Sostienen que operan hasta 30 vuelos por turno y con instrumental obsoleto. Mientras los pasajeros creen que las demoras responden a reclamos sindicales, los trabajadores se desempeñan a reglamento para evitar accidentes. La interna gremial y la complicidad de las empresas privadas. Inédita organización de los prestadores de servicios aéreos.
Desde noviembre último, la Fuerza retomó una parte de su influencia de la mano de un conflicto agitado por esos gremios desde la figura de los controladores. Una serie de supuestos malfuncionamientos y deterioros fortuitos en los radares pusieron en jaque la operatividad de EZE y AEP, lo que concluyó entonces en la firma del decreto presidencial 1840 que retrotrajo funciones de “control de la prestación (…) y coordinación del accionar operativo” de la flamante Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) al desplazado cuerpo castrense.
Desde entonces, comenzaron los ceses de funciones que ya llegan a 22 en la estación de Ezeiza (y a 7 en el metropolitano) y la precarización de la función de los operadores de tierra. Como respuesta, los profesionales -que en muchos casos fueron formados en los coliseos militares pero aceptaron un traspaso que jerarquizaba su labor- aplicaron los protocolos de control del flujo aéreo con estricto ajuste a las condiciones que establece el régimen específico del país, el Manual de Operaciones (ManOper). Es decir, trabajaron a reglamento. Así, las demoras en las vísperas del fin de semana largo se presentaron para preanunciar lo que será el inminente receso de medio término.
Norma Márquez es instructora de controladores y se desempeñaba en el Centro de Control se Área de Ezeiza (ACC), el espacio en el que los pilotos confían para sus despegues o arribos. Otro grupo de controladores los ayudan en el segundo tramo, ya estabilizados, desde la -más famosa- Torre de control aéreo.
En diálogo con LA TERCERA, la mujer describió algunas de las condiciones en las que se desempeñaba hasta su cese, ocurrido la última semana: “Toda la temporada (de verano) trabajamos sin regulaciones (N. de R.: es como se conoce a las circulares internas que permiten morigerar el flujo de aeronaves).Parecía que los aviones tenían hijos en el aire”, ilustró. “No deberíamos superar los 34 vuelos (por turno) pero llegamos a operar entre 46 y 52 en las horas pico. Todo esto con la complicidad de las empresas que insistían en que salieran los vuelos y la FAA” que no dispuso controles que garantizaran la seguridad de vuelo. Esa presión es la que instó a que los controladores se organizaras por su cuenta, ajenos al apoyo de los gremios.
“Bajo el control de la ANAC, nos imponíamos regulaciones cuando teníamos problemas de sistema, el período militar las demoras no se producían porque nos apretaban ya que éramos mano de obra barata. Ahora nos decidimos a hacernos valer porque somos los que tenemos una licencia con responsabilidad civil y estamos trabajando con los 10 o 12 aviones juntos que se cruzan”.
La organización se conformó hace un mes, cuando desde la esfera militar aseguraron que retomarían la gestión de esas prestaciones en forma plena. “Ahí dijimos ‘Basta’”. Desde allí, los controladores “trabajamos como corresponde pero sin radares”, un instrumental que acelera los tiempos pero hoy no son seguros porque presentan fallas como duplicaciones de etiquetas (aviones que son fantasmas en la pantalla) y fluctuación de vectores (mal trazados de algunos cursos) que “hacen saltar alertas dos o tres veces por día”, entre otras anomalías.
La interna gremial
La Asociación de Personal Técnico Aeronáutico (APTA) es el gremio que comanda Ricardo Cirielli. Con su par de Técnicos y Empleados de Protección y Seguridad a la Aeronavegación (Atepsa), fueron históricamente las referencias sindicales con las administraciones militares y la principal oposición al traspaso de la gestión de ese transporte a la órbita civil. Eso los desjerarquizó e inició un camino de pérdida de su poder.
La mayor parte del personal de servicio de aeronavegación accedió a reconvertir su foja castrense en un legajo laboral estatal, sin embargo, en los controladores hubo alguna resistencia, influenciados por la tradición formadora que atesoró la FAA. Ese proceso dividió las fuerzas y otorgó a la ‘troupe’ díscola un argumento más de pelea.
En un informe recientemente firmado por 80 controladores (hay 110 en todo el país), los trabajadores pidieron que se “desmilitarice” la actividad, desconociendo tanto la representación de los de Cirielli como Atepsa.
Así, jueves y viernes hubo movilizaciones autoconvocadas en todo el país que forzaron una mesa de negociación con el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, de quien depende la ANAC. Pese a que los usuarios “creen que las demoras son por un paro o un pedido de aumento de sueldos, tenemos muchas cosas por pelear pero ahora queremos seguridad operacional”, confirmó Márquez.
En solidaridad, una columna de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE-CTA) el vienes bloqueó el ingreso del Aeropuerto de Ezeiza, “en solidaridad con los compañeros” afirmó a LA TERCERA Patricia Arias, coordinadora de la central obrera en la ANAC. Por la medida, el Minsterio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria que impide medidas de fuerza por quince días, es decir, en el comienzo de las vacaciones de invierno.
“No buscamos que ningún oportunista se arrogue la pelea de los compañeros: ellos decidieron hacerlo por su cuenta y los bancamos. No es necesario que estén agremiados para defender su cauda” afirmó la gremialista.


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