Por Ricardo KirschbaumBoudou y De Vido parecían hablar de otro gobierno. O de una administración que llegaba para reemplazar a otra que había sido derrotada. Pero lo que estaban anunciando para ahora y el futuro eran correcciones profundas a la política económica que ellos han instrumentado hasta aquí .
La idea, dijeron por fin, es ir desmontando un sistema inequitativo que, objetivamente, beneficia más a las clases medias y acomodadas que a quienes más necesitan de la ayuda estatal.
El reconocimiento de esa inequidad sugiere dos reflexiones. La primera es que eso era sabido y tolerado por razones estrictamente políticas. Que Boudou hable de Puerto Madero, donde vive, y de los countries, en alusión a la chacra de De Vido, tiene hoy una cuota de hipocresía , aunque la dirección fuera correcta. Aún así, hubo cálculo político: el traspaso y la quita de los subsidios a los subtes, que utiliza todo el mundo, deja en manos de Macri la suba tarifaria. El objetivo es que el costo lo pague él .
La segunda conclusión, más importante, es que la política económica está encontrando límites y eso apura decisiones postergadas por las elecciones , como lo que está ocurriendo con el dólar. Las medidas de control, no han traído tranquilidad a los ahorristas sino temores . El Gobierno fue detrás de los acontecimientos. En su intento por recuperar terreno perdido mostró impericia y dosis de arbitrariedad. Y no lo ha logrado todavía.

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