La construcción de los Muñecos entra en la cuenta regresiva

La construcción de los Muñecos entra en la cuenta regresiva
Son 144 los inscriptos. En las últimas horas antes de la quema aprestan los detalles. En esta nota, una recorrida con las historias detrás de cada grupo y galerías de fotos. El momo que camina y el mapa con la ubicación de cada uno.

Los 144 muñecos inscriptos en la Municipalidad, más varios más que crecen en distintas esquinas de la ciudad por fuera del circuito oficial, transitan las últimas horas antes de la quema con la ansiedad de sus constructores que trabajan a destajo y pasando las noches en vela. El alambre, las maderas y el engrudo empiezan a mezclarse con las pinturas, y empezaron a aparecer los primeros artefactos pirotécnicos.

El ritmo en las esquinas es mucho más intenso. Los obreros con mayor experiencia suelen tener responsabilidades laborales y recién ahora se pueden hacer un tiempo para colaborar. Algunos padres de los más chiquitos se acercan para vigilar un poco y dar una mano en lo que haga falta.

En algunos barrios, los vecinos se suman a la movida y tiran para el mismo lado. En otros los pibes se sienten parias y tienen que lidiar contra algunas denuncias por ruidos molestos, o contra algún frentista que chusmea a Control Urbano que las medidas parecen excederse de lo que dispone la ordenanza.

Algunos de los constructores más viejos protestan contra los más jóvenes, quienes según ellos carecen de iniciativa y les cuesta tomar la posta. La transmisión del legado, creen ellos, será un problema en los años venideros, cuando el recambio generacional caiga por su propio peso. Así lo viven Matías y Máximo, de 23 y 25 años respectivamente, quienes batallan en 51 y 23 con la figura de un elefante.

“Siempre hacemos motivos alegóricos, nunca caricaturas, porque si no te sale perfecto puede quedar muy feo”, se quejan de la elección, que esta vez estuvo en manos de los más jóvenes. La idea de que sean ellos los que elijan no les salió como pensaban. Creían que así se iban a hacer cargo de la construcción. “Cuesta enseñarles y cuesta que tomen la iniciativa”, dice Matías y señala a dos chicos de 17 años que se limitan a parar los autos para pedir plata.

Algo parecido parece ocurrirle a los históricos de 17 y 53, una esquina que se caracteriza por la potencia de su quema. Esta vez construirán un motivo denominado “La desconfianza”. Suplen esa falencia con la cantidad de pibes que pululan por el lugar colaborando.

Todos juntos decidieron que figura hacer en una cena que realizaron a mediados de noviembre, y hace dos semanas pusieron manos a la obra. La estructura es ambiciosa y hasta requerirán de una grúa para ensamblarla. En las últimas horas hay entre 15 y 20 chicos que van y vienen ayudando en lo que pueden a los más experimentados.

En esquina del Club Universal el barrio entero parece haber salido a la calle para apoyar a los pibes de la cueva a terminar el Scooby Doo que están construyendo. En el barrio, como cada año, hay una revolución. Los pibes paran los autos que vienen por 58 y posan para la foto sobre la avenida 25. Es allí donde varios padres de los pibes más chiquitos acompañan. Muchos no son de la zona pero si jugadores de básquet del club, lo cual se convierte en una ventaja.

En 19 y 47 crecen los Loony Toons, de la mano de un grupo de pibes que comenzaron a construir hace sólo tres años, y de a poco se están imponiendo. Allí todos opinaron sobre la figura, pero fue Lucas, “el constructor” del grupo quien terminó de bajar la línea. Hablan de la relación con la gente que es abordada en busca de financiamiento. Y marcan la diferencia: “Están los que vienen por la avenida, que en general no son del barrio, vienen apurados y se enojan. Y lo que se acercan por 47, que paran y colaboran”.

Los históricos vuelven a ser referencia en 25 y 63, una esquina que ya tiene un cuarto de siglo de historias con muñecos. Con Mauro, Mariano y Federico a la cabeza, son decenas de pibes los que colaboran con “Manny a la obra”. Esta vez, el motivo elegido tiene un mensaje que apunta al muñeco que fue premiado el año pasado, el cual, supuestamente, tenía partes que habían sido compradas.

“Con este muñeco queremos transmitir que lo importante de esto es el proceso de construcción, trabajar colectivamente para hacerlo, más allá de cualquier premio”, explicaron los pibes, lanzando el dardo para los vecinos de 25 y 40, que supuestamente trajeron muñecos desde el carnaval de Lincoln.

Comentá la nota