En una entrevista con lanacion.com, el secretario de Cultura sostiene que no le teme a los debates fuertes y que ninguna nación del mundo construye su identidad con acuerdos plenos; su visión de la actualidad y la defensa del modelo kirchnerista
Dice que no le teme a los debates fuertes y que ningún país del mundo construye su identidad con acuerdos plenos. "Esa es una idea peregrina y, si la perseguimos como una quimera, vamos a perder el tiempo; sobre todo es falso cuando se discuten modelos tan antagónicos", dice, en referencia a lo que él llama el modelo agroexportador sin valor agregado versus el industrialista que, sostiene, fomentan los Kirchner.
Coscia recibe a lanacion.com en su distinguido despacho de la Recoleta para completar la última de una serie de más de 30 entrevistas en el año del Bicentenario. Cineasta y ex director del Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Visuales (Incaa), reconoce que su verdadera pasión es el arte; desde esa lente, mira la política. "Los más grandes cambios culturales se han dado cuando se acompañaron con políticas de inclusión, cuando los hombres pueden acceder a una vida mejor, ahí hay un cambio cultural", explica.
En ese sentido, rescata el planteo del gobierno que integra, al que define como de "justicia social y redistribución de la riqueza". Si bien reconoce que aún quedan materias pendientes, habla de los años de gestión kirchnerista como los más coherentes de la historia. "Cumplieron todas las promesas de campaña y más", remató.
Durante el tiempo que dura el reportaje sólo pedirá no hablar de un tema: la causa judicial que enfrenta por un presunto manejo irregular de fondos destinados a promover la industria del cine mientras ocupó el cargo de director del Incaa. "De eso prefiero no hablar. Es un tema que está en la Justicia".
¿Qué le evoca el Bicentenario?
- El Bicentenario es una conmemoración, se trata de memorar juntos. Me parece que, como todo cumpleaños, es una buena oportunidad para reunirnos los argentinos y hacer un balance sobre cómo llegamos, pero creo que tiene que ser una construcción colectiva de la memoria, debe ser una conmemoración más que un festejo.
- ¿Cómo llegamos? ¿Qué balance hace?
- Este año está cargado de debates y esto es muy bueno. Me parece, también, que uno podría analizar los 200 años de historia estructurados en torno a una cantidad de encrucijadas que vivimos. La Argentina es un país que lleva 200 años intentando ser y que todavía no ha logrado ser en un sentido pleno, completo.
- Habla de desigualdad social: ¿hay un correlato en lo cultural?
- La concepción que tengo de la cultura está ligada a la vida y, en tal sentido, se liga profundamente a la política. Los más grandes cambios culturales se han dado, también, cuando se han dado políticas de inclusión, cuando los hombres pueden acceder a una vida mejor, a una vivienda, vacaciones, ahí hay un cambio cultural. Lo primero que importa de la cultura es la capacidad de la gente de subir ese escalón que le permite ser más libre y pueda tener una vida justa. La cultura de los argentinos es diversa y que cambia y, si tuviera que decir qué me gusta, es la capacidad de apropiación: los argentinos, que no nacimos en 1810 con un modelo cultural a mantener, vivimos recreando cultura.
- En lo presupuestario, ¿siente que se le da a la cultura el valor que merece?
- Como hombre de la cultura que soy, en lo presupuestario siempre creo que deberíamos tener más. Discutir presupuesto de cultura en abstracto, separándolo de un proyecto y un modelo de país, es inútil. No puede haber en un país una cultura exitosa si el país fracasa, no puede haber un cine exitoso en un país que fracase. Con respecto a hablar de cultura sin hablar de recursos, también es imposible. Para ello hay que entender el valor de lo cultural como transformador: un ejemplo muy claro es que la cultura no sólo es abstracta, es bien concreta: la cultura son puestos de trabajo, la cultura es cine, industria, y en lo que creo fuertemente es en el compromiso del Estado con las políticas culturales.
- Decía que siempre nos apropiamos de culturas de otros, ¿esto no pone en evidencia una falta de identidad?
- A la apropiación cultural la veo como un elogio, porque considero que no hay que confundir identidad con tradición. Lo fundamental para una cultura, tanto en los países como en las personas, es la personalidad. Una persona no tiene mejor personalidad porque piense lo mismo a los 8 años que a los 30; la tiene cuando es capaz de manejar su propio destino. La capacidad cultural de los argentinos está dada por esta capacidad de recibir algo y transformarlo en algo propio: algo universal que nos llega lo apropiamos, retazos o entero, y lo hacemos propio.
- ¿El país ya definió su identidad? ¿Por qué seguimos hablando de las encrucijadas?
- Hablo de encrucijada política y de modelo de país, de modelo económico, incluso. Hablo de encrucijada respecto de qué país vamos a ser: si un país meramente agroexportador, sojero, cerealero sin valor agregado, o si vamos a ser uno que se industrialice, que mantenga el modelo agroexportador pero complementario y en sintonía con el modelo del valor agregado industrializador, un país que desarrolle ciencia, tecnología, autonomía. Esa es la encrucijada de la que hablo: hay un dilema cultural en torno a eso.
- ¿La Argentina está cerca de ese modelo industrializador?
- En la Argentina conviven desde hace mucho tiempo una pugna entre ambos modelos. El país no ha logrado desarrollar una burguesía como la que tiene Brasil o como la de Chile. Y esto tiene que ver, también, con un valor cultural: en la Argentina ha sido mayor valor cultural ser propietario de tierras que ser un exitoso industrial. En EE.UU. el modelo cultural del éxito es el de un industrial, un succesfull man, un emprendedor. En nuestro país el modelo del éxito y la mayor valoración social instalado minuciosamente a lo largo de la historia ha sido un valor ligado al campo, al valor de la propiedad de la tierra. Y esto, creo yo, está muy incorporado en la sociedad y, además, tiene que ver con que en la Argentina se ha discutido y fuerte y en voz alta sobre qué modelo de país tomar. Todavía no se ha encontrado una síntesis.
- ¿Siente que los Kirchner vienen a replantear esto, a dejar en claro cuál es el modelo?
- La gran originalidad de los Kirchner es que retoman un modelo anterior a ellos y construyen una argentina del valor agregado, industrial con desarrollo ligada a formas de justicia social y de redistribución de la riqueza. Pero, además, este modelo que los Kirchner han establecido tiene variables macroeconómicas que no han perjudicado al campo; ahora, que el campo quiera más y quiera más parte de la torta esto sí es más viejo, es una vieja discusión. El modelo de los Kirchner ha sido muy claro y pocas veces ha sido tan claro un proyecto en relación a lo discursivo antes de las elecciones y lo que se hizo luego.
- ¿Por qué cree que si es un modelo inclusivo genera rechazo en muchos habitantes?
- En primer lugar, si en la Argentina hablamos de rechazo sería muy injusto decir que este Gobierno sufre un gran rechazo, porque en su momento más crítico obtuvo el 35% de los votos a nivel nacional, es aún ahí el que obtiene mayor respaldo electoral.
- Pero en la última elección Kirchner perdió en la provincia más importante del país...
- Muchas veces, hay retrocesos. Este retroceso son dos puntos atrás del que salió primero. ¿Las razones? Creo que tienen que ver con el debate muy fuerte que se dio en torno de la 125 y a las retenciones a la soja y a los cereales. Y creo que allí lo que se produjo es una fuerte toma de partida de los medios de comunicación en favor de la causa llamada "del campo". Y que en la Argentina no es poco esto. Que el sector concentrado de la comunicación tome partido por cualquier causa es determinante. Voy a explicar por qué, es muy simple. En la Argentina el 95% de las imágenes de TV son manejadas por 4 ó 5 dueños. Este nivel de concentración no se da casi en ningún lado. A su vez, algunos de estos medios tienen relaciones e intereses creados con el sector sojero exportador. En la era de la comunicación pesan mucho los medios de comunicación, y una sociedad que tiene esos desbalances en los medio de comunicación no tiene una democracia plena. Hoy la democracia no es solamente votar cada dos años. La democracia es también que pueda acceder a la opinión de más gente con mayor facilidad a los medios (Ver aparte).
- ¿Cómo están hoy las instituciones?
- Se han recuperado en gran medida y esta recuperación atraviesa a todos los poderes; este es uno de los debates que tenemos. Me parece que es muy claro: dentro de la constitución, todo; la que tenemos es buena, perfectible pero buena. Si nos atenemos a la Constitución vamos a funcionar bien. Me parece que a veces se apela a que ésto es inconstitucional, pero después no se demuestra. Con respecto a la representatividad legislativa, tiene una participación mayor de la que tenía antes, pero, no hay que olvidarse que nosotros tenemos un sistema de gobierno presidencialista. Cuidado de creer que somos Inglaterra o Italia, porque me parece que se puede desbarrancar la Argentina.
- ¿Cree que es posible generar acuerdos de largo plazo entre todas las fuerzas?
- Ningún país del mundo construye su identidad con acuerdos plenos. Hay una idea peregrina, falsa que si la perseguimos como una quimera vamos a perder el tiempo. Sobre todo es falso cuando se discuten modelos tan antagónicos.
- Entonces, ¿cómo convencen al resto de la sociedad de que el proyecto de los Kirchner es el mejor?
- La mejor forma de convencer a la sociedad está en gobernar bien. En el tránsito en que un gobierno es coherente con su propio proyecto. Puede ocurrir que ese gobierno retroceda electoralmente, pero yo creo firmemente que si se actúa bien con la sociedad, si cumple su mandato y este mandato es de justicia y distribución, y toma medidas como nacionalización de los fondos de pensión, asignación universal por hijo, fútbol para todos, democratización de ley de medios, etc. me parece que, en algún momento, esto es valorado.
- ¿En qué cree que hay que avanzar de manera urgente y el Gobierno no le puso atención?
- No coincido con las críticas que no tienen medias tintas y que son absolutas. Yo aceptaría y acepto cuando hay sectores del progresismo que plantean un apoyo crítico al Gobierno: sectores que valoran lo que se hace, plantean pendientes pero también comprenden lo que no ha hecho por tiempo y oportunidad. Gobernar es negociar con la realidad, administrar una realidad que tiene aristas tremendamente conflictivas. Es la primera vez que un gobierno cumple. ¿Hay cosas pendientes? No hay dudas, pero en el camino de ese programa va a aparecer la oportunidad para concretarlo.
El peronismo como revolución. Según Coscia, "el peronismo es nuestra propia revolución nacional: democrático, podríamos decir burguesa, también".
-¿Cómo se entiende que debajo de ese paraguas haya gente tan diversa?
-Muy fácil: muchos se preguntan, ¿cómo alberga a Perón, Evita, López Rega y Menem? En general, los argentinos somos muy poco condescendientes con nosotros mismos, nos exigimos cosas que no les exigimos a otros pueblos y culturas. Las revoluciones, a diferencia de las sectas, son tumultuosas como un volcán o como un río. Un río inunda, destruye pero lleva luz, energía eléctrica, riqueza, fertiliza. Pero, cuidado, un río no es una pileta de natación, es un río; la pileta no te da luz, te hace gastarla. El peronismo es eso: una revolución.


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