Córdoba y Nación, 28 años de amor y odio

Córdoba y Nación, 28 años de amor y odio
Repasamos el vínculo entre los titulares de ambos gobiernos desde 1983: poca luna de miel y nutridos tironeos.

2008-11. Juan Schiaretti - Cristina Fernández, divididos por la 125.

2008-11. Juan Schiaretti​ - Cristina Fernández, divididos por la 125.

2003-07. Néstor Kirchner - DLS, abismo ideológico y rivalidad.

2003-07. Néstor Kirchner - DLS, abismo ideológico y rivalidad.

2000-01. De la Sota - De la Rúa, relevado por Duhalde en 2002.

2000-01. De la Sota - De la Rúa, relevado por Duhalde en 2002.

1996-99. Mestre - Menem, sintonía neoliberal, y apoyo para los Cecor.

1996-99. Mestre - Menem, sintonía neoliberal, y apoyo para los Cecor.

1990-95. Menem - Angeloz. Amor hasta que el “Tequila” chocó al radical.

1990-95. Menem - Angeloz. Amor hasta que el “Tequila” chocó al radical.

1983-89. Angeloz y Ricardo , mismo partido y relación en tensión.

1983-89. Angeloz y Ricardo , mismo partido y relación en tensión.

Si la elección de hoy resulta como todas las encuestadoras adelantan, y Cristina Fernández de Kirchner es reelegida Presidenta (mientras José Manuel de la Sota encara su tercer mandato como gobernador), la relación entre Córdoba y la Nación replicará la misma historia de tensiones, encuentros y choques que vive desde la vuelta de la Democracia.

Aunque todavía resta conocer cuál será el perfil que adoptarán ambas administraciones, la distancia política y hasta personal que ambos líderes han cultivado en los últimos años presagia otra vez un vínculo tirante entre Córdoba y la Nación. Esa situación no desentonará con lo vivido en el último cuarto de siglo entre varios presidentes nacionales y gobernadores. A saber:

El Pocho y el Ricardo. A pesar de compartir signo político, la relación entre Eduardo Angeloz y Ricardo Alfonsín a partir de 1983 fue fluctuante y poco fluida. Desde lo personal ambos siempre se respetaron y trataron afectuosamente, aunque a nivel institucional el vínculo tuvo momentos de ríspidos.

El gobernador tuvo muchos problemas en lograr apoyo nacional para la radicación de empresas en la provincia, como la frustrada llegada de Honda a Cruz del Eje o el desarrollo del Polo Tecnológico de Sinsacate, aprobación que dependía del secretario de Industria de Alfonsín, Roberto Lavagna, quien nunca dio los avales necesarios para esas inversiones.

La revancha de Angeloz llegaría en los últimos y tortuosos días del gobierno alfonsinista, cuando criticó públicamente las medidas antiinflacionarias lanzadas por el ministro de Economía, Juan Vital Sourrouille. Un par de meses más tarde, el 8 de julio de 1989, Alfonsín dejaba el Gobierno anticipadamente en un clima de caos y saqueos.

Dos radicales para un riojano. La llegada de Carlos Menem​ a la Rosada permitió mejorar la tensa relación que había quedado entre Córdoba y la Nación tras el final anticipado de Alfonsín. A pesar de haber sido contrincantes en las presidenciales, Menem y Angeloz mantuvieron en los primeros años un trato cordial e institucional, abonado por la recuperación económica que experimentaba el país luego de la pesadilla de la híper.

Pero el “amor” duró sólo hasta mediados de los años ‘90, cuando la crisis mejicana “Tequila” complicó las cuentas provinciales, sin que el ministro de Economía nacional, el cordobés Domingo Cavallo​, le tirara una “soga” a la atribulada administración angelocista. “Me quieren ver de rodillas”, bramó Angeloz entonces, y así como vio caer a Alfonsín en el cierre de los ‘80, el caudillo radical tuvo que dejar anticipadamente el gobierno provincial en medio de una severa crisis financiera.

Con Ramón Bautista Mestre calzándose el traje de “bombero” de la crisis de Angeloz, la relación entre la Provincia y la Nación volvió a encauzarse. A pesar de provenir de partidos distintos, Mestre y Menem congeniaron a nivel de las políticas públicas que pusieron en práctica, la mayoría en consonancia con los aires neoliberales de esos años.

El riojano no sólo autorizó la emisión de los recordados Cecor con los que Mestre pudo campear la crisis financiera local, sino que visitó asiduamente Córdoba avalando las medidas de ajuste puestas en marcha por el radical. La falta de aspiraciones políticas nacionales del cordobés también contribuyó a que el diálogo con Menem fuera fluido.

De la Sota, con dos presidentes. Mestre perdió la elección con José Manuel de la Sota en 1999, el mismo año en que la UCR retomaba las riendas del país de la mano de Fernando De la Rúa. En los escasos 24 meses que el radical fue presidente, la relación con De la Sota fue estrictamente institucional, sin demasiados desencuentros. En esos años, el gobernador cordobés buscó privatizar el Banco de Córdoba y la Epec, sin que desde la Nación le pusieran reparos.

La crisis de finales de 2001 terminó con un saldo lamentable de muertos en Plaza de Mayo y De la Rúa escapando en helicóptero desde la Rosada. En Córdoba, De la Sota encaró el descalabro general con la emisión de los bonos Lecor, mientras veía cómo se sucedían presidentes en días, hasta que Eduardo Duhalde​ se hizo cargo.

Peronistas los dos, Duhalde y De la Sota congeniaron fácilmente cada uno desde su cargo institucional, con el cordobés cinchando para lograr la aprobación del bonaerense para ser el candidato oficialista luego de la transición que terminó con una década de Convertibilidad.

Finalmente, el “elegido” fue Néstor Kirchner, y De la Sota se contentó con aspirar a un segundo mandato en la Provincia.

Quizás por esa pulseada perdida, la relación de De la Sota con Kirchner nunca fue buena, amén del abismo ideológico que los separaba. Las buenas migas que el santacruceño hizo en los primeros años de su mandato con Luis Juez, acérrimo enemigo de De la Sota, contribuyeron a la desconfianza mutua que, salvo algunos breves períodos de acercamiento, dominó su relación.

Divididos por la felicidad. Juan Schiaretti y Cristina Fernández de Kirchner asumieron el mismo día, el primero como gobernador, la segunda como Presidenta. Ambos, con el apoyo político de sus antecesores en el cargo. El primer año, la relación fue correcta, institucional, hasta que el conflicto del Gobierno nacional con las entidades agropecuarias por la resolución 125 dinamitó los formales puentes entre ambas administraciones.

El apoyo que en esos días Schiaretti le dio al campo fue tomado como una verdadera traición por el kirchnerismo, y el gobernador sintió en carne propia el destrato que desde entonces le propinó la Presidenta, tanto en términos políticos como de apoyo económico a la Provincia.

Con ello, Schiaretti tuvo un 2009 realmente para el olvido, padeciendo serios problemas financieros y sociales que sólo pudo superar merced al Plan de Desendeudamiento Provincial lanzado por la Nación a mediados de 2010. Igual, siempre tuvo que remarla, y mucho, para que el Gobierno federal remitiera fondos para la Caja y obras públicas, tal como le sucede ahora.

Cuatro años... ¿juntos? Desde el 10 de diciembre, De la Sota compartirá –muy posiblemente– un período con Cristina, y habrá que aguardar los primeros gestos para adivinar cómo será la relación.

Largaron con pie izquierdo: él enarbolando su “cordobesismo”, ella ninguneando su carácter de gobernador electo. El cordobés nunca abandonó sus aspiraciones nacionales, y ello seguro meterá “ruido” en el trato con la Presidenta. Igual, todo está aún por escribirse...

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