“Hay que crear sentido de pertenencia a la Universidad en los jóvenes pobres”

 “Hay que crear sentido de pertenencia a la Universidad en los jóvenes pobres”
Lo dijo el secretario académico de la Universidad, Claudio Asaad. Ayer, PUNTAL publicó que sólo 7,5% de los chicos de menos recursos obtiene un título de grado. Planteó que otro desafío es la deserción

El secretario académico de la Universidad, Claudio Asaad, reconoció que la inclusión es un problema para la casa de altos estudios. En tal sentido, sostuvo que trabajan para acercar a los sectores más postergados a los estudios superiores. Y aseguró que parte de la tarea consiste en “crear sentido de pertenencia a la Universidad en los jóvenes pobres”. Además, señaló que otro desafío es la permanencia de dentro del sistema.

“El acceso a la educación es un problema para la Universidad y para la Federación Universitaria. De hecho, el año pasado presentaron un proyecto para la formar una comisión de la educación como motor de las transformaciones sociales”, manifestó Asaad. En este sentido, adelantó que el consejo académico trabajará en este tema antes de fin de año.

-¿Por qué las clases sociales más postergadas tienen menos acceso a la universidad?

-Es un tema complicado, con repercusiones sociales muy grandes. No queremos caer en el lugar común de que la educación debe reparar los problemas sociales que en realidad son responsabilidad del Estado y de los sectores privados. Tiene que ver con una herencia neoliberal que todavía repercute en la educación. No creemos que la Universidad deba dar todas las respuestas de los problemas para la incorporación de los jóvenes.

-Además, muchos jóvenes de los sectores más pobres ni siquiera se plantean la posibilidad de seguir una carrera...

-Los jóvenes no siempre eligen una carrera universitaria como un proyecto propio. Y eso también es legítimo. Por supuesto que nosotros quisiéramos que todos sigan una carrera universitaria. Pero también hay una idea que da vueltas y es que los sectores más vulnerados no tienen un proyecto propio. Eso es algo que queremos desentramar. Y, por otro lado, hay que decir la verdad: para poder trabajar con una organización académica mucho más inclusiva, hay muchas discusiones que debemos hacer al interior de la Universidad.

No todo pasa por la variable socioeconómica. Si bien es la más importante, y cuando uno habla de inclusión se lo piensa en este sentido, hay otras cuestiones que inciden, como el acercamiento curricular, las mediaciones pedagógicas que tenemos que hacer.

Incluso, hace falta trabajar en el sentido de pertenencia que pueden sentir los jóvenes de los sectores vulnerados respecto a la Universidad. Esto es: cómo se construye la identidad del estudiante universitario. Hay una idea de que la Universidad pertenece a determinada clase social, de que sólo vienen algunos y que además hay que estar capacitado de determinada forma para acceder.

-¿Esto también opera como una barrera?

-Opera como una barrera y como un efecto dominó: van sumando razones para no venir a estudiar. Posiblemente, la universidad pública -sin querer- está dando este mensaje en su discurso, en su manera de presentarse, en su forma de presentar los discursos académicos, que a veces pueden parecer encriptados. Esto es una tarea pendiente, porque muchas veces no tenemos lenguaje para poder acercarnos a los sectores más populares.

-Además, afuera de la Universidad se fueron profundizando las desigualdades...

-Se han profundizado las desigualdades incluso en el sector del trabajo. Para conseguir un trabajo, cada vez se pide más formación, y hay una justificación social de que se pida más especialización. Indudablemente, las empresas buscan la eficiencia, pero la Universidad deberá pensar cuál es la propuesta educativa que tiene.

Quiero decir que siempre estas cuestiones que tensionan e interpelan a la Universidad -y que tienen que ver con una dominante socioeconómica- no sólo tienen que ver con los cambios a nivel social, sino que también merecen una interpelación hacia adentro. Hay una complementación de las dos transformaciones. La Universidad busca integrarse cada vez más con los sistemas educativos de los otros niveles, con el mundo del trabajo.

Por ejemplo, la política del consejo social tiene que ver con esta idea: convocar a representantes de las organizaciones de la sociedad para que vengan a dialogar con nosotros para pensar hacia dónde debe ir el desarrollo institucional.

-Una mirada desde afuera...

-Exacto, una mirada de afuera. Porque pareciera que en nuestro rol de universitarios podemos llegar a volvernos muy endógenos. Sin embargo, no hay que dejar de ver la fuerza que tienen ciertas representaciones de lo que es un estudiante universitario, en las cultura y en los medios de comunicación. A esto, muchas veces lo han reforzado las universidades privadas. Uno entiende que los sectores populares sientan que no tienen nada que ver con eso. Ni de lo que significa ser un profesional o tener un título de grado, que viene con una construcción simbólica de lo que es ser un profesional. En realidad, la formación debería implicar cambios en los propios grupos sociales. En este sentido, creemos más en una igualdad de posiciones que en una igualdad de oportunidades.

Queremos que, quienes se reciben, sean transformadores de su propio medio y que luchen por la igualdad social. Hay que analizar las vacancias, las carreras que se favorecen y cómo se lo hace. Y para eso no sólo hay que mirar cómo se incorporan los estudiantes a la Universidad, sino de las demandas que traen de los grupos sociales a los que pertenecen. También ellos saben lo que se está necesitando.

“Hay que insistir en que estudiar una carrera tiene sentido”

Más allá de los problemas para llegar a la Universidad, a los estudiantes de los sectores empobrecidos les cuesta mucho mantenerse dentro del sistema. De los que llegan a la educación superior, sólo el 34% se recibe.

“Hay que volver a pensar que el tema del acceso a la educación no es todo el problema. Además del ingreso, el problema es el sostenimiento del estudiante dentro del sistema”, opinó en este sentido Claudio Asaad.

-La encuesta permanente de hogares muestra que, en deserción, los estudiantes de los estratos socioconómicos más bajos triplican a los de los más altos.

-Eso a pesar de que la Universidad tiene casi mil becas de distinto tipo. Hay que profundizarlo. Ojalá tuviéramos mucho más dinero para que los estudiantes puedan venir a la Universidad y se puedan mantener en el sistema. Y está después el otro tipo de contención, que tiene que ver con lo cultural. En la nota se marca también que hay mucha deserción en el secundario. Este problema que nosotros tenemos en la Universidad lo tiene todo el sistema educativo, y el sur de Córdoba tiene los índices de deserción escolar más altos de la provincia para el nivel secundario. Esto, aún con una política que obliga a los chicos a estar en el colegio, con subsidios para los hijos. La pregunta es si esas políticas que obligan amplían el campo de los derechos.

Nos parece que este debate tiene que ser mucho más amplio. Tenemos que dialogar las organizaciones sociales, sindicatos, universidades, el mismo Ministerio de Educación y el Estado en sí. Hay que insistir en los sectores más vulnerables que éste es un lugar que es de ellos. Y además, que tiene sentido seguir una carrera universitaria. Pero para eso también hay que escuchar cómo el otro se imagina que va a poder hacer con ese título de grado en su medio.

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