Control de importaciones, con el trasfondo de la crisis energética

Nadie descubrirá la pólvora, si afirma que detrás del operativo sobre las importaciones asoma la urgencia por preservar divisas escasas. Allí ancla el objetivo visible, pero hay otro, acoplado, que también obsesiona a Guillermo Moreno: hacen falta miles de millones de dólares para traer gas y combustibles aquí insuficientes .
Y en este caso no existen controles que valgan. Son insumos imprescindibles, pues sin ellos se resentirá el abastecimiento de energía y, de seguido, la actividad económica. Simple: es necesario ahorrar plata en un lado de modo de poder usarla en el otro.

Una prueba del apremio financiero fue la reciente, fallida licitación de la estatal Enarsa para importar gas licuado, que luego es convertido en gas natural e inyectado a la red. Desde la empresa alegan que los oferentes pedían precios muy altos, aunque en el sector cuentan otra historia: dicen que la operación, de contado riguroso, debió ser frenada por falta de caja .

La recaudación tributaria volvió a ser récord, pero Moreno no tiene un problema de pesos, sino de dólares. Y eso explica la magnitud del cerrojo impuesto al resto de las compras al exterior.

Por lo que toca a las importaciones energéticas, estimaciones privadas preliminares revelan que en enero escalaron alrededor del 70 % respecto del mismo mes de 2011.

El número impresiona. Aún así, luce mejor que otros dos del INDEC: en enero del año pasado el aumento había cantado 157 % y 110 % en todo 2011.

Sostener una estructura cada vez más frágil consumió, ese año, US$ 9.397 millones. Casi tanto como los US$ 10.347 millones del superávit comercial total.

Para 2012, cálculos muy conservadores hechos por especialistas del sector proyectan importaciones de gas natural y licuado, gasoil, fuel y electricidad por unos US$ 13.100 millones . Crecerían un 39 %.

Parece una suba menor, comparada con el ritmo al que venían corriendo. Sólo que el monto desborda en unos cuantos millones de dólares a la meta que guía los movimientos de Moreno: cerrar el año con un superávit comercial de US$ 10.000 millones, 12.000 millones, si fuese posible.

Paradojas del modelo K. Si la cuenta deja de avanzar al 100 %, será por efecto de una desaceleración del proceso productivo ya palpable desde el tercer trimestre de 2011. Y de un ajuste en las facturas de los servicios públicos que sacudirá el bolsillo de los consumidores: sin vueltas, en esto consiste la quita de subsidios.

Pesaría, también, el torniquete que el Gran Controlador ha empezado a aplicar sobre los precios que paga el Ministerio de Planificación. Por imposición de la Presidenta, Julio De Vido debió aceptar la presencia del largo brazo de Moreno en su feudo, aunque interlocutores del ministro cuentan que la molestia le brota por todas partes.

Después de recibir un informe crítico y preocupante de las provincias petroleras, Cristina Kirchner lanzó una carga fuerte contra las compañías. El blanco evidente es YPF, a la que acusan de llevarse la plata afuera y no invertirla aquí.

Suenan ruidos de estatización, y los primeros salieron desde La Cámpora, la usina de cuadros K. Sin embargo, en el mercado interpretan que el objetivo real sería forzarla a no transferir utilidades a España, por un monto que este año rondaría US$ 1.400 millones.

Hablan, también, de quitarle áreas y cedérselas a la venezolana PDVSA, en parte de pago por una deuda de US$ 5.700 millones, originada en la compra de combustibles y refinanciada sistemáticamente. Por último, sospechan que se busca abrir espacio a otros “capitales amigos”.

Dos actores sobresalen en el escenario. Uno, el declarado, es la reinversión de las ganancias. Y el otro, nuevamente los dólares .

En cualquier caso, el trasfondo de la crisis energética es una producción de petróleo que viene en caída libre desde 1998 y el bajón en la de gas, a partir de 2004. Más el factor que fogonea el proceso: faltan inversiones en la exploración de yacimientos nuevos.

Según el IAE “General Mosconi”, entre 2001 y 2010 las reservas comprobadas de gas natural retrocedieron un 53 %, lo cual equivale a casi nueve años de producción . Y las de petróleo, el 12 %.

Ambas fuentes representan nada menos que el 83 % de la matriz energética nacional. Como es obvio, gran parte de todo eso ocurrió en la era K y a la vista de los funcionarios . Nada de conspiraciones: el IAE tomó datos de la Secretaría de Energía de la Nación.

Por donde se mire aparecen agujeros. Y el correlato es la creciente necesidad de divisas para taparlo a pura importación, ahora y más adelante .

Algo semejante sucede con el resto de los bienes que llegan del exterior: cubren eslabones vacíos en las cadenas productivas de gran parte de la economía.

Detrás del objetivo de alcanzar un superávit de 10.000 o 12.000 millones de dólares juegan varias cosas más. No seguir perdiendo reservas, evitar salir al mercado internacional de crédito y contar con un buen stock que sirva al doble propósito de pagar deudas con acreedores privados y enfrentar cualquier contingencia cambiaria. Y si las compras al exterior estarán rigurosamente vigiladas, seguirán los controles de cualquier especie sobre las operaciones financieras.

Moreno camina por un desfiladero muy estrecho. Debe preservas divisas y cuidar, a la vez, que la guadaña a las importaciones no sea tan grande como para pegarle a la actividad económica.

Al final, el kirchnerismo que agita las políticas de Estado ha terminado por atacar los efectos y no las causas. La penuria energética es la consecuencia de años sin inversiones suficientes . Y las importaciones generalizadas, de la escasa diversificación de la estructura productiva .

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