Los costos de las alimenticias empujan la suba de los productos

Además del paradigmático caso de la harina, que sigue en alza luego de que los molinos denunciaran retrasos de la Nación en las compensaciones, se suman aumentos en envases y otras materias primas

Los alimentos son la cara más visible del proceso inflacionario. Más allá de las disputas por los porcentajes, los precios se mantienen firmes en su paso ascendente: en apenas seis meses, hubo costos de producción que subieron 30 por ciento, como la harina, y otros que superaron esa marca, como los envases de polietileno y de PVC. Esto tuvo un directo impacto en los valores de los productos terminados: las empresas aplicaron hasta dos subas en esta mitad de año.

El presidente de Adiar y gerente de La Italiana, Héctor Alignani, admitió que en lo que va del año “hubo incrementos en pollo, envases, harina, espinaca, quesos, lácteos y sueldos. Es constante”, admitió el empresario.

Una de las materias primas más paradigmáticas en ese proceso fue la harina. La puja entre los molinos y la Nación por el pago de compensaciones derivó en un alza de todos los tipos de ese producto. No sólo alcanzó a las “000” que utilizan las panaderías para la elaboración de sus especialidades, sino también a las especiales que se destinan a la producción de pastas.

“El problema de los molinos terminó impulsando el alza de todos los tipos de harina. En lo que va del año, la ‘0000’ o ‘0000’ Real aumentó 30% y esa no estaba subsidiada ni fue la que provocó el conflicto con el Gobierno”, admitió Alignani.

La escalada comenzó hace dos meses, cuando los molinos denunciaron el atraso en la liquidación de compensaciones que el Gobierno pagaba para que no haya incrementos en los valores finales de la producción. En ese caso apuntaba al pan. La industria molinera mantenía el precio de venta a las panaderías y el Gobierno les aportaba una diferencia para evitar incrementos. Ese pago comenzó a demorarse y los molinos terminaron vendiendo la harina al precio real de mercado. Por ese motivo, la semana pasada las Proxy-Connection: keep-alive Cache-Control: max-age=0 naderías de la ciudad advirtieron que iban a aplicar subas del 30% para compensar el movimiento de costos. La bolsa de harina que pagaban $ 45, comenzó a descargarse a $ 85.

En las industrias alimenticias el efecto del incremento en los costos se multiplicó.

“Tenemos aumentos en distintos costos casi semanalmente, lo que pasa es que eso no se puede trasladar directamente a los precios incluso por lógica comercial. Pero notamos que todo aumenta y no hay controles”, señaló el directivo de La Italiana.

En lo que va del año, la empresa aplicó dos incrementos en sus productos elaborados: el primero fue del 10 por ciento y luego otro del 7 por ciento.

“El riesgo de trasladar es que la curva de precios en el mercado tiene márgenes, no se puede aplicar libremente porque siempre está el riesgo de quedar fuera de mercado”, indicó el empresario.

El cierre de la primera mitad de año genera en el empresariado del sector temores por las proyecciones inflacionarias. Si en seis meses la harina aumentó 30% y el precio de la producción propia subió entre 15 y 20 por ciento, ¿cuánto terminarán siendo los porcentajes en diciembre?

En ese marco, también analizan lo que ocurre con los salarios. “Es lógico que en un marco donde los productos básicos suben, los trabajadores peleen por mejorar sus ingresos para, al menos, mantener su poder de compra”, explican. De todos modos, no dejan de señalarlo como un costo que anualmente tiene incrementos de entre el 25 o 30 por ciento.

Como contrapartida, por ahora el incremento no deja huellas en la demanda. Los volúmenes de venta siguen similares o incluso por encima de los del año pasado, dependiendo del rubro alimenticio. Tal como ocurre en otros segmentos de la economía, como los combustibles, las subas no generan un freno en la demanda y ello hace prever que la escalada está lejos de detenerse.

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