Por: Oscar Lardizábal.Tras asumir como concejal en diciembre pasado, acompañando a Carlos Arroyo, Hernán Eduardo Alcolea (52) acentuó una actitud constructiva que comenzó a caracterizarlo dos décadas atrás, al iniciarse en la militancia en la entonces muy influyente Ucedé, y luego al acercarse al peronismo a través de sus vinculaciones con Gustavo Béliz, a nivel nacional, y con Julio Sanguinetti, en la ciudad.
Dichas gestiones se iniciaron con reuniones de vecinos en la sede de la sociedad de fomento del barrio San Carlos y Alcolea, titular de un comercio de motos que inició su padre y ya con la experiencia de haber vivido un tiempo en los Estados Unidos, se encontraba entre ellos.
En su casa sufrió dos asaltos a mano armada. En 2005, y cuando llevaba dos años como presidente de la comisión mixta para el traslado de la villa, cargo que hoy mantiene, los delincuentes le pegaron, lo maniataron y amenazaron a sus hijos.
Sin embargo, Alcolea no relaciona tales episodios ni con la existencia de la villa ni con su gestión en la citada comisión. Considera que su familia fue una víctima más de la inseguridad en Mar del Plata, que no hace excepción de zonas, y en consecuencia descalifica a los que, con facilismo y desde sus prejuicios, relacionan los asentamientos con actividades marginales.
Si cree que un asentamiento, con sus graves problemas de inseguridad, de insalubridad y de riesgo social, crea las condiciones para que en medio de la gente humilde y honesta que allí vive ("que es la mayoría") busquen refugio algunos individuos de mal vivir.
Como se decía, el proceso de expropiación fue largo, no exento de marchas y paralizaciones.
Allá por 1996, asumiendo la representación de los vecinos del barrio San Carlos, Alcolea ocupó la Banca 25. En ese tiempo, fue el concejal del radicalismo y escribano Oscar Pagni uno de los que más se comprometió en el tema, al punto de proponer la reubicación de las familias en viviendas dignas que pasarían a ser de su propiedad, y la expropiación de los terrenos para liberarlos a construcciones que habrían de completar el barrio.
Alcolea también rescata las intervenciones que tuvieron la vicegobernadora de la provincia Graciela Giannettassio y el gobernador Felipe Solá, quien en 2003 fue el portador del cheque que permitió el inicio de los trabajos del Plan Dignidad, el programa de construcción de viviendas en distintos sectores de la ciudad (Las Heras, El Martillo, Don Emilio, entre otros) que se destinó a centenares de familias que habitaban la villa. Esta aún hoy existe, pero reducida a menos de un 20 por ciento de lo que llegó a ser su mayor extensión.
Alcolea, quien sigue teniendo contacto con algunas de la familias trasladadas, advierte que la citada comisión mixta para el monitoreo de la relocalización aún tiene vigencia, pero sólo formal ya que en los hechos está desactivada porque el gobierno de Pulti no designa a los cuatro representantes del gobierno municipal que deben integrarse con igual número de delegados del vecindario.
El ahora concejal quiere volcar toda su experiencia con la Villa de Paso en una iniciativa similar que presentó para la llamada Villa de Vértiz.
Entre las diversas propuestas de su autoría, presentadas en los últimos meses, merece destacarse la que tiende a facilitar la construcción de cocheras, de manera que cada departamento de un nuevo edificio cuente con una.





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