Sus antecedentes lo condenan, pero sin embargo insiste en montarse sobre estructuras ajenas para permanecer. Ahora apunta a una senaduría, pero su estrategia quedó sepultada por el distanciamiento de los potenciales socios, como el radicalismo. Ya le vaticinan el ostracismo por su falta de inserción en la ciudadanía.
“Ya no lo invitan ni para pagar la paella”, confesó uno de sus allegados que decidió tomar distancia, saturado por las permanentes mentiras del apostoleño que no dudó en autoproclamarse como ideólogo del Peronismo Federal, aunque escapó abrumado por las exigencias de transparencia y honestidad.
Había elegido ese espacio de la interna del justicialismo con el único propósito de sostenerse frente al avance de las ideas progresistas, pero añoraba los negociados que había logrado a espaldas de los misioneros, especialmente durante sus dos mandatos al frente del gobierno provincial.
Los vaivenes del movimiento que creara Juan Domingo Perón lo encontraron activo recién a principios de la década del 80, con la reinstauración de la democracia en el país. Pero, dicen que ya antes había participado en estas filas, pero en el brazo derecho del peronismo de entonces.
Con dudosos pergaminos que usó para acreditar su pedigrí, a partir de 1985 Puerta se involucró de lleno en la política de Misiones con objetivos claros: utilizar al partido como trampolín para satisfacer sus intereses personales.
En función de gobernante, pronto se deslumbró con el avance de la ideología neoliberal, herramienta fundamental para llevar a cabo sus propósitos y ratificar lealtades al momento de exigir cuotas mayores de poder, a costa del esfuerzo y el sacrificio de sus gobernados.
No dudó en despojar a su provincia de bienes emblemáticos, como Papel Misionero, el Banco de la Provincia, el Instituto del Seguro, con tal de exhibirse ante los gurúes de las privatizaciones y la desindustrialización del país, hasta que una cadena de acontecimientos que lo tuvieron en el centro de la escena le indicaron que su tiempo estaba expirando.
Destruir a cualquier precio
De antemano sabía que lo esperaba el ostracismo, pero ahora Puerta decidió volver a la arena en busca de la permanencia que, desde hace varios años, le resulta esquiva a la luz de sus antecedentes como legislador, como gobernante y miembro de la política.
Buscó alianzas con el peronismo y con el radicalismo local, mientras presionaba con las siglas del PRO, el partido de su amigo íntimo Mauricio Macri, jefe del gobierno porteño, para el caso de que sus intentos fracasaran, como finalmente sucedió.
Fue el abanderado de un frente amplio, ultra-opositor en Misiones, que abortó ni bien mostró sus intenciones de catapultarse hacia un cargo nacional, “ninguneando” el desafío del 26 de junio en la provincia. Una estrategia personalista que fracasó.
Se dice que hoy por hoy ni siquiera en su terruño, en Apóstoles, puede conformar un sublema que se identifique con Unión-PRO, mientras se acentúa el desbande de su deshilachada tropa en todo el territorio provincial, principalmente hacia el Frente de la Esperanza.
Es que como le sucedió a los ex gobernadores Miguel Ángel Alterach y Julio César Humada, por ejemplo, el fin de época está llamando también a Ramón Puerta, pero a diferencia de aquéllos este último aparece con el destino marcado por un tsunami que no se imaginó.
Siempre se está yendo
Como el antiguo dicho que, desde antaño, indica con claridad la existencia de una falta de compromiso de parte de determinadas personas que siempre “se están yendo”, Puerta tuvo su deserción de bautismo en Chapdmalal, cuando dejó solo a Adolfo Rodríguez Saá y huyó ante la avanzada del duhaldismo sobre las instituciones.
Después no dudó en decir que le habían advertido: “Correte porque vamos por todo”, aunque esto nunca fue posible confirmar y sí, en cambio, que en medio de las turbulencias de la crisis de fines de 2001 y principios de 2002, otra vez volvió a escapar para eludir un nuevo compromiso democrático.
Lo que sobrevino y protagonizó después es historia reciente y permanece en los rincones siempre activos de la memoria de la gente. En cambio, todavía es motivo de análisis sus últimas agachadas en el terreno político y partidario.
Final de época
La huida de Ramón Puerta en la provincia tiene el molde de Duhalde. El fracaso de los intentos aquí, del yerbatero de armar una alianza única anti-renovadora y del “Jefe” allá de actuar el protagónico escrito del Grupo Clarín también para encabezar una alianza anti-kirchnerista, pueden tener causas asociadas a cuestiones personales. Son los argumentos que explicitaron. Que Rodríguez Saá no respetó las reglas, que Pastori no se bajaba, que Lucho Viana es y no es, que Adolfo Velázquez pretende más de lo que tiene. Pero un espacio político no se arma en función a los deseos imaginarios de la dirigencia. Desde esta perspectiva, el ensayo del verano estaba destinado a volar con los vientos del otoño. No hubo sorpresas. Pero quedarse con diagnóstico psíquicos de los políticos que se sentaron en la mesa de las negociaciones es quedarse en la superficie y dejar oculto lo realmente sucedido. El contexto político nacional y provincial está determinado por lo que se da en llamar la contradicción fundamental: modelo – antimodelo. De un lado el proyecto nacional y popular que no termina de consolidarse y del otro los intereses sectoriales del pasado que no terminan de morir. Los actores de los dos bandos enfrentados están bien definidos. El kirchnerismo y sus aliados defendiendo y llevando adelante políticas de regulación del mercado y fortaleciendo la capacidad de regulación del Estado en función de garantizar mejores niveles de distribución del ingreso, en la gestación de la riqueza elevando la participación del Trabajo y en una segunda etapa con el modelo fiscal. Esto es concreto en Misiones donde se logra ya alcanzar los mil millones de pesos de ingresos propios cobrando impuestos al sector más dinámico de la economía y a los servicios como el financiero y los casinos. Del otro lado, la defensa de los intereses de las empresas más concentradas que se han conformado durante décadas succionando los recursos del Estado, ya sea directamente o a través de los mecanismos del endeudamiento privado que después era estatizado. Los 30 años de continuidad democrática o si se quiere de funcionamiento de las instituciones republicanas, han desorientado a los sectores hegemónicos y de poder fáctico, que vienen demostrando, como lo hacen Clarín y Techint, su incapacidad de adaptarse a las reglas democráticas. Volviendo a lo que está en disputa en el país como en la provincia.




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