Bajó el consumo de carne, pero los precios siguen altos

La demanda se redujo casi un 40 por ciento, según el relevamiento realizado por EL SIGLO en los puestos del Mercado del Norte. A pesar de ello, el valor de los principales cortes cárnicos no registró descensos significativos. La venta de alimentos alternativos ingresó en una meseta. Mayores compras a crédito.
Los famélicos bolsillos, que no escatiman en ruborizarse ante el bochorno de la escalada inflacionaria, dijeron basta al derroche excesivo de dinero dados los exhuberantes aumentos de percios en alimentos.

En una semana, las ventas en el principal centro popular de referencia de consumo, el Mercado del Norte, disminuyeron en casi un 40 por ciento en lo que respecta a la comercialización de uno de los productos que hicieron sentir el rigor monetario éstas últimas jornadas: la carne. Luego de una recorrida realizada por EL SIGLO, entre los puestos de la estructura patrimonial de la Capital, se pudo constatar que la mayoría de las carnicerías transitaban entre la soledad y la esperanza expectante que las personas se acerquen a sus mostradores para, aunque sea, consultar el ritmo de los precios. "Imaginábamos que esto podía llegar a pasar, porque la gente no iba a aguantar la suba constantes que tuvieron la mayoría de los cortes. Desde el lunes comenzó a notarse una baja en las ventas que continuó en los demás días", relató Daniel, quien trataba de responder a la requisitoria periodística y, al mismo tiempo, atendía cordialmente a dos personas que hacían cálculos para optar cuál sería el menú cárnico del día. Este panorama se hizo patente en los demás locales, algunos que ni siquiera exhibían demasiada mercadería en sus escaparates o mostradores, imagen que se repite incansablemente desde fines de enero.

Precios, firmes junto al pueblo

Sin embargo, a pesar de esta merma significativa en la compra y consumo de carne, sus valores no manifestaron un descenso de manera análoga o proporcional, ya que, según los propios carniceros, hubo, hasta el momento, una reducción de sólo el 5 por ciento, y en excepciones llegaba al diez por ciento en determinados cortes como ser la paleta (23 pesos), el vacío (29) o la nalga (27 pesos). Tal situación, obligará a los propietarios de los puestos a encarar una serie de medidas que apunten a motivar nuevamente una mayor tendencia de consumo para con este producto. "Si esto sigue así hasta el fin de semana, nos veremos obligados a tener que realizar una serie de ofertas que la gente nos consulta y hasta nos ruega que ofrezcamos para que nos puedan comprar la mercadería que se nos está juntando aquí atrás (haciendo alusión a las heladeras tipo industrial o frigoríficos donde mantienen conservada a la carne", recalcó Julio, a quien se lo notó impaciente y un tanto molesto por la particular instancia que se está suscitando.

Este contexto será factible sólo por un tiempo limitado y deberá tenerse en consideración la capacidad de los carniceros o dueños de los locales para afrontar la pérdida monetaria que significaría adentrarse a instaurar un conjunto de ofertas: "Se trata de mercadería que ya compramos así que veremos en qué porcentaje puede estar la rebaja ya sea para favorecer al cliente, pero también que nos deje cierta ganancia a nosotros".

Alternativas que no convencen

Más allá de lo concerniente a la carne, las otras alternativas a las que puede apelarse para suplantarla en la dieta diaria tampoco han registrado demasiados vaivenes en cuanto a la demanda y al nivel de sus precios. En este sentido, puede hacerse mención al pollo, que en jornadas anteriores se había transformado en la "vedette" de los consumidores, pero parece que la cotidianeidad gustativa del paladar dictó su veredicto, debido a que el requerimiento por esta ave se estancó en una meseta ya sea en todas sus formas de presentación (pollo entero, supremas preparadas, medallones, o venta por presas), el monto se mantiene en divagaciones entre los ocho y nueve pesos el kilo y los chorizos o hamburguesas de pollo en los 18 pesos.

Otra opción puede ser el chancho, pero la maldición afrodisíaca de argumentos oficialistas el único efecto que surgió fue hacer "parar"... pero su demanda, y nada más. Muy pocas personas eligieron este alimento como forma de saciar su rutina alimenticia, ni hablar de sus deseos sexuales, si hay que guiarse por encumbrados discursos. En tanto, el pescado se ubicó en la cima de lo casi inalcanzable, siendo las especies de mar las que mayor registro en ascenso denotaron en sus precios, así, la merluza (lo que más compra el ciudadano) se incrementó el 25 por ciento y cuesta entre 20 y 23 pesos el kilo; en tanto el atún, se ubica en los 23 pesos, mientras que el calamar ronda los 27 pesos. Se esperan mayores aumentos ante la proximidad de la conmemoración cristiana de Semana Santa.

Supermercados favorecidos

Ahora bien, esta reducción en el consumo, principalmente de carne dispensada en los puestos del Mercado, posee una faceta positiva y favorable para otros establecimientos de venta masiva, como son los centros de compra de importantes cadenas de supermercados. La causa de tal panorama: la posibilidad de efectuar compras de una cantidad considerable de productos y acceder a las diversas formas de crédito o financiación a la hora de pagar lo adquirido.

Los saldos virtuales de las tarjetas bancarias comenzaron a engrosar las cifras de los movimientos crediticios. Este diario pudo consultar a personas en las afueras de los supermercados y constató que la mayoría de ellos apeló al "plástico" para sus compras. "Es lo único que me queda, gasté lo que cobré del sueldo y el aguinaldo, y la plata de las vacaciones la uso para ir tirando (sic) así que sí o sí debo usar la tarjeta para las compras grandes. Espero llegar con margen a fin de mes", señaló Ricardo, quien salía con escasas cuatro bolsitas que pulverizaron más de cien pesos en su visita céntrica.

Otra de las personas consultadas, dejó ver sus percepciones en relación a lo que debe afrontar cada vez que concurre a realizar las compras de productos, fundamentalmente alimenticios: "Tengo que pagar parte en efectivo y la otra con tarjeta, últimamente es menor (el monto) que pago con plata y aprovecho las cuotas sin interés que te ofrecen, sólo así puedo costear la comida, ya que los precios ni amagan con bajar", señaló Adela, con expresión un tanto jocosa, velada por el nerviosismo de la tensión a la que se expone cada vez que debe realizar sus compras semanales.

De esta forma, un nuevo capítulo se inscribe en la épica contienda desatada entre los consumidores y el nivel de precios de los productos; el escenario, un proceso inflacionario en ascenso; y la impávida mirada de ineficaces medidas gubernamentales que sólo se basan en el velo de increíbles datos estadísticos oficiales, en los que ya nadie parece estar dispuesto a depositar su confianza.

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