Por Sergio CalettiDecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
La Facultad de Ciencias Sociales ha quedado en medio de una batalla que se libra en varios planos y en distintos frentes simultáneos. Para el gran público, las consignas lanzadas por las agrupaciones estudiantiles que suponen que “cuanto peor, mejor”, resultan verosímiles: las graves deficiencias edilicias que se registran en los colegios secundarios de la ciudad de Buenos Aires se asemejan a las que padecen algunas facultades de la UBA, unas y otras son síntoma del desfinanciamiento educativo, los estudiantes (son los únicos que) defienden la educación pública, Macri y Kirchner son lo mismo, el gobierno de Sociales es igual (“peor”, dice un volante) que Macri. Muchos de nuestros estudiantes, legítimamente indignados con condiciones de cursada que a veces son penosas, se ven lógicamente interpelados por reclamos del estilo “Edificio único, ya”. Pero para la comunidad de Sociales –una gran porción de ella lee este diario– las cosas merecen una consideración menos simplificadora.
En este marco, no puede entonces aceptar (ni lo merece) ser corrido por izquierda, acusado de desidia, de cerrado al diálogo cuando no de represivo y de antiestudiantil porque se ha negado a políticas prebendarias y porque, preocupado precisamente por las precarias condiciones edilicias y de seguridad, ha llamado a las agrupaciones estudiantiles a suspender las fiestas no autorizadas que se realizan en las aulas, con grave riesgo para los propios estudiantes y con daño al patrimonio público, y cuyo cometido expreso es recaudar fondos para algunas agrupaciones (un uso particular del espacio público). Y donde, cuando se rompen vidrios, cosa que ocurre con alguna frecuencia (tres veces en los últimos dos meses), junto a ventanas y puertas forzadas y robo de computadoras, ninguna agrupación reclama ni protesta. Habría que agregar también la existencia de causas contra la facultad en varias fiscalías de la ciudad como resultado de las fiestas, a las que tuvimos que asistir a declarar o conciliar.
Del mismo modo, el gobierno de la facultad se ha planteado dispuesto a encarar las dificultades de los estudiantes de menores recursos, lo que no implica ni debe implicar subsidiar al centro de estudiantes, como le ha sido pedido, porque cree en la autonomía del movimiento estudiantil y no en las prebendas.
Algunas agrupaciones estudiantiles necesitan borrar estos que son más que matices. Necesitan hacer campaña ante las próximas elecciones de centro de estudiantes y, a la vez, impulsar su inserción en el movimiento de estudiantes secundarios, amontonando en una misma lógica descalificatoria a los gobiernos de la Ciudad, de la Nación, de la UBA y de la facultad. Todo es igual, aparentemente.
El gobierno de Sociales reitera, en esta coyuntura, su vocación de diálogo y su disposición negociadora, apenas se constaten condiciones razonables para avanzar con ellas. También, su alineamiento indeclinable por una universidad pública al servicio de las causas democráticas y populares. Hay un ancho espacio para transparentar y dirimir las diferencias en el camino de construir, al mismo tiempo y entre todos, una universidad mejor y más justa. Llamamos a la entera comunidad de Sociales a retomar este camino.
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