que, en la estratégica Dirección de Asuntos Jurídicos, puso al abogado Marcelo Alejandro D’Angelo, un viejo socio del estudio de Rochetti, y defensor de verdaderos “próceres” de La Doce, como los barra- bravas de Boca Gustavo Adolfo “El Oso” Pereyra, Fabián “Topadora” Kruger, Juan Castro y Diego Rodríguez, que fueron condenados a prisión hace cinco años. A todos, los une el lazo con Boca, una trama que desde hace cuatro años, siempre desemboca en el macrismo y, esta vez, en el corazón de la Legislatura. <
Un hombre del círculo familiar, en Recursos Humanos
La lista de designaciones no se detiene en el Decreto 245/VP1º/2011, firmado el 14 de diciembre por Cristian Ritondo, en su calidad de flamante vice primero. Una alta fuente de la Legislatura sostuvo que el funcionario habría nombrado a Martín Diago como nuevo director de Recursos Humanos. El hombre forma parte del círculo íntimo y familiar de Ritondo y hace un mes el propio vice primero twitteó una foto con Diago, y con Alberto Greco, un hombre que, según varios legisladores del PRO, sería un antiguo conocido de la Doce desde la época del abuelo José Barrita. Desde el 12 de diciembre es el nuevo Coordinador General de la Unidad Ejecutora de Obras de la Comisión de Preservación, Reparación, Mejora y Finalización de Obras del Palacio Legislativo. Ese sector de reparaciones del viejo Palacio funcionará bajo el control de Marcelo Sosa, un íntimo de Ritondo, que tendrá a su cargo la Secretaría Administrativa, la poderosa oficina que tiene bajo su órbita el manejo y la distribución de los 400 millones de pesos que los diputados se aprobaron.







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