La corrupción se ganó un lugar en esta campaña

Fernando Gonzalez

Aunque a ninguno de los dos sectores les guste (salvo a los que integraron las dos corrientes), es inevitable comparar algunas características de las etapas menemista y kirchnerista. Carlos Menem no pudo evitar que la corrupción se convirtiera en un tema de campaña en 1995 y hasta que surgiera una fuerza opositora (el Frepaso) que creció a partir de las deserciones que el peronismo comenzó a tener cuando arreciaron las denuncias y los casos en la Justicia.

Hoy es el kirchnerismo el que comienza a sufrir el impacto de dos escándalos (el caso Schoklender y la pelea surrealista de los ex directores del Inadi, Claudio Morgado y María Rachid) con denuncias de corrupción como trasfondo. La matriz corrupta que se vislumbró en casos como Skanska o las contrataciones de Ricardo Jaime adquiere ahora dimensión popular porque entre los responsables el apellido Schoklender está registrado en la memoria de muchos argentinos tras el crimen de sus padres por el que se los condenó y se los encarceló.

Hace 16 años, la economía benefició a Menem y terminó siendo reelecto. Si Cristina quiere diferenciarse, tiene por delante el desafío de atacar en serio la corrupción y no taparla con el boom del consumo escapando hacia octubre como si el problema no existiera.

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