“Es cosa de creer en uno mismo”

César Gómez en Morón, Buenos Aires. Bichi Luque en Córdoba. Ambos son jóvenes, vienen de la villa, participan en política y aspiran a gestar un cambio. Diálogo imperdible a las puertas del penal.
César Gómez (Camilo Blajaquis) y Bichi Luque. Dos referentes jóvenes de los barrios humildes de Buenos Aires y de Córdoba, en una charla profunda.

Familias numerosas, o mejor dicho, madres solteras con muchos hijos. El sonido de un disparo en una esquina, diez disparos de respuesta en la otra. Charlas de vecinas a través del alambrado: “Che, ¿te enteraste que lo mataron a fulano?” (*).

Los muchachos salen de la visita en el Penal de San Martín. Es lunes a la siesta, y acaban de juntarse a charlar con los internos del taller de periodismo. Se los ve un poco molestos: “Nos mandaron una guardia a vernos especialmente a nosotros. No hay caso, las fuerzas de seguridad nos siguen viendo como peligrosos”.

La queja viene de Bichi Luque, cordobés, “humilde”, como se define. Militante de los derechos de los chicos de la periferia, y uno de los mentores de la anual Marcha de la Gorra, contra la “portación de rostro” y el Código de Faltas.

Hace de anfitrión de César Gómez, pibe como él, militante como él. Veintiún años, habitante de la Villa Gardel de Merlo, en el conurbano bonaerense. Cinco años de cárcel, desde los 16. Varias entradas a institutos de menores. Hoy estudia filosofía, dirige una revista, y se convirtió en poeta, firmando como Camilo Blajaquis. A fuerza de cultura y compromiso, logró dejar atrás al “pibe chorro” y convertirse, como Bichi, en referente.

Ahí, en la vereda misma de la Penitenciaría, se permitieron un mano a mano con Día a Día para hablar sobre la realidad, la discriminación y la forma de vencer ese destino que parece irremediable.

–¿Sirve para algo la cárcel?

–César: No hay lugar más al fondo de la existencia humana que la cárcel. Y no es que a mí me sirvió la cárcel. Fueron la cultura y el arte. Pasa que las conocí adentro del calabozo. De haber sido afuera, me hubiera ahorrado cinco años de terror. Si a los pibes de la villa les dieran las herramientas culturales, artísticas y deportivas, y se garantizaran sus derechos, no habría necesidad de ninguna cárcel.

–Bichi: La sociedad actual nos quiere acostumbrar a ver las cosas en blanco y negro. Sin grises. O me rescato con el modelo que proponen ellos, o me termino convirtiendo en el enemigo que necesita la Policía, el sistema penal y la cárcel para justificar su existencia. Y a veces hay una naturalización.

La iniciación sexual bien temprana. Los guachos, las pibas. Los que se van a trabajar con sus bolsitos y sus bicis. Más patadas que gambetas en el campeonatos de fútbol, los domingos por la tarde. Los evangelistas y sus gritos. El guiso salvador del mediodía, el mismo guiso a la noche, lo que quede del guiso mañana (*).

–¿Qué cambió para que hoy la cultura villera y el reclamo de los humildes tengan otra percepción?

–César: Creo que hay una voluntad política de seguir profundizando en una realidad en la que los actores sociales pueden ser visibles. Venimos de una dictadura y de una década del ‘90 en la que los villeros éramos invisibilizados, donde nuestra palabra no importaba. Ahora ya no está el miedo a expresarse. El tipo de la clase baja puede decir su verdad.

–Bichi: Aún con todo esto hace falta hacer más visibles nuestras acciones. Falta más compromiso cotidiano de la gente, y también el compromiso del Estado para facilitarnos las herramientas. Nuestra gente nos considera referentes, pero la sociedad nos sigue poniendo a todos en el lugar de siempre.

–César: En la provincia de Buenos Aires no existe la figura del merodeo. Y nadie se muere por eso. Aunque sigue habiendo una psicosis constante por la seguridad. Pero todo eso que nos pasó como sociedad antes, permitió que ahora no se repriman más las marchas. Y hoy en día, los barrios han recuperado mucha dignidad y hay un clima en el que uno no tiene miedo a expresarse, a escribir, como hubiese sido en otra época.

La cumbia poniéndole ritmo a la miseria. Maradonas que mató la Policía, que están en cana o laburando en una fábrica y que derrochan su magia, pero en una canchita de barrio. La avenida y su frontera, que divide a la villa del mundo (*).

–Ustedes son referentes de un sector oculto de la sociedad. ¿Vienen con un mensaje?

–César: El mensaje... mejor que lo den los pastores. ¿Quién soy yo para decirle a un chico: “rescatate loco”?. Lo único que le puedo decir es que desconfíen. Desconfíen de los discursos de los medios, de lo que les dicen los psicólogos dentro de la cárcel. Que desconfíen del autoritarismo que les imponen a los jóvenes, porque cuando sos joven querés ser libre, y tenés toda una potencia para desarrollarte en algo creativo. Ése es el mensaje.

Bichi: Como referentes que somos se nos piden muchas respuestas, cuando en realidad nosotros somos los que tenemos preguntas, y la única respuesta que encontramos hasta ahora es el valor de la lucha colectiva y del compromiso.

–Hasta ahora el clientelismo ha sido la forma de llegar a las clases bajas ¿Cómo se supera?

–Bichi: Se superará cuando los humildes nos demos cuenta de ese poder de la palabra que tenemos como herramienta principal. Cuando abandonemos el resentimiento y la desconfianza mutua, cuando dejemos de buscar culpables abajo y no arriba. Cuando nos enriquezcamos con el compañerismo mutuo, te aseguro que el clientelismo no nos va a poder penetrar.

Las velas derritiéndose en los mini-santuarios con las fotos de los pibes que murieron a manos de las balas, paredes que recuerdan sus hazañas. Panorama de vida que siempre tiene olor a celda, a plomo, a trabajo en negro o en gris... o a traje de encargado de limpieza. Es la villa, es otro mundo, es vivir apartado (*).

* Poema “Villas: Así se vive apartado del mundo”, Camilo Blajaquis).

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Animarse a la política

Algo que también parece haber unido los destinos de César Gómez y de Bichi Luque ha sido su participación en la política. Ambos figuran como candidatos a concejales de Morón y de Córdoba, en las listas del partido Nuevo Encuentro, espacio filo K.

“La política sirve para construir tu identidad, para posicionarte como referente”, dice Bichi, que figura en la lista de Carlos Vicente. Él admite que el término “referente” le “cabe”, al decir que su trabajo es “la necesidad de transmitir mensajes y generar el compromiso”.

César no se queda atrás al decir que “sin la política no hay otra forma de relacionarse y construir en la sociedad”. Pero le agrega que esto se logra “desprendiéndose de los individualismos, donde el yo deja de existir y donde comienza a aparecer el nosotros”.

Fiel a la dialéctica que seguramente mama en la Facultad de Filosofía, el pibe de Morón cree en “el eterno retorno hacia la verdad. Creer en uno mismo y no esperar a que otros crean. Y desde ahí trabajar sobre la política, que es un concepto que se reinventa todo el tiempo con el diálogo”.

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