El costo oculto de la inseguridad

Por Ricardo Roa

La inseguridad no sólo mata. También deteriora un capital valiosísimo en cualquier sociedad: la solidaridad. El miedo impide ayudar. Nos paraliza ante quien nos necesita. Esto pasa demasiado a menudo. Y esto pasó con Matías Berardi: fue secuestrado al volver de una fiesta de egresados, logró huir y mientras gritaba y pedía auxilio nadie lo socorrió.

Tenía apenas 16 años. Ya capturado, trepó de-sesperado por unas rejas y salió a la calle. Apareció un auto, un remís, y el chofer en lugar de parar, aceleró. Peor: creyó que había querido robarle y lo denunció a la Policía.

Otra gente oyó sus gritos y también lo tomó por un asaltante: en el colmo de la perversidad, las mujeres que lo mantenían secuestrado lo corrían y le gritaban “ladrón, ladrón”. Así Matías, como en su momento Axel Blumberg, fue recapturado y rematado de un tiro.

En esta terrible historia hay otro dato no menor: a Matías lo secuestró una familia. Que no vive en una villa sino en una casa común y corriente. Un herrero, su esposa y dos hijas casi de la misma edad que Matías, más el hermano de la mujer. Evoca al clan de los Puccio, aquella familia de clase alta de secuestradores en serie.

Aunque es un caso conmocionante por donde se lo mire, el Gobierno no se dio por enterado. Aníbal Fernández, que habla hasta por los codos, hasta anoche no había abierto la boca. Lo de siempre: cada vez que pueden, le endosan el problema a otro. Y otra vez le tocó a Scioli, que viene de golpe en golpe: en 2008 hubo 11 secuestros extorsivos en su provincia y sólo se resolvieron 3.

La indignación que ayer se vio en la marcha de Maschwitz es poca comparada con la que tienen quienes rodean a Matías (Indignación y reclamos en la marcha por Matías). Y esa bronca cae pareja sobre el poder político y la Policía.

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