Carlos Ledesma Miranda, quien ya brindó testimonio en el juicio, fue castigado por haberse negado a continuar participando en operativos de secuestro.
Miranda dijo que durante los 45 días que duró su instrucción militar en Santo Domingo, no vio movimientos de presos, tampoco recordó que hubiera una laguna, y que según algunos relatos que están en expedientes, fue el destino final de los desaparecidos. Sin embargo, contó que los conscriptos eran sometidos a duros tratos y que los castigos eran moneda corriente por parte de los superiores. Tal como lo mencionó en su exposición ante el tribunal durante el juicio, Miranda dijo que como se negó a participar de operativos de secuestros, fue castigado por los superiores, y que estuvo dos años retenido en el Batallón de Ingenieros de Combate 141.
“Aparentemente en la época que el testigo relata, año 75, este lugar era utilizado para un entrenamiento duro al cual eran sometidos los soldados. El testigo ya ha relatado ante el tribunal los problemas que tuvo, entre otras cosas afirmó que fue porque se negó a participar de los operativos (de secuestro)”, manifestó Graciela Fernández Vecino, presidenta del TOF a los medios que siguieron el procedimiento.
“Hemos reconocido el lugar y encontrado un sótano del cual había alguna certeza sobre su existencia, de seis metros por tres con paredes de ladrillo, donde no se encontró ningún elemento”, contó la camarista federal, quien mencionó que Miranda no vio que en Santo Domingo hubiera existido un centro clandestino, pero recordó que “otros testimonios indican que sí funcionó aquí un centro de este tipo, presumiblemente, pero en fechas posteriores”.
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