Por Fernando GonzalezEn medio del fragor de la disputa política y económica que siempre oscurece a la Argentina, la muerte de un bebé nacido prematuramente tras una salidera bancaria en La Plata conmovió ayer a una sociedad que se ha a acostumbrado a tolerar la inseguridad.
Las tragedias pueden ser masivas o estar centradas en una familia joven, que quedó destrozada después que un delincuente también joven baleara a la madre y al bebé para robarles 20 mil dólares. El cóctel inaudito de pobreza e inseguridad refleja como pocos la ausencia del Estado. Y pone en evidencia el tiempo que se desperdicia en debates ideológicos cuando lo que se necesita son soluciones concretas.
La seguridad es una responsabilidad de los gobiernos pasados; de los actuales y de los que vendrán en el futuro. Es una materia con aplazo para la dirigencia y, como se volvió a comprobar ayer, es una de las deudas más lacerantes de la democracia restaurada que ya lleva 27 años.
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