Más consumo y menos subsidios en la agenda de la economía K que viene

La Presidenta alienta a sofisticar las políticas públicas que la llevaron al éxito electoral. Dólar sin sobresaltos, inversiones e industrialización con trabas a importados, los lineamientos.
Con el 50% de los votos en el bolsillo, la presidenta Cristina Kirchner se inclina a profundizar el modelo de alto crecimiento, alto consumo, y aunque entre los economistas oficialistas lo niegan, alta inflación. Ahondar el conjunto de medidas que sostienen el boom de ventas de autos y electrónicos significa sofisticar las actuales políticas públicas o trabajar en el ajuste fino de las variables que erosionan la salud de los superávits gemelos que le hacen de pilares.

Las claves. Las políticas que vendrán son:

El modelo se blindará con mayores estímulos al mercado interno. Ayer, por separado, los ministros de Economía e Industria, Amado Boudou y Débora Giorgi insistieron en que el Gobierno “defenderá” el mercado interno ante los efectos de la crisis financiera internacional. “La industria es condición necesaria para un redistribución más equitativa del ingreso y el sostenido crecimiento de la actividad industrial es el resultado de un modelo de Estado presente y es la base para una mayor inclusión social”, afirmó Giorgi luego de señalar que “el apoyo expresado por la ciudadanía nos obliga a profundizar este proceso de industrialización, que es el más fuerte de las últimas décadas”.

Boudou copió sus palabras luego de repartir 600 computadoras entre escolares junto a uno de sus posibles sucesores, Diego Bossio, titular de la Anses.

Frenos. La política industrial se basará en el incremento de trabas a importados que luego se negocian para provocar inversiones en el país y sustituir lo que no se deja de comprar en el exterior. Giorgi triplicó entre 2008 y 2011 el uso de licencias no automáticas y multiplicó el uso de medidas antidumping. En su cartera se muestra con orgullo inversiones de marcas extranjeras de zapatillas, celulares y autos que acordaron importaciones por participar en proyectos de inversiones.

Para el Gobierno, el alto consumo es bienestar y eso sustenta el caudal electoral. No genera inflación y se sostiene con salarios que se ajustan ganándoles a los precios. Los heterodoxos dicen que los clásicos están equivocados y que no hay que volcar ingresos al ahorro, sino al gasto en el mercado interno, cuyo dinamismo genera la confianza en las empresas que traducen en inversiones.

Certeza de los ingresos. Economistas que se reúnen con la Presidenta insisten que para mantener el alto consumo es necesario que los acuerdos salariales se mantengan por arriba de la inflación. El gerente de Aerolíneas Argentinas y economista de La Cámpora Axel Kicillof afirma que una inflación de dos dígitos no afecta a una economía de alto crecimiento como la Argentina.

Recuperar los pilares. Los superávits fical y el comercial son amenazados por la creciente masa de subsidios para mantener las tarifas de energía y transporte en el Gran Buenos Aires. En la Rosada no lo dicen en público pero trabajan en planes para la reducción gradual de las remesas del Estado a las empresas.

Comenzarán por el sector transporte, que tiene una trama más fácil de desarmar que los de energía. La tarea será larga y no tendrá efectos en el corto plazo. Por ello estudian demorar el crecimiento de presupuestos para obra pública que crecerá, pero menos.

Dólar estable. Los economistas que asesoran a la Presidenta no creen que la competitividad del peso haya perdido el vigor como para complicar las exportaciones. En ese marco teórico afirman que subas abruptas del dólar sólo les quitarán poder de compra a los salarios, lo que atentará contra el motor del modelo.

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