Por Orlando FerreresComo en las clásicas tragedias griegas, el coro ya nos dice desde el inicio lo que va a ocurrir al final, pero igual es fascinante vivir cada uno de los pasos de esas obras hasta llegar a confirmar los presagios del inicio de cada tragedia. No todo es igual, pero hay bastantes similitudes entre la situación actual de Grecia y la Argentina en 2001. Algunos ejemplos: exceso de gasto público, grandes deudas del Tesoro difíciles de pagar y de refinanciar, shocks externos que generan recesión y desconfianza del sistema financiero internacional en la posibilidad de seguir "escapando para adelante" frente a una situación insostenible en el largo plazo. Repasemos de manera simplificada los hechos de Argentina y Grecia.
Si bien estaba prohibido emitir dinero para cubrir déficit del Tesoro, no estaba prohibido emitir bonos de la deuda pública para financiar el pago de sueldos cada vez más altos en dólares a los empleados públicos y a los jubilados del sistema de reparto estatal, es decir, gasto corriente nacional, provincial o municipal. Los gastos en obras públicas eran muy pequeños. Como el gasto público consolidado creció en forma incompatible con la convertibilidad, de 28.000 millones de dólares (o pesos) en 1991 pasó a 96.000 millones de dólares en 2001, no alcanzó para financiarlo con los impuestos, aunque éstos se elevaron bastante (ejemplo: el IVA pasó de 13,6 % a 16%, luego a 18% y finalmente a 21%). Por lo tanto, se recurrió a cubrir el déficit fiscal de entre 10 y 12 mil millones por año con deuda externa en dólares.
La deuda creció significativamente, pero al ocurrir las crisis de 1997 de Tailandia, Filipinas, Malasia, Indonesia y otros países asiáticos, luego la de Rusia y finalmente Brasil con su devaluación inconsulta dentro del Mercosur en enero de 1999, fue difícil colocar bonos, lo que sólo se consiguió a corto palazo y a tasas cada vez más altas. En 2001 el gobierno logró en 2001 bajar en un 13% los sueldos de los empleados públicos y las jubilaciones, pero, además de ser insuficiente, fue muy impopular. Trató de alargar los plazos con canjes de la deuda interna, pagando tasa de hasta 15 % en dólares, y también intentó el canje de la deuda externa, aunque no llegó a tiempo, al cerrarse los mercados para Argentina. También el FMI decidió no respaldar más la estrategia del gobierno argentino, lo que se visualizó como la proximidad del fin de ese sistema.
Los bancos perdieron depósitos transformándose los pesos en dólares. Las reservas cayeron vertiginosamente y los bancos se encontraron sin liquidez. Se pusieron tasa de interés máximas, lo que acentuó la desconfianza. Y finalmente no se permitió retirar dinero del sistema (corralito), aunque sí usarlo allí adentro. La gente reclamó en los bancos golpeando cacerolas. Finalmente el gobierno se vio obligado a renunciar y las nuevas autoridades salieron de la convertibilidad de manera caótica, pesificando la moneda, los depósitos en dólares y los contratos de deuda, con una transferencia de ingresos que fue mayor al 30% del PIB del país. La pobreza creció hasta 56 % de la población por la maxi-devaluación de 1 a 3 pesos por dólar.
La situación de Grecia
Grecia tampoco puede emitir dinero para financiar el déficit de su Tesoro, pues no tiene moneda propia sino que usa el euro y éste está administrado por el Banco Central Europeo. En esa situación se asemeja mucho a la convertibilidad argentina, que usaba el dólar, el cual era manejado por la Reserva Federal de Estados Unidos. Frente a esta situación y contando con la experiencia argentina, los países del área del euro no deberían tener un déficit fiscal relevante y permanente y mucho menos aumentar su gasto público para financiar el abultado déficit fiscal corriente con deuda pública, como hizo Grecia (y también otros países de la zona del euro).
Sin embargo es lo que ocurrió, convalidado por las buenas notas de las agencias de calificación, la deuda pública griega llegó a 350 mil millones de dólares o más, porque hay algunas dudas sobre las cifras, para un producto bruto de Grecia que es aún menor que el de Argentina. Es una situación difícil de sostener. La crisis financiera internacional de 2008/9 fue un shock que afectó la débil posición de Grecia, la que hizo eclosión en los primeros meses de 2010.
Ahora se puso en marcha un paquete de rescate liderado por la Unión Europea y FMI, no para disminuir la deuda, sino para ir pagando lo que vence en los próximos 12 meses (alrededor de 150.000 millones de dólares). Pero la deuda no disminuye por este mecanismo. También se aprobó un paquete de reducción de gastos, con la consiguiente impopularidad que trae aparejado vivir primero por encima de las posibilidades del país y luego tener que ajustarse a una realidad que no se había vislumbrado.
El déficit fiscal de Grecia fue de 13% del PBI en 2009 y ahora se procura disminuirlo, pero igual va ser alto. Su productividad es mucho menor que la del promedio de los países de Unión Europea y además crece a un ritmo menor. Ya el mercado paga solo 65 % por cada 100 de papeles de la deuda griega. Hay temor de un "contagio", como ocurrió en 1997, 2001 y 2008, pues además hay muchos países de la Eurozona con altísimos déficit fiscales. Por eso no alcanzó exclusivamente con el salvataje de Grecia y se necesitó un apoyo financiero de 900 mil millones de dólares, para sostener a los bancos y al euro de una desconfianza creciente que se venía apoderando de los mercados. Estos rescates actúan como "respirador artificial" de la situación financiera, dan tiempo para sanar realmente la economía, aunque no son el remedio por si mismos.
Lo que el coro anuncia es ambiguo, pero las lecciones de Argentina y Grecia son claras: no es viable tener un sistema similar al de la convertibilidad o el euro, aun cumpliendo la regla de no tener emisión monetaria para cubrir necesidades del Tesoro, pero con libertad para incrementar el gasto público y cubrir la brecha deficitaria con emisión de bonos deuda. Es más, para no tener inflación, que es la manera de licuar el gasto público excesivo cada año, como hacen casi todos los países del mundo (la inflación mundial es comúnmente de 2-3 % anual), es necesario tener equilibrio fiscal corriente permanente. Como todos quieren vivir más allá de su productividad, la inflación es un mal del siglo XX que se prolonga en el tiempo y no sabemos hasta cuando.
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