Los corrales de piedra: entre el Patrimonio y el Turismo

En la tarde del jueves 1ro de noviembre, en la Sala B del Centro Cultural Universitario, el concejal del bloque del PJ-Frente para la Victoria, Eduardo “Toni” Ferrer, esta vez en su rol de historiador, brindó una charla. El tema, que apasiona a propios y extraños, fue el de los corrales de piedra, su preservación y la relación entre este patrimonio con el turismo y lo rural. Organizado por La Cámpora, se acercaron estudiantes de las carreras de Historia y Turismo, así como público interesado.
Para situar en contexto, Ferrer introdujo en la charla algunos apuntes sobre antiguos pobladores de este suelo: pampas, serranos, tehuelches y mapuches. Según el docente, “con los serranos, los historiadores locales tienen una asignatura pendiente. Confundidos con los pampas, habitaban el sistema de Tandilia y Ventania. Hay una documentación en el Cabildo de Buenos Aires, de 1778, que dice que ‘a los serranos hay que tenerlos bien retirados porque son peligrosos, más allá del Saladillo (por el Río Salado), porque vienen, roban y son muchos más belicosos que los pampas’. Hubiera sido bueno que se estudiara seriamente la cultura, la lengua y la situación económica de todas esas parcialidades antes de homogeneizarlas como ‘pampas’”.

Ferrer explicó que “a los serranos y mapuches se les adjudica la construcción de los corrales de piedra, según la documentación dejada por representantes de la Corona Española, en reconocimiento de campos y sierras en esta zona, en 1772, donde se habla de los serranos como habitantes de los corrales. Algunas de esas fuentes adjudican más de 300 años a esas construcciones, a las que encontraron incluso ya destruidas. Los mapuches, en zona cercana a la cordillera, hacían corrales de piedra en las laderas de los cerros, cercanos a algún curso de agua, camuflados, muy difícil de verlos desde la llanura, que servían para guardar animales, como defensa, como hábitat, y eso es trasladable igualmente a esta región”.

Sin embargo, nada puede explicarse sin hablar de la Feria del Chapaleofú, “donde se comercializaba desde Tandil, desde la zona del corral Limache, intertribalmente y con la gente de Buenos Aires. Un gran comercio de sal, ponchos, plumas, metalifería de plata, entre otros productos. Los blancos y los aborígenes vivieron pacíficamente más años que lo que la historiografía tradicional menciona; las dos comunidades cuidaban y se cuidaban para que esa paz no se rompiera, porque ambas se necesitaban. La frontera era dinámica: avanzaba y retrocedía”.

El historiador remarcó que, junto a la coautora de “Los corrales de piedra. Comercio y asentamientos aborígenes en las sierras de Tandil, Azul y Olavarría”, no afirman que todas las construcciones de piedra sean aborígenes. “La mayoría de las construcciones de piedra del partido de Tandil, tal lo que marcan las fuentes historiográficas, son aborígenes. No descartamos que pueda existir una construcción que haya estado incluso mandada por los mismos españoles para que los indios la construyan. Uno de los problemas que se plantea con el estudio de los corrales es que, a la hora del trabajo arqueológico, han sido reciclado muchas veces. En algunos campos, incluso, ha habido litigios sobre esos corrales”.

Redondos, cuadrados, rectangulares, sin perímetro fijo. Muros simples y muros dobles, con pequeñas piedras adentro. Encajando piedra sobre piedra, sin agregado de argamasa o pegamento alguno. Los corrales de piedra se han conservado a lo largo de 300 años y hoy se están deteriorando seriamente. “Si se lo compara con el Fuerte Independencia, a casi 50 años de su fundación, para fines de la década de 1860 estaba en ruinas. De un lado a otro de los muros, no entraba una mínima luz, lo que demuestra la calidad y técnica de sus hacedores”.

Agregó que “la mayor cantidad de construcciones de piedra se encuentra entre Vela y Gardey. De acuerdo a los últimos datos acercados por la doctora Victoria Pedrotta, se han descubierto unas diez o quince construcciones más, superándose las cuarenta construcciones de piedra, verdaderamente significativo para el turismo rural”. Se expusieron varias imágenes de corrales que aún resisten por la zona de Vela y Azul. Y llegó la pregunta sobre la situación de esos lugares, respecto a si son de acceso público. “Todos los campos son privados. Hay que hablar consensuar con los dueños. Desde la Escuela Secundaria de Vela hemos gestionado expediciones de arqueólogos y entrábamos con los contingentes, tranquilamente, a visitar algunos corrales. Hay que pedir permiso. Las construcciones de piedra figuran en el catálogo de Patrimonio Cultural del Municipio, por lo que tendrían que cuidarse. Podrán decir que son propiedad privada, pero el Teatro Cervantes también es privado y se luchó para que se le arreglara, al menos, el frente, como dice la ordenanza”.

Consultado por Política Tandil sobre la manera en que el Legislativo local podría introducir a los corrales de piedra en la oferta del circuito turístico, Ferrer expresó que “todo lo que tiene que ver con las construcciones de piedra en el partido de Tandil, Azul y Olavarría (todo el complejo de construcciones de la región), hay que estar muy atentos para integrarlo al cronograma de circuito turístico. Hay que conocer muy bien la historia, porque son nuestras ruinas antropológicas y porque significaron mucho para las poblaciones aborígenes y el movimiento comercial que se desarrolló desde Tandil hacia distintas direcciones. Más allá que estén dentro del catálogo del Patrimonio Histórico y Cultural, y que se tenga que conservar, hay que empezar a dialogar con los dueños de los campos, ver en qué condiciones están los corrales de piedra, y ver cómo se los puede acondicionar para comenzar a visitarlos en un futuro cercano. Es una salida interesante. Ya la hemos hecho, con otras autoridades de Turismo, y ha gustado. La gente busca ahora, en el turismo rural, cuestiones más emocionales, y está muy bueno que esto se comience a planificar”.

Finalmente, sobre la posibilidad de aplicar alguna ley provincial ya existente al respecto, Ferrer señaló que “Tandil está bastante adelantado en cuanto a la legislación para preservación de patrimonio. Aunque tener legislación no significa necesariamente que tengamos un control. Estamos necesitando una ley provincial. Estoy potenciando una ley, escrita por las doctoras Pedrotta y María Luz Endere. Voy a tratar de gestionarla a nivel provincial, para que se tenga una preservación mucho más profunda, mucho más amplia”.

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