Es fácil encontrarlos. Andan en la calle, en alguna plaza, en el paseo costero, sobre la explanada de algún banco cerrado o zigzaguendo entre los peatones que, al verlos, primero se asustan, pero después los ven pasar cerca, sin siquiera rozarlos.
Julián Fereyrra es marplatense, tiene 20 años y patina desde los 6. Practicar este deporte le permitió conocer distintos lugares del país y el mundo pero, sobre todo, muchos amigos, como le gusta contar. Sin embargo, lo que lo diferencia es su pasión por enseñar a otros a utilizar la tabla: está convencido de que es una forma de contener a aquellos chicos de bajos recursos o en situación de vulnerabilidad.
- ¿Cómo empezaste en el mundo del skate?
- Mirando en la tele los juegos extremos, quise empezar a andar. Se da la casualidad que desde muy chiquito viví cerca del Polideportivo, en donde hay una rampa y mi papá siempre me llevaba. Al final, con el paso de los años se convirtió en el deporte que más me gusta. Al principio me acompañaban, después empecé a ir solo y me hice amigo de chicos que tenían entre 11 y 15 años. A los 12 años empecé a darle más fuerte y a los 13 fue mi primer viaje. Es un deporte muy copado porque en los viajes conocés gente, no parás en hoteles sino en casas de amigos que vas conociendo. Se va armando una hermandad entre todos los skaters.
- Cuando arrancaste, hace 14 años, no había tantos lugares para ir a patinar.
- Exacto. En ese momento estaba el skatepark del Polideportivo, el del Quicksilver, siempre estuvo la pista de Plaza Mitre, y el skatepark de la Asociación Marplatense de Skate, en la cochera del estadio de fútbol. Si no, siempre andábamos por la calle, saltando cordones, escaleras.
- ¿Y el skatepark de la Bristol?
- Está muy bueno porque es grande y está bien hecho. Es perfecto para aprender.
- ¿Pero es suficiente?
- Para nada. Me sumo al pedido de más pistas públicas porque es muy complicado andar en la Bristol porque a toda hora está lleno de gente. Pero es porque somos demasiados, esa es la realidad. Sino fijáte en la costa, cada 20 segundos pasa uno andando en longboard, patines, skate.
- ¿Por qué pasa esto?
- Porque el skate, si bien es un deporte individual, se torna más divertido si lo hacés con amigos. Andar sólo requiere de una constancia y una concentración que puede derivar en el aburrimiento. Cuando andás con amigos te encontrás primero con que no hay competencia; sos vos, la tabla y espacio que tenés. Pero ese espacio lo tenés que compartir. Una de las primeras cosas que le enseñamos a los chicos es que tienen que respetar el turno de cada uno. No está bien visto aquel que anda con una actitud de soberbia y cuando pasa eso, se lo aparta y se le dice que no así no es.
- Hay algunos que participan de campeonatos, ¿tienen apoyo?
- Ese es mi caso, me gusta mucho la adrenalina que te generan los campeonatos pero el esfuerzo es doble. A veces las marcas sponsorean a los corredores pero, de todas formas, es bastante mediocre el apoyo que le dan las marcas a los corredores o no es el que realmente merecemos. Un corredor de Skate que patina bien, viaja y pone en riesgo su cuerpo, no puede ser que reciban solamente productos (tablas, ruedas, tracks), sino que también deberían incentivarlo pagándole los viajes o las fotos que hacen para alguna revista, por ejemplo. Y salvo algunas marcas muy grandes, eso no pasa. Siempre faltó apoyo aunque, en Argentina, esta no es una queja nueva.
- En general, se ve que los que corren son chicos o chicas muy jóvenes. ¿Hasta cuándo se puede seguir practicándolo?
- Hace cuatro años estuve en un campeonato en San Pablo y ví a hombres de 55 años compitiendo a un nivel muy avanzado. Si bien es un deporte muy peligroso pero si uno se cuida, tiene un rato largo por delante, aunque no sé si para competir profesionalmente. Para eso, a los 35 ó 40 años, uno tiene que ir pensando en retirarse porque, obviamente, no es lo mismo un skater de 35 años que uno de 20.
- También sos profesor, ¿cómo empezaste a dar clases?
- Hace cuatro o cinco años empecé por un amigo, Alejandro Castillo. Mi papá es pediatra y pareciera que mi buena relación con los nenes es una cuestión genética. Siempre me gustó la idea de enseñar y en esa época surgió la posibilidad de hacerlo con chicos de barrios humildes en una rampa que había en el Bosque Peralta Ramos. Para mí esa fue una experiencia: conocí a chicos que se juntaban todas las mañanas a cazar pajaritos y otros que si no juntaban una determinada cantidad de plata, no podían volver a su casa. Por eso, el único requisito que pedíamos para que se anotaran en la escuelita de skate era que estudiaran, hicieran las tareas, etcétera.
- Tenías un proyecto de esas características para Chapadmalal, ¿de qué se trata?
- Sí, hay una ONG que se llama “Tablas para todos” y que ha trabajado un tiempo largo en este tema ya que tiene un complejo en Chapadmalal. Con ellos vamos a trabajar a partir de este mes y se está buscando que el Estado subvencione las clases para los chicos que viven en la periferia.
Además, con la Asociación Marplatense de Skate estamos trabajando para abrir el año que viene una escuela con la misma idea.
- Es costoso iniciarse en este deporte.
- Sí, es un deporte caro. Hay que pensar que un skate stándar necesita un mínimo de 500 pesos para empezar. Después hay que pensar en el recambio porque ni las tablas ni las ruedas duran toda la vida. Por eso la necesidad de una ayuda económica de parte del Estado.
- Es decir, se piensa en la enseñanza del Skate como una forma de contener e integrar.
- Exactamente. Eso ocurre, por ejemplo, en Brasil, donde hay más de 1100 pistas públicas y las clases son gratuitas. Si vas al skatepark de la Bristol vas a encontrar a muchos chicos que necesitan contención, que están muy solos y a los que les falta integrarse. Por eso uno trata de enseñarles a esperar su turno, a tener respeto por el otro, a cuidarse y cuidar al otro.
Los profesores tenemos que estar alertas a esta situación porque el skate va camino a convertirse en un deporte masivo y lo más importante es que genera vínculos entre chicos de distintas clases sociales, sin discriminación ni ningún tipo de distinción.
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