Tenían un hijo en común y se habían separado porque el hombre aparentemente la golpeaba. Ayer, la siguió por la ruta 34, la interceptó cerca del paraje La Florida y la mató en presencia de una amiga de la víctima.
La historia concluyó en la ruta 13, entre Beltrán y un paraje conocido como La Florida, pero comenzó cinco meses antes, cuando Joanna Córdoba, de 18 años, abandonó a Gabriel Iñíguez, de 26.
Los jóvenes habían tenido una nena, dos años antes, pero los constantes ataques de celos del joven y su carácter violento hicieron que la adolescente decidiera dejar el hogar donde ambos convivían.
Se habían conocido a través de amigos. Ella, hija de una familia humilde y trabajadora, él hijo de un policía dado de baja, congeniaron de inmediato. Al poco tiempo de comenzar a salir, Joanna quedó embarazada y se fue a vivir a casa de su novio.
Pero, al poco tiempo comenzaron los celos y las agresiones físicas, hasta que la adolescente dejó a su novio y se llevó a la nena de ambos.
Iñíguez, estaba obsesionado con la idea de que su pareja mantenía una relación romántica paralela, pese a que en la ciudad todos le habían asegurado que la joven no salía con nadie más que con él.
El homicidio
Ayer, Joanna fue hasta Beltrán a visitar a una amiga, compró mercadería para cocinar, para ella y su familia .y emprendió la vuelta. Iba en una vieja moto Honda Wave, y en otro rodado similar, la acompañaba su amiga, Natalia Farías.
Cruzó la avenida principal de Beltrán, sorteó el paso a nivel y encaró para su casa, del paraje La Florida.
Pero, apenas puso la primera rueda en la ruta, su novio apareció en otra moto y empezó a gritarle para que se detuviera. Joanna se asustó y aceleró la moto por la ruta 13 y se negó a pararse. Iñíguez la persiguió por casi cinco kilómetros intentando hacer que la joven detenga su marcha. Hasta que, cegado por la bronca y los celos, chocó su moto contra la de su ex pareja y la tiró sobre la banquina.
Natalia, la joven que acompañaba a Joanna, siguió unos metros más hasta que advirtió la situación.
El ex concubino de la víctima empezó a insultarla e inclusive la golpeó. Cuando la joven se defendió Iñíguez tomó un elemento punzante que llevaba entre sus ropas y le asestó tres puñaladas en el pecho y otra en el cuello, cuando estaba de rodillas.
Natalia quedó paralizada ante la escena y los gritos del asesino; otras dos personas que vivían a 100 metros de donde ocurrió el hecho, escucharon la discusión y cuando intentaron ayudar a la joven ya era tarde, había caído, herida de muerte, al costado de la autovía provincial.
El asesino
Gabriel Iñíguez, huyó raudamente del lugar, pese a los gritos de los testigos y de Natalia.
Minutos después del hecho llegó a la comisaría, con las manos ensangrentadas y confesó haber matado a su pareja. Aseguró que tiró el arma al costado de la ruta, pero la policía no logró encontrarla.
Los policías de la Seccional 46, a cargo del oficial Carlos Melín, se encargaron de todas las actuaciones y de contener eficientemente a los vecinos que se acercaron de a cientos para curiosear en la escena del crimen.
Además tuvieron que ordenar el tránsito, por la angosta ruta provincial llena de dolientes y pobladores de la zona que se amontonaron sobre la banquina
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