Las contradicciones del kirchnerismo no dejan de asombrar. Ayer, la presidenta Cristina Fernández encabezó un acto en el que quedó constituida la Junta de Defensa de la Unasur, en el cual destacó que la defensa no es un tema militar, sino que pasa por un "desarrollo económico que permita la inclusión".
Vayamos por partes. Está claro que la defensa no es primordial para el Gobierno kirchnerista, pues se encargó (y con cada decisión lo profundiza más) de devastar las Fuerzas Armadas y de dejar en un completo estado de indefensión las fronteras del país. A la polémica decisión de retirar gendarmes de los límites nacionales para enviarlos a combatir delincuentes en el Conurbano, se le suma una evidente desinversión. Un informe de la consultora Nueva Mayoría de 2008 reveló que la Argentina era el país que menos presupuesto asignaba a Defensa en relación al Producto Bruto Interno. Así sólo el 0,92% del PBI se destina a esa área, incluso por debajo de lo que invertía Suriname, el segundo país con peor registro.
“La defensa dejó de ser un concepto militar, lo militar debe acompañar”, aseguró la jefa del Estado, al hablar en la Casa de Gobierno frente a los miembros del Consejo de Defensa Sudamericano, al tiempo que remarcó que la Unasur concentra “más del 40% de la reserva de agua, de petróleo, de gas, de espacios cultivables… Nos convierten en un lugar que debe ser mirado desde muchas partes, mientras lo miren no somos egoístas con las miradas”, indicó.
Aquí viene la otra gran contradicción de la jefa de Estado. La preservación de los recursos naturales no es justamente el fuerte de este Gobierno. Fue la propia Cristina la que vetó la ley de Glaciares hace algunos años, en connivencia con las empresas mineras.
Finalmente, en 2010 la norma fue sancionada por el Congreso, pero la Presidenta permitió que las provincias mineras avanzaran con legislaciones más blandas para que las multinacionales sigan saqueando los recursos del país y contaminando las reservas de agua dulce más importantes del país.
“Mientras lo miren…”, bromeó Cristina. Pero la realidad está lejos de ser tomada en broma. Luego de ocho años de gobierno K, durante los cuales se permitió que magnates extranjeros se quedaran con las tierras más ricas del país, el Ejecutivo se dignó a enviar un proyecto para frenar la compra de tierras por partes de personas o capitales foráneos. En definitiva, lo de ayer fue sólo un capítulo más de la novela de contradicciones del mundo K.

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