Junto con el inicio de la nueva gestión de gobierno, se terminan los 20 años de gestión sucesiva del FCS y de Eduardo Brizuela del Moral, con nueve meses eternos de preparación para la salida desde que perdió las elecciones del 13 de marzo.
Es el final de 20 años de gestión cabalgando sobre mentiras, discursos demagógicos y con golpes de efectos con base en reclamos sociales muchas veces legítimos, pero que cabe decirlo, para solucionar esos planteos nunca hubo ningún plan que apuntara a mejorar nada, ni la salud, ni la educación, ni la seguridad, nada, nada de nada.
Pero una vez caído el régimen, sin prensa pagada que oculte nada o mejor dicho, con prensa y periodistas dispuestos a denunciar todo del viejo régimen con tal de congraciarse con la nueva gestión de gobierno, es posible que aparezca en toda su dimensión la real magnitud del daño que dejará la gestión.
Así como mintió que le importaban los miles de trabajadores contratados de la planta estatal, mentira que sirvió de argumento a Eduardo Brizuela del Moral para dejarlos en la planta y perjudicar a la nueva gestión de gobierno, se mintió descaradamente muchas cuestiones que tarde o temprano explotaran.
Por lo pronto desde esta misma semana comenzará a conocerse las fechorías de los funcionarios elegidos por Eduardo Brizuela del Moral; se sabrá por ejemplo que en muchas oficinas se desaparecieron computadoras con información importante o la misma documentación. Por caso, en la Dirección de Cooperativas, a cargo hasta el miércoles pasado del socialista Alejandro Galindez fue incesante el retiro de documentación en un vehículo Renault 9 color verde oscuro. Así se conocerán miles de historias que darán cuenta de la verdadera moral de la gestión saliente.
Pero más allá de estos hechos vergonzosos, esta instancia actual debe servir para que el conjunto de la sociedad avance hacia un cuestionamiento sobre la política que se practicó hasta aquí, las consecuencias de su envilecimiento, de intentar un aprendizaje del papel hegemónico de los lenguajes mediáticos utilizados estos últimos 20 años; que a unos presentaban como impolutos y a otros como verdaderos delincuentes; en fin, todo lo que haya contribuido a esta bancarrota en la que nos encontramos.
Dicho de otro modo, seria interesante que a partir de la experiencia que fue FCS, todos aprendiéramos a desconfiar de las campañas moralizadoras encabezas por medios y personajes, muchas veces los mismos que contribuyeron con los suyo para encontrarnos hoy como lo estamos.
Hoy, no por Lucia Corpacci desde luego, sino por la encrucijada en la que nos encontramos los catamarqueños, pensar en el futuro como escenario de una sociedad que recupere sus esperanzas implica refundar la política como el único ámbito para una genuina construcción democrática, un espacio capaz de procesar conflictos y de inventar una gramática de la igualdad. Es parte, creemos, de esa osadía con las estructuras sociales injustas que prometió Corpacci en su primer discurso a la Asamblea Legislativa reunida el viernes para darle la bienvenida.


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