Alperovich refinancia su dependencia económica, pero mantiene su falta de libertad política. Es Kirchner quien decidirá sobre su futuro. La oposición aún atrasa
El "Mal de Yedlin" contagia a todos los alperovichistas, y sus síntomas varían de acuerdo a quién sea el afectado.
El ministro sabe perfectamente y reconoce que se mandó una macana al firmar el pago de $ 800.000 a una fundación que no existía y que se constituyó tres meses después, como pasó con la Fundación Salud (Funsal) del chileno Héctor Silva Olivares. Si el funcionario reconoce que hizo mal -y que estuvo por hacerle perder casi un millón de pesos a la provincia-, se le perdona la vida. ¿Le ocurriría lo mismo al ministro de Economía, Jorge Jiménez, o al fiscal de Estado, Pedro Giúdice, por citar dos ejemplos cualesquiera?
El gobernador en persona se ha ocupado de defender a Yedlin, como si fuera absolutamente inocente. Si lo es, ¿por qué no hay responsables hasta ahora? Ha pasado demasiado tiempo. ¿A quién y por qué se encubre?
Aunque ambas partes se cansen de desmentirlo, más de un funcionario ha reconocido ante LA GACETA que muchas veces se ha consultado previamente -y con total bonhomía y buena onda- al Tribunal de Cuentas para evitar cometer una falla o, mejor dicho, un ilícito. ¿Por qué en este caso no se hizo? O hubo una actitud en contra de Yedlin o de a quien se esté encubriendo en el Tribunal de Cuentas o el exceso de confianza en ese organismo aceptaba un vía libre para cualquier cosa. El "Mal de Yedlin" ahora pone en un estado de preocupación a los funcionarios que temen consultar en forma previa al Tribunal de Cuentas.
El gobernador, como buen funcionario de estos tiempos, confunde y no es capaz de dimensionar la gravedad de proteger a un funcionario que hizo mal los deberes.
Alperovich cree que está en una pulseada con la prensa. Razona como los viejos políticos que decían "no les voy a entregar un funcionario a los periodistas". Semejante precariedad en el razonamiento es como imaginar que los periodistas anotan -como los cowboys- una mueca en su revolver por haber hecho que se vaya un funcionario. Alperovich no alcanza a entender que eso no sólo es antediluviano sino que, además, está absolutamente lejos de la realidad. Pero lo más grave es que ha diluido el poder y la calidad de su ministro.
Yedlin es el puching ball del gobierno alperovichista. Aunque algunos dicen "es un buen chico" y no le pegan, casi todos le asestan algún golpe. Sea por equivocarse; o porque encubre a alguien; o porque Alperovich lo protege.
A pocos meses de que Manzur asumió como vicegobernador, Alperovich llegó a afirmar entre gente íntima que había ganado porque tenía un vicegobernador fiel -no dijo obsecuente- y un mejor ministro de Salud. Hoy con la actitud sobreprotectora hacia Yedlin sólo transmite la idea de que se trata de "un pobre chico que se equivocó" y de hay que tratar de que no se deprima y siga trabajando.
El "Mal de Yedlin" atonta. Pone en guardia a los funcionarios, exacerba los ánimos y diluye el poder de quien es afectado.
Esta semana no sólo aumentó una denuncia más en la Justicia sino que además se le rieron los autoconvocados que utilizaron la multa con la que el Tribunal de Cuentas castigó a Yedlin para realizar sus reclamos.
El viernes a la noche el ministro de Salud fue a disertar al Partido Justicialista. En el PJ tuvieron especial cuidado para que nadie lo atacara, y no faltaron algunos miembros del equipo de José que dijeron "voy a ir para respaldar al pobre Pablo". Si todo está bien y todo es una simple pulseada de la prensa, por qué un grupo de médicos se le ríe, por qué en el PJ toman precauciones y por qué sus colegas quieren apoyar al pobre funcionario. El "Mal de Yedlin" confunde.
A las casillas de correo de los legisladores Esteban Jerez, Federico Romano Norri, los no tan hermanados Ricardo y Luis José Bussi; a la del senador José Cano y a la del díscolo diputado Juan Casañas llegó un mail con detalles sobre la causa Funsal. Allí responsabilizan de todo lo ocurrido al hombre que inventó Alperovich, el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur. En ese envío se barajan varios nombres y dejan a salvo de nuevo -como Alperovich- la honorabilidad de Yedlin. Mucho van a tener que investigar aquellos representantes del pueblo para dilucidar esa cuidadosa denuncia en la que se barajan nombres de personal del Siprosa que habrían mejorado notablemente su patrimonio.
Por salvar a Yedlin del escarnio de la prensa, como él piensa, Alperovich sigue aventando la causa que más daño le debe haber hecho a su gestión. Parece que quisiera apagar el fuego con las mangueras del subsuelo de Casa de Gobierno. Si es así, a mal bosque va por leña: un expediente da cuenta de que, a metros de la Dirección de Defensa Civil, en 25 de Mayo 90, seis armarios no cuentan con mangueras, y a tres de estas les faltan las boquillas.
Deporte nacional
Hay quienes tuvieron tiempo de colocarse unas dosis de la vacuna contra el "Mal de Yedlin". En el Hipódromo están que trinan porque ya se va gastando $ 1,048 millón en un emprendimiento, sin que se haya llamado a una mísera licitación pública.
El interventor de la Caja Popular ya habría dado la autorización para que la cancha esté lista cuanto antes. Además, Francisco Sassi Colombres dio el visto bueno para que se construyan tres baños y para que se realicen los arreglos necesarios en la confitería. Según los propietarios -que relinchan cuando suman- este emprendimiento le costará a la Caja Popular $ 150.000 por la parquización, $ 100.000 por el riego y $ 48.000 por el combustible. Los sanitarios implicarían un gasto $330.000 y las demás mejoras estructurales se llevarían una inversión de $ 420.000. Quedan las dudas si el Tribunal de Cuentas debiere intervenir en estas contrataciones directas. Los propietarios del Hipódromo siguen con la calculadora en la mano y creen que se podría revitalizar la actividad comprando 100 caballos con ese monto, en vez de construir esta cancha... de Pato. Por muy nacional que sea el deporte, parece una suma exagerada para una actividad que ha perdido su popularidad, hace ya muchas décadas.
Valores devaluados
-¿Qué va a hacer el gobernador?
-Sólo él lo sabe. Espera que Néstor se decida en marzo y ahí verá si es candidato a vice o a gobernador. Aunque creo que no quiere ser vice. No es fácil. La historia dice que el vicepresidente o no existe o es traidor.
-¿No le convendría a Alperovich dar un paso al costado? El desgaste de tantos años puede hacer aparecer casos de corrupción.
-Esperá, ¿a quién le importan los casos de corrupción?, mirá lo que ocurre a nivel nacional...
Esta vez no fue un diálogo ficticio con un periodista desesperado por escribir una nota, como alguna vez genialmente lo imaginó Osvaldo Soriano y otras se lo hace en esta columna. Esta vez fue real y llama la atención.
En las altas esferas del poder están convencidos de que cualquier hecho de corrupción es una cuestión de tiempo o un invento de la oposición o de la prensa, pero no hace perder elecciones ni bajar puntos en las encuestas.
El pacto social, sin dudas, está más roto que el candado de la valija de la pasajera Marianela López, que despachó su bolso en perfecto estado y lo recibió dañado en Aeroparque. Los valores se desvirtúan cuando desde las altas esferas del poder se reconoce que tiene más sentido hacer aunque se fuercen leyes o acuerdos sociales.
-Yo tampoco entiendo, pero me doy cuenta de que da resultado abandonar ciertos principios en pos de una gestión.
Después de decir esto se despidió. A pocas cuadras de ese bar, Alperovich festejaba que su obsecuencia a los Kirchner le había dado resultado, porque había conseguido la refinanciación de su deuda.
En tanto, da la sensación de que la oposición atrasa como el cartel de la municipalidad sobre el puente ferroviario de 24 de Septiembre al 1.200, que anuncia que Los Pumas jugarán en Tucumán contra Escocia.





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