Por Carlos PagniSe sabe, desde los griegos, que el discurso político pretende menos alcanzar la verdad que convencer al auditorio. La trampa se oculta con retórica. Pero a Cristina Kirchner le está costando hacer el truco.
Ante el Congreso tuvo contradicciones elementales. Dijo que nunca vio que un gobernante tire a otro los subtes por la cabeza, que es lo que ella hizo en diciembre con Macri. Pidió que las mineras inviertan sus ganancias en el país, y al minuto recordó que, para pagar sueldos, su esposo debió traer del exterior los fondos de Santa Cruz. Defendió su política ferroviaria, pero confesó que las empresas no tienen contrato porque el Gobierno, en nueve años, no logró renegociarlos. Y, con llamativa falta de tacto, denostó las aspiraciones salariales y las vacaciones de los maestros, justo delante de los legisladores, que vienen de duplicarse los sueldos y tampoco trabajan todo el año.
Winston Churchill decía que para hablar una hora basta con prepararse cinco minutos. Pero para hablar cinco minutos hace falta prepararse durante una hora. Tal vez eso explique todo..


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