Coronados de gloria

Anoche los sanjuaninos interpretaron un canto del Himno histórico, en un inédito show de color y sonido.
Los tiritones por el frío intenso que se sentía frente al imponente Submarino se mezclaban con las altas palpitaciones cardíacas en las alrededor de 600 almas que anoche, justo en el primer minuto del 25 de mayo de 2010, le dieron al país y al mundo un regalo del Bicentenario nunca antes visto. Lo que se volcó en cadena nacional anoche fueron imágenes y sonido por apenas los cerca de 4 minutos que dura el Himno Nacional Argentino, pero con una gigantesca preproducción y una significancia histórica. Quizá por eso, hubo lágrimas en muchos de los afortunados que vivieron la experiencia en Ischigualasto.

El megaespectáculo para honrar los 200 años de la Patria se hizo en medio de la nada. Para llegar al lugar elegido, hubo que viajar 255 kilómetros desde la ciudad hacia Valle Fértil, 78 kilómetros desde la villa cabecera hasta la entrada del Parque Ischigualasto y adentrarse por un camino de tierra unos 20 kilómetros hasta llegar al Submarino, una de las principales atracciones del Valle de la Luna. Todo, de noche y casi en invierno.

El frío anoche calaba los huesos pero el clima regalaba una noche estrellada que le daba un marco pictórico al show. Impresionaba desde el camino a lo lejos, cuando se podía ir descubriendo entre las curiosas formas haces de luz cruzando el cielo y las rocas teñidas de colores y atravesadas con palabras que los argentinos conocen desde la primaria y que tocan fuerte adentro.

El centenar de artistas, mitad bandas de la Policía y RIM 22, mitad coreutas de la UCC y UNSJ (dirigidos por María Elina Mayorga), se confundieron con la geografía, ubicados en el escenario natural, desigual, empedrado y habitado por yuyos, enfrente del Submarino, engalanado para el festejo pero con puntillosos cuidados para preservar el patrimonio de la humanidad.

La orden llegó y cantaron como jamás lo habían hecho, vestidos con ponchos sanjuaninos. Enfrente, por un lado, un público selecto de autoridades encabezadas por el Gobernador, miembros de fuerzas vivas locales y unos 150 vallistos que pidieron estar.

El mejor intento de la televisión y la tecnología al servicio del momento quizá emocionó a los argentinos del otro lado del televisor, pero a los que pudieron estar en el lugar, les ofreció un disfrute que difícilmente tenga comparación. El ilustrador Jorge Rodríguez inmortalizó el instante en un cuadro hecho a mano alzada mientras se cantaba.

Durante la canción patria, la superficie del Submarino se transformó en una megapantalla a todo color. Cadenas que se rompían, nubes, cintas celestes y blancas, la mano de Dios escribiendo "Oid mortales", "Las provincias unidas del Sud", pájaros escapando hacia el infinito, soles radiantes, un cóndor en vuelo rasante, laureles agitándose al cielo y, al final, +Coronados de gloria vivamos+. Y luego, la bandera argentina flameando en la roca.

Los 1.500 globos gris plata y azul se estaban elevando para el cierre, cuando los aplausos y abrazos entre tiritones de los presentes derrocharon argentinidad.

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