El régimen de Al-Assad intensificó la ofensiva sobre Homs, donde hubo más de 80 muertos, entre ellos dos periodistas occidentales
La actividad diplomática para forzar la salida del poder de Al-Assad se aceleró ayer, tras la muerte en Homs de dos periodistas occidentales: la veterana corresponsal de guerra norteamericana Marie Colvin, que trabajaba para el dominical británico The Sunday Times, y el joven fotógrafo free lance francés Rémi Ochlik.
Ambos murieron en la casa donde se alojaban, un centro de prensa improvisado, tras el impacto de varios proyectiles lanzados por las fuerzas gubernamentales, según declararon varios testigos. Por lo menos tres periodistas más resultaron heridos.
Tanto Colvin como Ochlik habían entrado en Siria desde el Líbano. El último despacho de Colvin -una fogueada reportera de guerra que usaba un parche negro en un ojo desde que fue herida en Sri Lanka en 2001- describía la miseria en Baba Amr (ver aparte). Colvin relató a la cadena BBC cómo vio morir a un chico de dos años frente a ella. Ochlik colaboraba con la revista Paris Match y recibió el World Press Photo por su cobertura gráfica de la revuelta en Libia.
La muerte de ambos provocó una fuerte conmoción en la prensa mundial y una unánime condena internacional contra el régimen sirio.
Los cancilleres de Francia y Gran Bretaña, Alain Juppé y William Hague, respectivamente, hicieron un llamamiento para multiplicar la presión contra el gobierno de Al-Assad. "Los gobiernos del mundo tienen la responsabilidad de redoblar sus esfuerzos para detener la despreciable campaña de terror del régimen de Al-Asad", dijo Hague.
Por su parte, Juppé llamó a consultas al embajador sirio en París para transmitirle la protesta del gobierno francés y solicitarle la apertura de corredores humanitarios bajo el paraguas de la Cruz Roja para atender a los heridos y refugiados de Homs.
Estados Unidos, que hasta ahora se había opuesto a una intervención en Siria, pareció abrir la puerta a la opción de armar a la oposición, al afirmar que es necesario evaluar otras alternativas si no se llega a una solución política del conflicto.
Además de hacer frente a las presiones internacionales, Al-Assad debe lidiar día a día con el creciente número de deserciones. Según el diario israelí Haaretz, un general del ejército se habría pasado al bando de los rebeldes con un contingente de unos 200 hombres en la ciudad de Idlib. El diario, que cita fuentes de la oposición siria, señaló que además de los soldados desertores, numerosos civiles se están uniendo a los grupos armados del denominado Ejército Siria Libre (ESL), cuyas brigadas están oponiendo una feroz resistencia a las tropas de Al-Assad en Homs.
El asedio sobre esa ciudad, epicentro de las revueltas que comenzaron en marzo del año pasado, no ha cesado durante los últimos 19 días. Según fuentes opositoras, ayer se recuperaron más de 60 cuerpos, tanto de combatientes rebeldes como de civiles, en el barrio de Baba Amr tras un bombardeo del ejército. "Los helicópteros sobrevolaban las zonas de reconocimiento y luego comenzaba el bombardeo", dijo Abu Abei, un activista de Homs. Horas antes, otros 21 opositores habían caído a manos de las fuerzas gubernamentales. Los videos divulgados por activistas de la oposición muestran edificios destrozados, calles desiertas y médicos atendiendo a civiles heridos en condiciones sanitarias pésimas en Baba Amr, el principal objetivo de las fuerzas de Al-Assad.
A pesar de la brutal ofensiva contra Homs, el régimen ha sido incapaz de doblegar por completo a las milicias armadas de la oposición, que todavía controlan algunos barrios.
El balance de muertos en el país es desolador. Las Naciones Unidas dejaron de contabilizar las víctimas mortales hace semanas por las dificultades para recabar información fidedigna. Según el opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos, la cifra de muertos desde que comenzó la revuelta el 15 de marzo de 2011 se eleva ya a 7600 personas, la mayoría civiles.
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