Un consorcio local liderado por YPF, de Repsol y la familia Eskenazi, y con la compañía de Pan American Energy y la brasileña Petrobras, comenzará en la primera quincena de diciembre los trabajos de perforación en búsqueda de petróleo en la Cuenca de Malvinas, explicaron quienes participan en la iniciativa. Si bien el pozo a realizar está en aguas argentinas, se ubicará en un punto equidistante entre las islas y la provincia de Tierra del Fuego. Se trata de la iniciativa petrolera más austral del país y el mayor emprendimiento mar afuera que se haya realizado en la Argentina .
Según publica El Cronista, en el entorno del Ministerio de Defensa, a cargo de Nilda Garré, sostienen que " el Atlántico occidental es el vientre blando de la Argentina ".
Es por eso que más allá de la importancia estratégica de la iniciativa -un resultado positivo le daría nuevos ánimos a la industria petrolera local- y la inversión - las tres empresas realizarán un desembolso cercano a los u$s140 millones -, en despachos oficiales consideran que es una forma de marcar los límites a la avanzada inglesa.
Hay un dato que pone de manifiesto la sensibilidad diplomática del proyecto. Quienes participan en la iniciativa explicaron que durante una etapa anterior -la recolección de datos tridimensionales- un frente de tormenta obligó al equipo de trabajo a avanzar rápidamente hacia aguas bajo jurisdicción británica. "De inmediato hubo una comunicación de Londres a Cancillería que denunciaba una supuesta invasión", explicaron.
El proyecto tuvo varias demoras y estuvo a punto de ser cancelado el año pasado. Sin embargo, YPF, la operadora, cerró en las últimas semanas la contratación de un barco perforador, que le alquilará a la compañía Stena.
Se trata de una pieza de ingeniería difícil de encontrar y a la vez onerosa. Tiene capacidad para soportar olas de hasta 10 metros (la operación, sin embargo, debe frenarse con una rompiente de 7 metros) y, en medio del mar hostil de Malvinas, deberá ubicarse en un mismo lugar durante toda la perforación a través de un sistema de GPS que acciona de manera independiente a cuatro turbinas. Tendrá que superar 1.500 metros de agua y perforar otros 3.000 metros debajo del lecho marino.


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