Se ha producido un hecho de notable repercusión, como es la proclamación de la candidatura de José Brillo. El resto de las fuerzas políticas no desconocerá este nuevo escenario. Sin hacer futurología, aquí algunas cuestiones a tener en cuenta.
Se ha dado un paso adelante importante en una estrategia que funciona como espejo de lo que había planteado la oposición al MPN. Se hizo, concretamente, lo que había planteado el mismo José Brillo al principio de la historia: integrar una “coalición” entre los distintos sectores internos, elegir por acuerdo al mejor posicionado, y elaborar después una amalgama de representación proporcional en la lista de concejales y en una eventual estructura política municipal en el caso de acceder a la victoria.
Esto supone un cambio de escenario drástico, porque del otro lado del espejo ahora ya no existe aquella coalición que logró el triunfo en 2007, y es muy improbable que vuelva a existir, más allá del impacto que provocará la unidad emepenista. La coalición municipal armada en base a un triángulo esencial, integrado por la UCR, el PJ y UNE, no parece poder volver a cuajar, por razones políticas, de tiempo, y de estrategias de cada una de las fuerzas.
Al MPN le queda, en lo inmediato, armar la lista de candidatos a concejales. Se integrará con representantes de los distintos sectores, y el primer puesto (el que podría ser, según el resultado, titular del nuevo Concejo Deliberante) se reserva para alguno de los sectores que resignaron sus candidatura.
La noticia del consenso en el MPN impacta, claro está, en el resto de los partidos políticos. Muchos de los cuales no creían posible que se diera este escenario.
Habrá que ver cómo evolucionan ahora el resto de las fuerzas. Y sobre todo tener en cuenta el desempeño de campaña, cuando la inaugure formalmente, después del 14 de este mes, de Horacio Quiroga con su flamante Nuevo Compromiso Neuquino.
Quiroga constituye en sí mismo la singularidad más llamativa del proceso electoral capitalino. Exiliado de su estructura original, la UCR, figura en un nivel muy alto de todas las encuestas que se hacen. La especulación dominante entre los analistas es extrapolar la fuerza del MPN y el carisma del ex intendente, para concluir una probable polarización en octubre.
Si se miran las encuestas actuales, y se espera las que se harán con Brillo ya en posición de candidato consagrado (lo que le hará subir, seguramente, unos puntos), la tentación es pronosticar esa polarización.
Pero la política es dinámica, y los escenarios cambian no solo por voluntad de los protagonistas, sino también como consecuencia de otros factores.
En concreto, todavía es temprano como para hablar de polarización. Todavía no es seguro ningún pronóstico que pretenda ser serio.
Falta, todavía, observar lo que pase con la UCR. No conviene desmerecer esta interna, aunque haya muchos radicales de capa caída. La disputa es entre Martín Farizano y Néstor Burgos, e incluye una pregunta para el día después del resultado (el 28 se vota): ¿Con quién buscará una alianza el radicalismo?
Si gana Farizano, intentaría reflotar su acuerdo con UNE y el PJ, más el resto de organizaciones minoritarias que han participado de su gobierno. Si gana Burgos, no habría que descartar que se consume una alquimia de la que podría formar parte el mismísimo Quiroga.
Por lo pronto, la polémica en el radicalismo es muy dura. Hubo enojos por la integración de la lista de concejales, por ejemplo. Cada vez que un radical se enoja, sale corriendo a firmar el libro de pases con Quiroga.
La tendencia electromagnética de la política neuquina es a conformar escenarios de polarización. La unidad del MPN, y la casi segura asistencia de otras organizaciones peronistas o neoperonistas, como listas colectoras, indicaría que del otro lado debería haber, si se quiere tener chances concretas de mantener la capital, una renovada actitud de ensamble entre candidatos y fuerzas.
La proclamación de José Brillo es, en este sentido un nuevo catalizador de acuerdos y conflictos entre fuerzas. Puede provocar como efecto una profundización de la fragmentación, o una renovada necesidad para el consenso opositor.
En cualquiera de los escenarios que se vaya formando, el MPN tallará con una fuerza que desde 1999 le venía siendo esquiva: la de una explícita unidad tras su candidato. La foto de Jorge Sobisch y Jorge Sapag, juntos, será dominante en muchos sentidos durante este proceso inaugurado el sábado.



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