Cientos de miles de españoles protestaron en varias ciudades contra una reforma laboral que abarata y facilita los despidos. Los organizadores cifraron la convocatoria en más de un millón y medio de manifestantes.
En la marcha también participó el movimiento de indignados 15-M, que coreó alguna de sus ya famosas consignas como “Lo llaman democracia y no lo es” o “La lucha continúa, cueste lo que cueste”. La otra gran protesta tuvo lugar en Barcelona, donde 450.000 personas, según datos aportados por los sindicatos –17.000, de acuerdo a fuentes policiales–, marcharon detrás de una gran pancarta con el lema “Ni reforma laboral ni recortes”. En la movilización de la capital catalana confluyeron desocupados, trabajadores del sector de la educación y del sanitario; también obreros afectados por despidos masivos, como los empleados de la empresa de cables Prysmian. “Somos las primeras víctimas de la reforma laboral de Rajoy, 95 familias que estamos en la calle por el cierre de una empresa que tenía beneficios”, explicó Francisco Infante, delegado sindical. Toni Martínez, un profesor con 22 años de docencia, aseguró que los recortes destrozarán el sistema público de educación y que la huelga general es más que necesaria.
El rechazo a la impopular medida lanzada por el PP se repitió en Valencia, Sevilla, Galicia y el País Vasco, donde también hubo grandes protestas. “Huelga, huelga, huelga general”, corearon los manifestantes a lo largo y ancho del país. Se trata de la segunda jornada de repudio contra la reforma laboral del gobierno de Rajoy, que los sindicatos califican como “la más regresiva de la democracia”. La primera movilización, que fue multitudinaria, tuvo lugar el 19 de febrero, días después de que la reforma fuera aprobada por decreto.
La estocada final llegó el jueves, con el Congreso de los Diputados convalidando la medida en el recinto. Y la respuesta no se hizo esperar. Al día siguiente, CCOO y UGT –los dos grandes sindicatos del país– llamaron a una huelga general de 24 horas, aunque tiraron la pelota al campo del gobierno, que podría evitar la medida de fuerza en caso de ceder finalmente a las exigencias de los sindicatos. Por ese motivo, Toxo advirtió ayer a Rajoy que aún tiene tiempo para abrir una mesa de diálogo para introducir las propuestas sindicales a la reforma. Pero, si no se abre las negociaciones, el sindicalista advirtió que “habrá más conflicto” y que “la movilización no terminará el 29 de marzo”.
Por su parte, el líder de UGT, Cándido Méndez, sostuvo que el gobierno tiene que “corregir en profundidad la reforma para evitar la huelga general”. Además, para alentar la participación de los ciudadanos a la cita del 29 de marzo, el líder sindical afirmó que “sólo hay que tener miedo al propio miedo”. En este envite se la juega la sociedad española, remarcó Méndez, al tiempo que indicó que la reforma laboral del PP le va a costar al país “un millón de parados (desocupados) más”.
Las movilizaciones de ayer coincidieron con el octavo aniversario de los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004, lo que suscitó el rechazo de una de las asociaciones de víctimas y del gobierno del derechista Partido Popular (PP). En su intervención al final de la protesta y tras el minuto de silencio en recuerdo de la tragedia, Toxo recordó al gobierno del PP que “nadie tiene el monopolio del dolor y las víctimas”.
Tanto el líder de CCOO como su homólogo de UGT participaron durante la mañana del homenaje celebrado en la Puerta de Atocha por la Asociación 11-M Afectados de Terrorismo. María Dolores de Cospedal, número dos del PP, aseguró en un acto político en Jaén que no es el momento de huelgas y manifestaciones porque “las cosas están bastante mal”, al tiempo que criticó a los sindicatos por querer “opacar el día de la víctimas”. La reforma laboral es presentada por el Ejecutivo como pilar de una política económica que tiene como objetivo combatir el elevado desempleo, que afecta a cinco millones de personas, y revertir la situación de recesión ante una contracción el PIB del 1,7 por ciento prevista para este año.


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