Controles: Sobre una falta de eficiencia

Se reiteran en nuestra ciudad los problemas del tránsito. No hay un solo día en el cual deje de suceder algún accidente, sea éste de mayor o menor gravedad. No se respeta el sentido de circulación por la derecha y, más aún, hay quienes demuestran, como si tuviesen un problema de lóbulos cerebrales, entenderlo exactamente al revés y se dedican a hacerlo por la mano izquierda, poniendo en dudas al que debe sobrepasarlo en cuanto a qué maniobra deberá hacer para no perjudicarlo ni perjudicarse.
Precisamente, con las maniobras de sobrepaso ocurre otro tanto. Nos enseñan que deben hacerse siempre por la izquierda y como en el caso anterior, existen innumerables conductores que lo hacen por la derecha. Esta violación permanente de las normas es una de las causas por las que hay tantos accidentes en nuestra ciudad. Atención que dijimos una, lo que lleva implícito el hecho de que hay más: la velocidad excesiva es una, la ignorancia de las luces de los semáforos es otra, la pretensión de “ganarle por adentro” el paso al que va a estacionar a 45º lo es también y hay una extensa serie de factores que inciden en el alto riesgo que significa transitar hoy por las calles de Baradero.

Cuando le preguntamos a cualquier vecino cómo estima que debería solucionarse el problema, la respuesta ampliamente mayoritaria pasa por decir que hay que establecer controles. Es cierto que hay matices, pero en el fondo la respuesta es casi invariable.

Lo que tratamos de decir es que la población percibe claramente que el tránsito es un caos y que para ponerle remedio, es necesario establecer controles eficaces.

¿Y los que trabajan?

El desorden del tránsito es un hecho evidente, inocultable; pero en la sociedad de Baradero hay otro desorden que, con ser difundido, no resulta tan evidente: es el del empleo mal pago y “en negro”.

Días pasados tuvimos oportunidad de hablar con alguien de nuestra ciudad que trabaja 11 horas por día, de domingo a lunes, con un franco semanal rotativo. Por esa tarea percibe $ 2300 mensuales. ¿Será ése el salario que corresponde a dicha tarea? Creemos que no.

No lejos de ahí encontramos a alguien que realiza tareas de reposición de mercadería, carga y descarga, controles, verificación y que, también, cumple un extenso horario con igual lapso semanal y sistema de francos rotativos que en el caso antes citado. Todo por $ 2500 mensuales que además se le abonan “en negro”. En este caso no cabe duda de la ilegalidad de la situación.

Cuando nos proponemos investigar el tema surgen a montones situaciones similares. El padre de una empleada de un hotel sampedrino, de esos que la van de categoría internacional, trabaja en él desde hace años por poco dinero ¡y también en negro!

En los tres casos que mencionamos ni siquiera existe el atenuante de que se trate de comercios ínfimos, afincados hace pocos meses o con las dificultades inherentes a muchos inicios. Todo lo contrario, y el caso más ejemplificador es el del promocionado hotel.

¿Y los controles?

No hace mucho, y además fueron hechos reiterados, en nuestra zona fueron hallados obreros recolectores de fruta explotados y alojados en muy malas condiciones. Los organismos de control realizaron una eficiente tarea que reflejamos y elogiamos desde nuestras páginas ya que, de no ser por eso, los “peones golondrinas” seguirían siendo los exprimidos de siempre. Ahora al menos, sabiendo que los organismos de control están funcionando, los patrones adoptan las medidas que la ley indica y si no lo hacen corren el riesgo de ser detectados y expuestos públicamente como explotadores, situación no muy agradable y que, en casos, resulta más eficiente que la multa que se les aplica, ya que la difusión periodística de esos casos supone una condena social difícil de ser levantada.

No sabemos por qué, entonces, las inspecciones que llegan a establecimientos de campo, situados en oportunidades a varios kilómetros del centro urbano, no resultan de la misma eficacia cuando de detectar incumplimientos legales se trata en el centro de la ciudad.

Se objeta que hay poco personal, deberíamos en tal caso reclamar que haya el necesario. Se dicen también otras cosas, pero es fácil hablar sin pruebas y condenar a todos ha de ser la tarea más grata para muchos que opinan sin saber cómo funcionan los organismos de control.

Nuestra intención, en principio, es llamar la atención acerca de un tema que muchos conocen pero del que se habla poco en los medios de comunicación. Durante la semana intentaremos charlar con los responsables locales para tener un panorama más íntegro de esta injusta y por lo tanto dolorosa realidad.

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