Contradicciones en el mensaje kirchnerista

Por Joaquín Morales Solá

Una contradicción está sucediendo en las horas posteriores a la victoria de Cristina Kirchner.

Mientras la Presidenta ha elaborado palabras consensuales en sus discursos públicos, que comienzan a ser valoradas en el mundo, algunos de sus funcionarios más influyentes retomaron la diatriba y la intolerancia en alusiones a quienes consideran adversarios. No existen en este caso dos líneas diferentes en el oficialismo. No podrían existir. Una persona es la jefa del Gobierno y los otros son funcionarios que dependen de ella.

En la noche del triunfo, Cristina Kirchner se proclamó "presidenta de todos los argentinos", una referencia casi obvia, pero que a los Kirchner les costó asumir. Llamó a la unidad nacional y no desconoció que esa eventual unidad necesitará también, forzosamente, del vasto porcentaje de ciudadanos que no la votaron. Pidió, por último, "generosidad en el momento de la victoria"; prometió, así, una virtud que a su actual gobierno le faltó desde que se encontró con los primeros conflictos.

Quizás se trate de una casualidad, pero ese discurso pacífico y tolerante podría haber influido también en el puente tendido ayer por el presidente norteamericano, Barack Obama. El pedido de reunión bilateral por parte de Obama no es poca cosa, sobre todo porque Cristina Kirchner nunca pudo reunirse a solas con el actual jefe de la Casa Blanca en casi tres años compartidos de poder. El clásico discurso público de la mandataria argentina, a veces crispante, otras veces beligerante, contribuyó a esas distancias entre ella y Obama.

Los homologables párrafos del domingo fueron resaltados también aquí, en el acto, por sectores tradicionalmente alejados de la Presidenta. Desde la organización que agrupa a las empresas periodísticas argentinas (ADEPA) hasta la entidad más poderosa del empresariado (AEA), pasando por varios dirigentes opositores, destacaron, no sin asombro, esas ideas de la Presidenta; nació, de algún modo, la esperanza de que se abriría un ciclo menos confrontativo que el anterior.

Guillermo Moreno y Juan Manuel Abal Medina se ocuparon luego de contradecir las palabras presidenciales. Los dos son secretarios de Estado, lo que ya es mucho, pero ambos tienen, además, una influencia política más grande que la que indican sus cargos. Es difícil suponer, por ejemplo, la continuidad de la actual política económica sin la presencia dominante de Moreno entre empresarios, comerciantes y profesionales del Indec. Abal Medina es el funcionario indicado por la Presidenta para decirles a los integrantes del Gobierno, incluidos los ministros, con qué periodistas deben hablar y con quiénes no.

Moreno llegó a la Plaza de Mayo en la noche del domingo triunfal, poco después de que hablara la Presidenta. Rodeado por personas que parecían más barrabravas que militantes políticos, salpicó su entusiasmó con cánticos rebosantes de groseros agravios contra medios periodísticos y contra el campo. Algunas batallas sobreviven todavía, pero señalar al ruralismo como un enemigo se parece demasiado al tiroteo de una patrulla perdida de una guerra terminada. Cristina Kirchner volvió a ser elegida, como en 2007, con el voto mayoritario de los sectores rurales de la Argentina. Ya no hay guerra entre ellos.

Moreno ya le había hecho un favor a la oposición cuando un grupo liderado por él zamarreó y golpeó en Núñez a un militante del candidato de Pro a intendente de Vicente López, Jorge Macri. El propio macrismo y no pocos peronistas bonaerenses sostienen que aquella trifulca tuvo su efecto en la derrota del histórico intendente de Vicente López, Enrique García, un radical que fue sucesivamente alfonsinista, menemista y kirchnerista. Jorge Macri tiene una deuda política con Moreno.

Abal Medina escribió en su Twitter, en la mañana del lunes, una frase alarmante: "Ahora vamos por todos". Twitter es ya la exhibición impúdica del inconsciente de muchos políticos. El traqueteado "vamos por todo" se convirtió ahora en "vamos por todos". Hay una diferencia sustancial entre el singular y el plural. "Todo" podría significa todo un proyecto o toda una idea de país. Aunque la unanimidad es siempre un propósito antidemocrático, que desconoce la inevitable diversidad de una sociedad, el plural podría ser aún peor. ¿"Todos" serían todos los adversarios y todos los que disienten? ¿O Abal Medina se refirió, acaso, a "todos" los planes pendientes? Nunca lo explicó.

Abal Medina es un académico y doctor en ciencias políticas. No ignora, por lo tanto, la importancia de las palabras en la construcción de un determinado clima político. Sucesivamente incondicional de Carlos "Chacho" Alvarez, de Alberto Fernández, de Sergio Massa y de Aníbal Fernández, parece haber encontrado ahora su vocación definitiva al convertirse en una especie de Robespierre de la era digital.

"Creen que así le caerán bien a la jefa", dicen otros funcionarios de la Casa de Gobierno para matizar los excesos de Moreno y de Abal Medina, que, debe aclararse, no son los únicos exaltados, aunque sí los más destacados de los últimos días. En un gobierno tan verticalista como el de Cristina Kirchner, sólo caben dos posibilidades. Una de ellas es que, en efecto, esos funcionarios estén sobreactuando una línea política supuesta; están convencidos de que nunca serán sancionados por excederse. La otra posibilidad es que hayan consultado sus palabras con la Presidenta y que ésta las haya autorizado. El modo podría haber quedado a merced del estilo de cada uno.

Esas dudas podría resolverlas la Presidenta, tal como resolvió en la noche del domingo los agrios cánticos contra sus opositores o contra presidentes latinoamericanos de ideas distintas. Calló a la multitud con un gesto y con una sola palabra: "No". Fue cuando sus seguidores empezaron a silbar y a ofender a Mauricio Macri, al chileno Sebastián Piñera y al colombiano Juan Manuel Santos.

Otro país sería posible si Cristina Kirchner callara con esa decisión a sus funcionarios y militantes cada vez que éstos agraviaran y segregaran. Esa actitud futura, su existencia o su ausencia, establecerá en definitiva la autenticidad o la simulación del actual discurso presidencial..

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