El congreso es el mejor candidato

Sin eludir autocríticas, el diputado del Peronismo Disidente sostiene que, aunque pocos lo crean, en el cuerpo Legislativo estará la solución a la compleja realidad política argentina "y no en alternativas electolares pensadas únicamente para sumar votos al costo que sea".
"Antes que nada una autocrítica: a junio de 2011, no haber alcanzado desde el Peronismo Federal una alternativa electoral propia, forjada en virtud de la cohesión interna y, por supuesto, con un programa de gobierno superador al del oficialismo, es, pese a todos los esfuerzos, una meta que no pudimos alcanzar.

Debo admitir que se trata una falencia que, entre otras consecuencias, ha determinado que la persona que nos hubiera gustado encabezara la fórmula presidencial -Felipe Solá- hoy ya no es candidato.

Pero no debiera confundirse el reconocimiento de una situación política compleja (por la que todos los que estamos en esta actividad podemos atravesar) con la muerte de un proyecto. Y mucho menos con la posibilidad de seguir haciendo política.

Más aún: aunque pocos lo crean, tal vez este sinsentido de no arriesgar una candidatura presidencial puede conformar el punto de partida de un capítulo mucho más venturoso para el país.

Desde hace años he aprendido –y lo he repetido infinidad de veces a jóvenes que recién se inician- que la política no se agota en una elección ni en un período de gobierno.

Y hoy, a la vista de la estrategia que se han trazado otras fuerzas con el objetivo de garantizarse un buen resultado electoral, lo reafirmo más que nunca. Porque algunos remedios son peores que la enfermedad.

Es peor el remedio que la enfermedad si todo el mundo dice estar dispuesto a hacer alianzas como sumatoria de votos pero no hablar una palabra de un proyecto de gobierno que incluya propuestas concretas para los principales reclamos de la sociedad.

Es peor el remedio que la enfermedad si “nuestro” candidato es “nuestro” sólo porque así lo dice el manual que ordena someterse al dictado de la última encuesta.

Sé que algunos van a presagiar la desaparición del que desista de ser postulante a las elecciones presidenciales del 23 de octubre; pienso lo contrario: para mí el espanto sería volver a caer en la experiencia de la Alianza como en 1999-2001, o correr tras el político más o menos afín que, mediciones mediante, nos garantice la supervivencia.

No me asusta el destino de mi espacio si dejar de lado una postulación significa no bajar los brazos, tratar de incorporar a más sectores y seguir buscando alternativas y proyectos superadores que puedan resolver lo que no ha hecho el kirchnerismo.

Sí me aterra que el fracaso de las alquimias imposibles –la re-reelección de un Kirchner es otra de ellas- termine, una vez más, no con sus protagonistas sino con las ilusiones de una sociedad que el 11 de diciembre exigirá transformaciones a quien se alce con el triunfo, sea del oficialismo o de la oposición.

En esas situaciones, nunca eludiremos el desafío: si hacer política es ser candidato, nuestra candidatura es mantener y sumar protagonistas a la lucha para que el Congreso de la Nación -que es la garantía institucional para que nos escuchen a todos y podamos avanzar realmente sobre las transformaciones que Argentina necesita- siga teniendo vida; aún cuando ése haya sido el objetivo que nos propusimos en 2009 y buena parte de esa misión se diluyó mientras lo intentábamos.

No importa. Más que nunca, desde ahí seguiremos dando batalla para que el triunfo no sea de los que corren con ventajas y se burlan de las instituciones sino de los que creen que hacer política es, siempre, algo mucho más patriótico que ganar un comicio al costo que sea".

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