Los costos de la adhesión al modelo

Un reacomodamiento político derivado de los reajustes al modelo económico viene observándose entre los dirigentes bonaerenses que adhieren a un kirchnerismo necesitado de reformular alianzas para avanzar en ese sentido. El cambio obliga a contramarchas y rectificación de planes a quienes aguardan con expectativa el comienzo del último mandato de Cristina y de Scioli.
No está del todo claro que algunas decisiones que vienen adoptándose en el campo de la política estén inspiradas en el servicio técnico que el gobierno nacional está obligado a practicar al modelo económico. Aunque parece difícil escindirlas de una urgencia que estaría exigiendo gestos estériles como el transmitido a la prensa por Aníbal Fernández: el renunciamiento explícito de funcionarios a subsidios en servicios públicos que caducarán en unos días sin más que el silencio tácito de quienes no soliciten mantenerlo.

El gesto, comunicado por el jefe del Gabinete como un inédito “comentario para compartir con la prensa” desnuda algo más que una paradoja en una administración que presentó el retaceo al contacto con la prensa como una pelea por el hilo conductor del “relato.”

Se trata de la primera vez que el oficialismo admite en forma pública no solo el impacto negativo de los propios hechos consumados que genera. También que comienza a correr detrás de ellos, acaso sensible en exceso a las reacciones de una opinión pública que podría poner a prueba la solidez del argumento al que apeló invariablemente el kirchnerismo desde las elecciones del pasado 23 de octubre: el carácter inapelable de sus decisiones a raíz del abrumador respaldo obtenido en las urnas.

Certeza que gozaría de semejante consideración fuera de las imposturas mediáticas entre las propias filas de los K, a juzgar por algunos reacomodamientos que vienen produciéndose en los últimos tiempos y que darían cuenta, justamente, de un potencial clima de cambio de época como lo describió un dirigente del PJ afincado en la Tercera Sección Electoral.

Al menos eso se especula con la institucionalización del poder de La Cámpora que se deja entrever para el segundo mandato de la presidente Cristina Fernández , en simultáneo con el decaimiento del protagonismo de grupos piqueteros y de Hugo Moyano, aliados tácticos para formular la estrategia que parece abandonar el oficialismo: el control de la calle.

Metáfora de mantenerse a la vanguardia en materia de protesta social que parecería ser reemplazada progresivamente por la de una de convivencia civilizada con el ala empresarial representada por la Unión Industrial Argentina (UIA), como pareció simbolizar el tiro de gracia que Cristina dio al proyecto de reparto de ganancias que venía impulsando en el Congreso el diputado Héctor Recalde, asesor principal del líder camionero y todavía jefe de la CGT, durante la cena anual de esa entidad, que compartió hasta la sobremesa.

Sorpresa

En la provincia de Buenos Aires, el cambio de dirección habría obligado a reorientar pasos a varios dirigentes con fuertes expectativas políticas en el proceso que dejará abierto el 10 de diciembre, cuando la presidente y el gobernador inicien el último turno de sus mandatos. “Soy un coronel que responde a un comandante en jefe” confió a algunos colaboradores Gabriel Mariotto, en un esfuerzo por procesar alguna de las contrariedades que le apareja “poner al Senado” en sintonía con “el proyecto nacional.”

El enfriamiento de relaciones con Daniel Di Sabatino es una de ellas, casi por propiedad transitiva: los capitostes de esa corriente juvenil tienen en San Vicente por Julio Goya y no por el jefe comunal, a quien sospechan no solo por su pasado de funcionario bajo la gestión de la duhaldista Brígida Malacrida.

También como beneficiario directo de la urdimbre que atribuyen a su esposa Antonio Arcuri para que un enmarañado proceso judicial derivase en la destitución del ahora vecinalista como concejal, luego de ser electo para ese cargo por el Frente para la Victoria, en el ya lejano 2005.

Bastante más cerca en la cronología K, a Di Sabatino se imputa además gestiones para que Fabián Brito desistiese de ser candidato a intendente por La Cámpora: el director de la legendaria quinta “17 de octubre” se lo transmitió de forma personal a Andrés Larroque, cuando la reunión entre ambos tenía por finalidad ultimar detalles de las gestiones que, en sentido contrario, había realizado Esteban Ramos para el electo diputado nacional.

Britos habría recibido una contraorden de su jefe político y mentor, Carlos Kunkel, que torció su decisión en el trayecto que recorría en automóvil desde San Vicente al porteño barrio de La Recoleta. Oriundo de Florencio Varela como el ultra K, Britos debió honrar los acuerdos previos con el intendente Julio Pereyra, aliado de Di Sabatino, que facilitaron la reelección de Cristina Fioramonti, esposa de Kunkel, como senadora provincial.

Al ascenso político de la legisladora, convertida en jefe de bancada merced a los acuerdos logrados entre Scoli y Cristina, se atribuyó con malicia la raleada presencia de dirigentes de peso territorial en los festejos del cumpleaños de Kunkel, el pasado 6 de noviembre. “Seguro que la lista la confeccionó ella”, señaló uno de los invitados al recordar que Fioramonti fue una férrea opositora a que Cacho Álvarez se hiciese de la vicepresidencia Primera en la Cámara Alta.

La ausencia del todavía ministro de Desarrollo Social y la de Fernando “Chino” Navarro contrastó con presencias algo más exóticas, como la del canciller Héctor Tímmerman o la del propio Larroque, en un agasajo que solía congregar en forma enfática a dirigentes de la Tercera Sección Electoral. Por eso la fuente se encargó de remarcar la notoria ausencia de intendentes y senadores electos de la región, a excepción de Pereyra y Fioramonti. “El grueso de los asistentes era de Varela”, comentó.

Tarde

La pública reconciliación con Kunkel no le sirvió a Felipe Solá para ser indultado por la plana mayor del oficialismo. El mayor obstáculo, en apariencias, para insertar colaboradores en puestos de relevancia en la administración de Scioli: otra secuela indeseada, quizás, de los acuerdos enhebrados entre el gobernador y la Presidente. O al menos con esa posibilidad jugó la versión puesta a circular por algunos portales de noticias que dieron por cierta el intento de colarse en el directorio del Grupo Bapro que habría protagonizado el ex jefe de bloque del peronismo opositor.

Ofendido por la difusión que obtuvo la especie, Solá debió aclarar que las gestiones que realizaba eran a favor de Martín Lusteau, ex presidente del Banco oficial durante su mandato como gobernador. Dato que habría dejado trascender desde el oficialismo provincial, alguien con pericia y cierto oficio periodístico. Fuentes de ese sector se inclinan por adjudicar la indiscreción a Gustavo Marangoni, vocero de Scioli, y seguro presidente del nuevo directorio, cuyos pliegos acaba de aprobar el Senado.

Quienes presumen de conocer el funcionamiento de esa Cámara estiman que Mariotto pondrá a prueba allí sus dotes de negociador político que, mientras tanto, pule puertas adentro de su acotado equipo de colaboradores: Santiago Aragón resistiría asumir como nuevo titular de la Afcsa, convencido que en la nueva etapa que se abre el organismo perderá algo de brillo. Las postergadas licitaciones de señales de televisión por falta de oferentes parecerían darle la razón.

Si el decano de la Facultad de Ciencias Sociales se aviniese a pedir licencia al cargo de diputado nacional para el que fue electo, su lugar sería ocupado por María Eugenia Zamarreño. La directora de Asuntos Políticos del ministerio del Interior reporta al titular de esa cartera, Florencio Randazzo, con quien Mariotto mantiene una alianza táctica para hacer pié en territorio bonaerense con miras a las internas del PJ, previstas para mayo. Mes otoñal, si los hay, para un año que los peronistas que adhieren al kirchnerismo imaginan muy duro.

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