Contarlo para vivir

Josefina Llopis y Nicolás Bruel relatan la crónica de una carrera contra reloj para salvarle la vida a su hijo de tan sólo un año y medio. Gonzalo, por minutos le ganó la pulseada al destino al no tener que pagar demasiado caro el haberse tragado la pila del control remoto del televisor. Una historia de la que hay que aprender
Josefina Llopis y Nicolás Bruel volvían a las 22:00 del teatro después de ver a Pepo Sanzano aquel domingo 13 de julio en el que el matrimonio había decidido cortar la rutina con una noche distinta. Y vaya si terminó siendo distinta: al regresar a su casa se encuentran con la novedad de que su hijo más chico, Gonzalo, había vomitado. Les resultó extraño porque ninguno de sus hermanos, que habían comido lo mismo que él, presentaban síntomas de estar mal. A la mamá le pareció raro y fue como que intuyó que estaba ante algo más grave que un dolor de panza. Y luego de que su esposo, al pasar, le dijera que no encontraba las pilas del control remoto, se animó a plantearse la posibilidad de que el más chico de la familia hubiera logrado el objetivo con el que siempre amagaba, el de tragarse la pila del control del televisor. Sin dudarlo ni perder tiempo llevó a Gonzalo a la guardia pediátrica de la Clínica Hispano. Cuando el reloj ya marcaba las 23, el médico de guardia -a quien la recepcionista había ido a buscar a las corridas por el interior del centro de salud- le realizó las primeras observaciones y ordenó una placa que minutos después confirmaría las sospechas de Josefina: Gonzalo se había tragado la pila "botón". El pediatra Juan Pablo Tellman no dejó pasar un segundo más y asumiendo que a nivel local no se le podía remediar el problema al chico, les recomendó a los padres salir de urgencia hacia Buenos Aires. Al Garrahan o al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Viaje y angustia Para la medianoche, Nicolás que ya había cargado gasoil y retirado dinero del cajero, emprendió el viaje hacia capital federal con su esposa y el más chico de sus hijos, que a pesar de la gravedad del incidente que atravesaba se mostraba normal. Gracias a las recomendaciones de Tellman, los padres de Gonzalo ocuparon los minutos del viaje organizando la logística que les permitiría llegar y ser atendidos de inmediato. El pediatra en Tres Arroyos les había advertido que en el Garrahan recién podrían atenderlos a las 8, mientras que por el contrario, al llegar a Buenos Aires habría en la guardia del Gutiérrez un endoscopista pediátrico, justo lo que necesitaba Gonzalo para salir de ese delicado trance que comenzaba con el correr de los kilómetros a hacer sus efectos en su aparato digestivo, elevando con este cuadro la desesperación de los padres. Fue así como en el transcurso del viaje lograron comunicarse con la guardia del Hospital, desde donde les hicieron saber que iban a estar esperándolos. A minutos de llegar -ya avanzada la madrugada-, Josefina volvió a llamar y desde la guardia les informaron que un equipo los estaba esperando. Al arribar a la puerta del hospital, Nicolás dejó a Josefina con Gonzalo para que ingresen, mientras él estacionaba el auto a unos 200 o 300 metros. "Fue algo un poco loco, siempre lo cuento", dijo, porque cuando ingresó al Gutiérrez -cinco minutos después- lo recibió un pediatra con la placa que ya le habían sacado instantes antes a su hijo; y le dijo: "Vamos al quirófano". Una hora y media después de esa frase, el pequeñín ya comenzaba de recuperación luego de que los médicos le extrajeran con éxito la pila botón. Todo había salido bien, y hasta los padres se imaginaban volviendo horas después a Tres Arroyos. Pero no fue así. Gonzalo debía ser monitoreado de cerca para ver qué tipo de daño le había provocado el haber tenido en su organismo -más aún en su aparato digestivo- una pila activa. Ese cuerpo extraño depositaba toda su descarga de energía en el esófago del niño y le había generado un daño, pero todavía no se sabía cuan grande era. Plancha bifera Josefina contó que los médicos le graficaron el efecto de la pila sobre el esófago como la imagen de "un bife quemándose sobre una plancha bien caliente". Mientras tanto, una vez transitadas las primeras horas, los médicos comenzaron a hacer a los padres las devoluciones de cada una de sus observaciones sobre la humanidad de Gonzalo. Posteriormente se le practicó un análisis. Se trató de un "contraste" por medio del cual confirmaron que el niño "tenía una lesión en el esófago, no una perforación". Si bien la novedad les trajo algo de alivio no alcanzó del todo porque a partir de allí debieron enfrentar un monitoreo que se extendió por unos cinco días a lo largo de los cuales el chico fue alimentado por sonda y suero. "Durante tres días con suero, luego leche con una sonda en el estómago durante dos días y al quinto dieta liquida", recordó la mamá. En medio de la gravedad del hecho que lograron transitar con éxito, Nicolás recordó que una de las tareas más difíciles que tuvieron que hacer fue la de "tenerlo animado sin comer. Estaba alimentado por sonda pero sentía ganas de comer porque a los compañeritos del Hospital les traían alimentos, y había olor a comida". Mirando en retrospectiva esa anécdota no tenía nada de peso al tomar conocimiento de que no contaban con muchas horas a su favor para eliminar los serios riesgos de haberse tragado esa pila, y que por eso fue tan importante que las cosas hayan ocurrido tal como se sucedieron. Es decir, los reflejos de la madre al desconfiar de que Gonzalo había logrado abrir el control remoto con su boca e ingerido la pila, sumado al inmediato estudio local y a la actitud del doctor Tellman que no permitió que se perdiera tiempo asumiendo que localmente no se puede solucionar ese problema de salud sin correr riesgos debido a que Tres Arroyos no cuenta cuenta con un endoscopista pediátrico, y que finalmente lograron viajar de inmediato a la capital federal donde fueron atendidos de una forma mejor a la esperada. Todo esto suma una serie de factores que en este caso se alinearon de manera ideal para que el niño de un año y medio "la pueda contar", como dice su mamá. Quizá no todos ante este tipo de situaciones tengan los astros alineados para salir adelante. Es por eso que Josefina y Nicolás impulsaron la realización de esta nota para "prevenir" a todos los padres o personas que tienen a su cuidado a un niño con espíritu inquieto. "Esas pilas están en casi todos los juguetes. Se la llama pila botón, y está bueno ser más cuidadosos. Esto es una de las cosas más graves que se puede tragar un chico. Que se aspiren algo y se vaya al pulmón o se traguen una pila botón. Es lo peor", afirmó Josefina ante La Voz del Pueblo.

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