Por más que la administración kirchnerista busque los motivos de las movilizaciones de anoche en dudosas teorías conspirativas, la realidad es que las protestas no estuvieron motivadas por ningún aparato político anti K.
Lo que llama la atención es que, al buscar justificar el revés político, el Gobierno nacional acusa a dos empresas periodísticas, como Clarín y La Nación, intentando así tapar los problemas reales y concretos en materia económica y social que llevaron a que miles de personas decidieran salir a protestar, sin importar el frío polar.
Si fuese cierto lo que dice el Gobierno, deberíamos concluir que el poder real de la Argentina lo ejercen estos dos periódicos, por lo que tendríamos que disolver la república y el sistema democrático de gobierno para ir a pedirle a estos diarios que gobiernen el país. Es decir, sería un absurdo total, tan absurdo como el comportamiento y el accionar que muestra el Gobierno cuando intenta controlar y manipular la Justicia (la candidatura de Reposo fue una consecuencia directa del Boudougate), sino también con los controles cuasi policíacos que puso en práctica para perseguir a los ciudadanos que buscan comprar dólares para conservar el valor de sus ahorros.
A todas luces, lo de anoche fue una reacción espontánea de importantes sectores de la sociedad que, evidentemente, no están para nada conformes con el rumbo que ha tomado el Gobierno en los últimos meses. El haber ganado con el 54% de lo votos no justifica cualquier acción de gobierno, y menos cuando está en juego la independencia del vapuleado Poder Judicial.
Esta situación se produce pocos días después de que los argentinos hayamos conmemorado el 202° aniversario de la Revolución de Mayo. En aquel entonces, en el siglo XIX, el pueblo se congregó frente al Cabildo, bajo una consigna que decía: “Queremos saber de qué se trata”.
Dos siglos más tarde, esa misma consigna volvió a hacerse presente ayer, ya que los manifestantes, en su mayoría, reclamaban que el Gobierno hable con la verdad, que haya un sinceramiento de la situación económica y que, acto seguido, se elabore un plan que permita sortear una crisis que está provocando una profunda recesión.
Toda crisis, al mismo tiempo, constituye una oportunidad de empezar a cambiar. Las protestas de ayer fueron un llamado de atención que trasciende ampliamente la cuestión Reposo.
Si el Gobierno actúa en consecuencia, podrá recuperarse de la pérdida de credibilidad e imagen positiva, que se ha registrado en los últimos meses. De lo contrario, no hará más que profundizar su declive.
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