Finalmente, Schiaretti tuvo que recular. No por convicción. Pero el riesgo era muy grande: quedar aislado no sólo dentro del concierto de los gobernadores peronistas y en oposición con el próximo gobierno nacional, sino también dentro de la propia provincia de Córdoba, donde la unidad del pan peronismo ha pegado muy fuerte.
Córdoba
Con la cabeza gacha, Schiaretti fumó la pipa de la paz con Alberto Fernández
Más que forestar
El municipio recibió 1.500 plantines de algarrobo y analiza crear un parque autóctono.
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